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Un Salmorejo nutritivo y saludable

Logotipo de El Mundo El Mundo 04/10/2017 MANUEL MARTÍN MARTÍN
© Proporcionado por elmundo.es

'Otoño en la campiña'

Espectáculo: XLI Salmorejo Flamenco / Al cante: El Cabrero, Antonia Contreras, Antonio Reyes, David Palomar y Álvaro Párraga / Al toque: Manuel Herrera, Juan Ramón Caro, David Amaya y Rafael Rodríguez 'Cabezas' / Al baile: Anamarga, con Mónica Mata y Rosi Navarro 'La Divi' (cante) y Luis Medina (guitarra) / Palmas: Tate Núñez y Juan Ramón Reyes (con Antonio Reyes) y Anabel Rivera y Roberto Jaén (con David Palomar)Lugar y fecha: Caseta Municipal, de Baena. 3 de octubre de 2017.Calificación: ***

La campiña cordobesa de Baena tiene un cultivo del olivar con un aceite de una excelencia extrema, y sus flamencos acuerdan una cita en los previos a la Feria Real bajo la denominación de Salmorejo Flamenco, festival perfectamente organizado que cobra un valor renovado a la luz de los condimentos de tan rico manjar, esa crema fría que se torna vehemente con la participación de lo más granado del género jondo y que, en consecuencia, hace de Baena un mesón donde compartir tertulia ante el hondo sentido de la música.

Baena es en ese día punto de encuentro de hasta diez peñas flamencas de la comarca, y hay que señalar que en la tierra del aceite fueron las guitarras de Caro, Herrera, Amaya y Rodríguez, por este orden de intervención, las que dieron emulsión a los distintos ingredientes de la noche, dado que, desde la alcuza de sus notas, fueron determinantes para el arrebato, momento que aprovechamos para que una aficionada local nos soplara al oído el secreto del salmorejo cordobés: "A quien quiera prepararte: / échale un poco de arte, / un ratito de trabajo, / pan, tomate, aceite y ajo, / y todos querrán besarte.

Como así fue. El pan lo puso el cantaor local Álvaro Párraga, fiel continuador de la importancia baenense y legatario de El Andarín, Emilio Rosales o Eduardo Tarifa, poniendo la hogaza de la granaína y los tangos en remojo pero sin faltarle el agua muy fría de la petenera con el vinagre de la soleá fosforera, hasta dejar que su entrega desmedida se ablandara.

Pero tan necesario como el pan de cada día eran los tomates de la unidad del discurso, que los aportó El Cabrero en cantidad para que a nadie faltara, pues si sus soleares fueron recibidas como el mejor antioxidante, la fibra de sus sonetos y cuplés calaron muy hondamente, por no citar, igualmente, el ímpetu de sus seguiriyas y serrana a Miguel Hernández, o las propiedades nutricionales para el alma de sus letras y el efecto diurético de sus fandangos, tanto personales como de Huelva.

El ingrediente malagueño lo conservaba en su garganta Antonia Contreras, con la que añadió un aliado para el aparato digestivo, el ajo habitual de su pregón con tonadas campesinas y gitanas, y el toque inconfundible de su verdial con cante de Juan Breva y malagueña, agregando además, por si alguien gustaba, la almendra de la soleá, tangos y seguiriya para el ajoblanco pero con la uva moscatel de 'La Lola de va a Los Puertos'.

Aun así, se echaba de menos un producto de la campiña baenense rico en bioactivos, el chorrito mágico del vinagre, que lo trajo de su Castro del Río natal, más concretamente de la almazara de Alcubilla, la bailaora Anamargo, que, apoyada en un muy buen atrás, nos ayudaría a controlar los niveles de azúcar merced al taranto, lleno de combinaciones, al par de aumentar la calidad con unas alegrías a las que, como al mejor vinagre, se le veía la madre flotando como telaraña por los flecos del mantón.

De las salinas de Chiclana llegaron aires de sabor del mejor gusto con Antonio Reyes, cantaor que a nadie dejó indiferente, ya que sobresalió triunfando sin mácula por su musicalidad de sus alegrías y tangos lentos, se deslizó por la rampa del riesgo de unas soleares hipnóticas y llegaría a culminar su memorable actuación con el brillo que merecieron sus bulerías y su oportuno fandango de El Rubio ('España tiene una bandera').

Y al cierre, David Palomar, el gaditano de La Viña que rectificó el punto de sal con sus alegrías y soleares del Chozas, batió las cuerdas de su garganta con el garrotín con cantes del Piyayo y tangos del Titi, dejó unas seguiriyas dignas de los maestros históricos de la Cádiz flamenca y aclaró la espesura con unas bulerías de Alfonso de Gaspar y El Pica así como unos tanguillos de Chano, Joaquín el de la Paula y Manolo Vargas que nos alcanzaron con el aroma del mejor aceite virgen extra.

Para el adorno de tan rico manjar quedaba derramarlo con jamón y huevo duro picado, según el gusto del consumidor, pero fue sustituido con el saber estar de la anfitriona, la Peña Flamenca Baenense, una entidad que cumple cuarenta y seis años oficiales desde su fundación (sus inicios se remontan a 1971) y que nos ha demostrado que el salmorejo del flamenco que elaboran sólo tiene un perjuicio -el excesivo tiempo de duración, más por la pesadez de algunos de sus ingredientes que por el número de los mismos-, pero cuantiosas ventajas y virtudes, ya que es nutritivo, económico y saludable.

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