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Un siglo de guerra: la evolución tecnológica de los grandes acorazados de EEUU

El Confidencial El Confidencial 19/09/2016 Pepe Cervera

En el ámbito militar hay sistemas de armas que aparecen gracias a un avance tecnológico, dominan de forma absoluta su campo y después desaparecen, desplazados por una novedad táctica o tecnológica. El estribo a finales del Imperio Romano hizo posible la Caballería Pesada medieval, que fue eliminada por las armas de proyectiles (arco largo, armas de fuego) y las picas. Los altos castillos de galeones y naos dominaron los mares cuando la guerra naval era cuestión de abordajes, pero desaparecieron ante el avance de la artillería naval. La ametralladora congeló las líneas del frente en la Primera Guerra Mundial hasta que los stumptruppen y los tanques volvieron a hacer móvil el combate terrestre.

Uno de los más claros ejemplos de esta tendencia saltacionista de la técnica militar es el ascenso, dominación y caída del acorazado, el buque que dominó los mares durante un siglo. En un rincón de Virginia, en EEUU, es posible contemplar el principio y el final de esta tecnología en forma de dos buques emblemáticos: el USS Monitor y el USS Wisconsin, que pueden considerarse como el primer y el último de su tipo. Ambos reposan en museos a 50 kilómetros uno del otro en orillas opuestas del estuario donde por primera vez combatieron dos buques blindados entre sí: Hampton Roads. Esta es su historia.

El nacimiento del buque acorazado

A mediados del siglo XIX los ‘buques altos’ dominaban los océanos; la combinación de navíos de línea y fragatas de madera con cañones de avancarga que había proporcionado la victoria al Imperio Británico sobre Napoleón a principios de siglo seguía siendo el estándar de flota de combate. Navíos de línea poderosamente armados con dos o tres cubiertas de cañones para hacer astillas a cualquier rival en una batalla decisiva; fragatas para encontrar al enemigo y patrullar las zonas de interés nacional.

Algunos avances tecnológicos empezaban a poner en riesgo la supremacía de los grandes veleros de combate: los motores de vapor empezaban a ser lo bastante potentes y fiables, el avance de la siderurgia estaba abaratando las planchas de hierro y (sobre todo) el perfeccionamiento de la artillería amenazaba con hacer de los barcos construidos de madera poco más que blancos. Los nuevos cañones más potentes permitían disparar desde más lejos y los proyectiles explosivos (granadas)  no se limitaban a perforar la madera sino que estallaban dejando grandes e irregulares agujeros en el casco imposibles de parchear. Los buques de madera, casi imposibles de hundir en la época de los proyectiles sólidos, empezaban a ser muy vulnerables.

El USS Monitor tras el combate de Hampton Roads (pueden verse abolladuras en el lindaje. Foto: Wikimedia Commons) © Proporcionado por El Confidencial El USS Monitor tras el combate de Hampton Roads (pueden verse abolladuras en el lindaje. Foto: Wikimedia Commons)

La Guerra de Crimea y sus enfrentamientos entre buques aliados y defensas costeras rusas, la batalla (o masacre) de Sinope, la intervención de buques de vapor y algunos experimentos como el Lady Nancy del capitán británico Coles (con torreta giratoria) o las baterías blindadas francesas como el Lave, mostraron el camino. Buques como la fragata blindada francesa La Gloire o el británico HMS Warrior experimentaron con el despliegue de esas tecnologías. Aunque el nacimiento del acorazado se produjo en otro país diferente y por razones de imperiosa necesidad militar. La guerra era la Civil estadounidense (o de Secesión), y el surgimiento de este tipo de buque puede datarse en una fecha: la Batalla de Hampton Roads el 9 de marzo de 1862, entre el CSS Virginia (ex-USS Merrimack) y el USS Monitor.

La Guerra Civil estadounidense empezó cuando Carolina del Sur proclamó unilateralmente la independencia de EEUU en diciembre de 1860 tras la elección de Abraham Lincoln como presidente; para cuando se dispararon los primeros cañonazos el 12 de abril de 1861 en Fort Sumter, seis estados se habían unido a la secesión y tres más lo harían posteriormente proclamando un nuevo estado: la Confederación de Estados Unidos de América. Para dominar la rebelión los Estados Unidos implementaron el Plan Anaconda de bloqueo marítimo y fluvial, cuyo objetivo era impedir a la Confederación el acceso al mercado internacional para proveerse de armas y vender algodón, su principal producto de exportación. Para esta estrategia era vital el control del estuario de Hampton Roads, en el estado secesionista de Virginia, con su base naval de Norfolk.

