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Un proyecto alucinante

El Mundo El Mundo 14/06/2014 LORENZO B. DE QUIRÓS

El consumo de bebidas alcohólicas entre los menores de edad es una preocupación creciente en las sociedades desarrolladas, entre ellas la española. Los datos disponibles muestran que ese colectivo empieza a beber a los 14 años. Ante esta situación, los gobiernos se sienten en la obligación de hacer algo. En este contexto se enmarca el Anteproyecto de Ley de Prevención del Consumo de Bebidas alcohólicas por menores y sus efectos. La extensión del título de la normativa es consistente con un farragoso texto de 104 páginas cuya calificación es fácil: Un delirio intervencionista de corte orweliano expresado en la manera castiza de la antología del disparate. Su elaboración por un gobierno de centro-derecha, que realizó una coherente e implacable oposición a un proyecto similar impulsado por el Gobierno socialista resulta incomprensible. Al mismo tiempo es sorprendente la escasa atención que se le ha dedicado.

El ímpetu intervencionista del Ministerio de Sanidad llega a extremos ridículos. Así regula las condiciones del consumo de alcohol en las misas a las que acuden menores, es decir, todas si les llevan sus padres. Los sacerdotes sólo podrán consagrar vino con una graduación inferior a los 10 grados cuando la media de ese producto se sitúa entre los 11 y los 14 grados. Los curas podrían ser los inductores del alcoholismo juvenil, probablemente al servicio de las empresas del sector. La casuística de este tipo de disparates es interminable en el Anteproyecto y sólo es explicable por una combinación de talibanismo con trastorno mental pasajero. Ni Elena Salgado, símbolo de la sanicracia patria en sus años ministeriales, cuando quería poner a dieta a los españoles, se atrevió a llegar tan lejos. Pero hay más... Diviértanse y no se horroricen durante este alucinante viaje.

Las restricciones no se extienden sólo a quienes están en su minoría de edad. En sólo un artículo, el 22, hay 50 medidas cuyo destinatario son los adultos. Aquí, la cosa es ya surrealista. Los mayores de edad no pueden tomarse una copa de vino, de sidra, de cerveza o de champán durante un concierto o en el entreacto de un espectáculo al que asistan o tengan la posibilidad de asistir chicos o chicas con menos de 18 años. Tampoco podrán ir a una biblioteca pública si antes han ido a la compra y llevan en el interior de una bolsa cualquier tipo de bebida alcohólica ni, en esas condiciones, tendrán derecho a atravesar un parque ni mucho menos a sentarse en un banco. Estas no son excepciones o extravagancias de un legislador a quien en un momento de entusiasmo se le va la pluma y la cabeza, sino una mínima muestra de las múltiples perlas de ese tipo contenidas en el Anteproyecto redactado por Sanidad.

No contentos con combatir el «mal hábito» de beber de los españoles y el riesgo de su contaminación a los menores, los burócratas de Sanidad plantean medidas que chocan frontalmente con el principio de libre comercio y de libre competencia. Por ejemplo limitan la autorización de venta de bebidas alcohólicas en función de la densidad media de establecimientos ya autorizados en lugares frecuentados por menores. Sanidad invade un terreno que no es suyo, el de la política económica. Cierra el mercado a potenciales competidores y concede una renta de situación a los incumbentes. El Ministerio de Economía y la CNMC tendrán algo que decir...

Por añadidura, los talibanes de Sanidad prohíben a las tiendas y supermercados exhibir bebidas alcohólicas en los escaparates, colocarlos en zonas preferentes y al lado de artículos deportivos, ropa, móviles... De nuevo, una injustificable intromisión en la libertad de empresa y de comercio. ¿Qué sucederá con ese montón de tiendas especializadas en vender vino, cerveza, sidra y otros alcoholes si no tienen la opción de exhibirlos al público? ¿Quién diablos es un funcionario que cobra de los impuestos de la gente a la que fustiga para decirle cómo debe vender sus productos? ¿Por qué no ilegalizan directamente el alcohol en vez de realizar ese juego hipócrita al escondite regulatorio?

Como no podía ser de otra manera, el Anteproyecto incluye una batería de acciones para desterrar la publicidad de bebidas alcohólicas de la faz de la tierra hispana. Así se paliará la ingesta de alcohol por los menores. La mayoría de los estudios disponibles muestra la inexistencia de esa correlación y la evidencia empírica arroja un desagradable resultado para los paladines de la Prohibión. Esta aumenta el atractivo de esos productos para los menores, entre otras cosas, porque su predisposición al riesgo, ceteris paribus, es superior a la de otras cohortes de edad. Los países nórdicos, campeones de las restricciones a la publicidad, de las medidas restrictivas de la accesibilidad a esos productos y de una fiscalidad elevadísima sobre ellos presentan el mayor número de casos de abuso de bebidas alcohólicas por parte de los menores de todo el mundo desarrollado (Furham A., Children and Advertising, The Allegations and the Evidence, Social Affairs Unit, London, 2000).

Ante esta realidad, cualquier observador imparcial se planteará una pregunta. Si la publicidad no aumenta el consumo de alcohol, porqué las empresas gastan cantidades ingentes en ella. Te pillé Gotcha... El recientemente fallecido Premio Nobel de Economía, Gary Becker respondió a ese interrogante con una claridad meridiana. Las bebidas alcohólicas son productos maduros, cuyas características son ya conocidas por los consumidores. En consecuencia, su demanda no crece por mucho que lo haga la inversión publicitaria. El objetivo de la publicidad de las compañías productoras y distribuidoras de esas mercancías es arrebatar cuota de mercado a sus competidores haciendo más atractiva su marca y fidelizando a sus clientes. Como diría el viejo Holmes, «Es elemental Querido Watson».

El Anteproyecto del Ministerio para librar a los menores del «mal de alcoholes» es una manifestación de la Ley de las Consecuencias no queridas de los economistas clásicos. Los medios utilizados no sirven para conseguir los fines deseados y además lesionan derechos de terceros injustificadamente. ¿A esta gente no se le ocurre estudiar la realidad comparada antes de meterse en camisas de once varas? Tiene gracia que al centro-derecha le entren ganas de desempeñar el papel de Estado Niñera. ¿Por qué no pide Sanidad instalar una cámara en cada hogar para ver si los niños y sus papás se emborrachan o para vigilar la salubridad de sus hábitos alimentarios? Como diría Asterix «estos romanos están locos». Por cierto, si este bodrio se convirtiese en ley, no podría consumirse bebida alcohólica alguna en los fastos de la Coronación de Felipe VI en el Palacio real porque, por lo menos, estarán las dos hijas del Rey que son menores.

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