Reproducción de la torreta del USS Monitor. (Foto: Pepe Cervera) © Proporcionado por El Confidencial Reproducción de la torreta del USS Monitor. (Foto: Pepe Cervera)

La práctica totalidad de la flota estadounidense había quedado en manos del gobierno de Washington que se apresuró a ordenar el bloqueo completo de Hampton Roads. La Confederación necesitaba forzar el levantamiento de ese bloqueo, pero carecía de buques y de la industria necesaria para construirlos. Esto obligó a los confederados a innovar y a aprovechar lo poco que tenían a su disposición, como los restos del casco de la fragata de vapor USS Merrimack que los federales habían incendiado al abandonar Norfolk y que había ardido hasta la línea de flotación: sólo quedaba la parte inferior del caso y los motores. Provista de una nueva superestructura tendría que servir. Y así nació el CSS Virginia, el primero de los combatientes de Hampton Roads.

El Virginia era un tipo de buque particular: un ariete de casamata blindada. Sobre los restos del casco del Merrimack se erigió una superestructura truncada recubierta por 2 capas de planchas de hierro de 2 pulgadas (total 101,6 mm de grosor) con un perfil inclinado para que ofreciera mayor resistencia a los impactos. Estaba armado al modo convencional, con los cañones a ambos lados, y disponía de 10 piezas; 6 tipo Dahlgren de calibre 9 pulgadas (229 mm) y 2 de anima lisa de 6,4 pulgadas (151 mm), la mitad a cada lado. En proa y popa llevaba 2 cañones de anima estriada de 7 pulgadas (178 mm) y en la parte superior de la casamata dos obuses de 15 libras (proyectil de 5 kg de peso) como armas antiabordaje. El arma principal, sin embargo, se esperaba que fuese un espolón situado bajo la proa, ya que se pensaba que los cañones serían inútiles ante barcos blindados del enemigo.

El motor del Merrimack, que ya era problemático cuando estaba intacto, fue reparado y se consiguió que funcionara y diera al buque 9 nudos de velocidad con dificultades; durante la batalla había técnicos civiles trabajando y el barco nunca realizó pruebas de mar. Entre otros graves defectos los portillos para cerrar las 14 troneras no se instalaron, el radio de giro era enorme y su calado bastante alto (6,4 m), lo que supuso graves problemas tácticos. Pero al comenzar el combate esto no supuso un problema: en su primera salida el 8 de marzo de 1862 el CSS Virginia (acompañado de algunos buques menores) atacó resueltamente a la flota federal de bloqueo compuesta íntegramente de veleros de madera. El resultado fue una carnicería.

El blindaje del Virginia resultó ser absolutamente resistente a los disparos de los buques federales mientras que sus cañones disparando granadas explosivas hacían trizas los barcos de madera. En su primer enfrentamiento el Virginia destrozó al USS Cumberland antes de pasarlo por el espolón, mandándolo al fondo sin más daño que la pérdida de la pieza. Luego se dirigió hacia el USS Congress que intentando huir encalló y acabó por rendirse. Tras la rendición baterías de tierra atacaron al Virginia, que en represalia cañoneó al Congress con balas al rojo vivo, incendiándolo. El buque confederado, con escasos daños superficiales, se dirigió entonces hacia el USS Minnesota, encallado también. Con su velocidad reducida, su calado y su gran radio de giro no pudo acercarse lo suficiente para rematarlo aquel día, de modo que se retiró para regresar al día siguiente a la luz de las llamas que devoraban al Congress.

USS Monitor, el acorazado construido en 100 días

Los acontecimientos del día parecieron dar la razón a quienes temían que aquel monstruo pudiese hacer pedazos la flota de la Unión y levantar el bloqueo, e incluso quizá algo peor: altos cargos en Washington temían que el Virginia pudiese entrar por el río Potomac y atacar la mismísima capital federal. El Norte estaba aterrorizado ante aquella máquina invulnerable. Pero cuando el acorazado sureño regresó a Hampton Roads la mañana del día 9 algo se interpuso en su camino: un extraño engendro difícil de describir. Era el USS Monitor, un acorazado construido en apenas 100 días por la poderosa industria del Norte según el diseño del inventor de origen sueco John Ericsson con la misión de detener al Virginia. Ambos diseños no podían ser más diferentes.

El Monitor fue descrito en la prensa de la época como ‘quesera sobre balsa’ o ‘la locura de Ericsson’, entre otros epítetos. Su diseño era radical: en lugar de una cubierta de cañones disponía tan sólo de dos piezas de artillería, dos enormes Dahlgrens de calibre 11 pulgadas (280 mm), aunque se diseñó para llevar cañones de 15 pulgadas (380 mm) que no se terminaron a tiempo. Los cañones iban montados en una torre cilíndrica blindada con 8 pulgadas (203 mm) de hierro que podía rotar en cualquier dirección mediante unos motores de vapor. El casco tenía la borda muy baja para imposibilitar impactos directo y contaba con su propio blindaje. Un motor de vapor y una hélice optimizada por el propio Ericsson le permitían alcanzar 6 nudos; el barco, y su tripulación, eran mucho más pequeños que el Virginia. 

El resultado del enfrentamiento no pudo ser más pirotécnico, ni sorprendente: ambos contendientes se cañonearon a placer durante más de cuatro horas sin que ninguno pudiese herir en serio al otro. Las planchas inclinadas del Virginia aguantaron los impactos de los cañones del Monitor igual que la torreta de éste resultó impenetrable por los disparos de aquel. El buque confederado intentó infructuosa y torpemente acercarse al herido Minnesota y el Monitor maniobró a su alrededor para impedírselo. Al final los dos barcos se retiraron y cada uno se atribuyó la victoria táctica; la estratégica fue del Monitor, que impidió el levantamiento del bloqueo. Poco después las tropas federales desembarcaron y tomaron la zona; para impedir que lo capturasen los confederados incendiaron y hundieron el CSS Virginia.

Los planos originales del USS Monitor. (Imagen: Wikimedia Commons) © Proporcionado por El Confidencial Los planos originales del USS Monitor. (Imagen: Wikimedia Commons)

El Monitor no tuvo mucha mejor suerte: tras participar en algunos combates en la región se le ordenó unirse a la fuerza de bloqueo en los Outer Banks de Carolina del Norte y se hundió durante una tormenta cuando era remolcado hacia allá. El barco de Ericsson no era muy marinero y la junta entre la torreta y la cubierta siempre dio problemas ya que no era estanca. El primer acorazado de torreta en participar en un combate entre buques blindados naufragó el 31 de diciembre de 1862 cerca del cabo Hatteras. Allí mismo fue localizado en 1973; una serie de expediciones submarinas permitieron recuperar buena parte del navío a principios de milenio.

Hoy la torreta del Monitor está en un enorme tanque de desalación y tratamiento en The Mariners Museum (museo de los marinos) en Newport News, Virginia, a orilla de Hampton Roads. Los arqueólogos trabajan en estabilizar las ocho capas de hierro forjado que forman la torre e intentan eliminar las sales y concreciones que ponen en peligro el metal. El museo dispone  de sendas réplicas de la torreta, tal como se encontró y como era en su estado original, así como un facsímil del buque entero y una copia de la proa del CSS Virginia. Además, claro está, de numerosos artefactos recuperados del naufragio como el ancla, la hélice, el motor (que se desala en otro tanque) y objetos varios, desde botellas a pipas. Pocos barcos tienen el honor de dar nombre a una clase de navío, pero todos los acorazados costeros de torreta blindada son conocidos desde entonces  y para siempre como ‘monitores’.

Tras el combate de Hampton Roads quedó claro que la era de los barcos de madera había pasado a la historia. Todas las potencias navales, o aspirantes a serlo, empezaron a desarrollar barcos de metal con motor, blindados y armados con pocos cañones montados en torretas que podían disparar cada vez a mayores distancias. Los acorazados de finales del siglo XIX y principios del XX eran hijos tanto del Virginia como del Monitor; diferentes combinaciones y sistemas se fueron probando hasta el nacimiento de otro tipo de navío bautizado con un nombre propio, el ‘dreadnought’, por el HMS Dreadnought de 1906: buques de potente blindaje y reducido número de cañones de un único (y gran) calibre propulsados por turbinas de vapor. Todos los buques capitales de la Primera y la Segunda Guerra Mundial eran de este tipo.

Llegan los acorazados más potentes del mundo

Incluyendo el USS Wisconsin, apodado ‘Wisky’ y ’El Último Acorazado’ con el numeral BB-64. Se trata de un acorazado rápido de Clase Iowa construido durante la Segunda Guerra Mundial para enfrentarse a los descomunales Clase Yamato japoneses. En muchos sentidos los Iowa fueron la culminación del diseño del acorazado: rápidos (31 a 33 nudos, aunque el Wisky llegó a superar los 35 en pruebas), con un blindaje muy resistente y una enorme cantidad de compartimentos estancos y armados con 9 descomunales cañones de ánima estriada de 406 mm de calibre capaces de disparar proyectiles de casi 1.300 kg a 40 kilómetros de distancia este modelo de acorazado resumía todas las lecciones aprendidas por décadas de diseño, construcción y combate con barcos de este tipo. Jamás se volvió a construir uno como éste.

El USS Iowa disparando sus cañones. (Foto: Wikipedia) © Proporcionado por El Confidencial El USS Iowa disparando sus cañones. (Foto: Wikipedia)

Y por muy buenas razones, porque durante la Segunda Guerra Mundial algunos de los mayores y mejores acorazados de la historia fueron poco más que blancos para un nuevo arma producto del desarrollo tecnológico: los aviones, con base en tierra (Prince of Wales, Tirpitz, Roma) o en portaviones (Conte di Cavour, Bismarck, Yamato, Mushashi). Durante la propia contienda quedó claro que los días de este tipo de barco como arma naval decisiva habían quedado atrás, y se convirtieron en actores secundarios proporcionando cobertura antiaérea a los portaviones y apoyo artillero a los desembarcos. El emperador del combate naval quedó en poco más que un buque auxiliar.

Los Clase Iowa fueron la culminación del diseño del acorazado y están entre los buques artillados más potentes de la historia. Su blindaje de acero reforzado (hasta medio metro de espesor en parte de las torretas, al menos 31 cm inclinados 19 grados sobre las zonas vitales) estaba diseñado para hacerlo invulnerable a cañones de calibre 16 pulgadas (406 mm) a entre 16 y 27 kilómetros. Contaban con un sistema antitorpedos bajo la línea de flotación que efectivamente era un triple casco, el central blindado con 10 cm de acero. Con su armamento, velocidad y blindaje eran capaces en teoría de enfrentarse a cualquier cosa que flotara, y hundirla.

El USS Wisconsin fue el último de los Iowa comenzados, pero el penúltimo en entrar en servicio. Combatió en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial escoltando portaviones y dando apoyo artillero. Tras la guerra fue desactivado tan sólo para ser reactivado de nuevo durante la Guerra de Corea para respaldar con sus cañones a las tropas estadounidenses y surcoreanas. Tras la guerra operó como buque de entrenamiento y para mostrar la bandera visitando entre otras ciudades Valencia durante varios días en abril de 1957; el recibimiento debió impresionar a los marinos estadounidenses, ya que el barco aún muestra en su interior pósters de toreros y de turismo español. El 8 de marzo de 1958 fue desactivado por segunda vez, pasando a la flota de reserva.

Pero no era el final: en 1986 la marina estadounidense decidió reactivar y remozar los Iowa como parte del programa de ‘600 barcos’ del gobierno Reagan. La aparición de los Clase Kirov soviéticos había colocado a la URSS como líder del ránking de grandes buques, y los acorazados de la Segunda Guerra Mundial todavía podían ser temibles.

El USS Wisconsin. © Proporcionado por El Confidencial El USS Wisconsin.

Para su nuevo rol el Wisconsin fue equipado con 8 lanzadores cuádruples de misiles de crucero Tomahawk y 4 lanzadores cuádruples de misiles antibuque Harpoon, además de un sistema de defensa de punto Phalanx, drones para observacion de artillería y mejoras en sus sistemas de comunicaciones y radar. Una vez remodelado el buque regresó al servicio activo en octubre de 1988, a tiempo para participar en la Primera Guerra del Golfo contra Sadam Hussein en la que lanzó Tomahawks y bombardeó blancos terrestres. La noche del 23 de febrero de 1991 la guarnición iraquí que ocupaba la isla kuwaití de Faylaka se rindió a un drone RQ-2 Pioneer que preparaba un ataque artillero del Wisconsin, la única vez que ha ocurrido algo así.

El 28 de febrero de 1991, día del alto el fuego, el USS Wisconsin disparó su última salva convirtiéndose así en el último acorazado de la historia en entrar en combate. Tras la guerra los cuatro Iowas fueron desactivados de nuevo; después de unos cuantos años de problemas administrativos y financieros finalmente el USS Wisconsin terminó por ser donado al Centro Nacional Marítimo Nauticus en Norfolk donde hoy es la estrella del museo; justo en la otra orilla de Hampton Roads respecto al sitio donde descansa el Monitor.

Dentro del USS 'Wisky'

La visita al Wisky es curiosa: buena parte del buque está cerrado al turista ocasional y sólo puede verse en tours guiados especiales, como la mayor parte del puente; otras zonas como la sala de máquinas o la parte inferior de las torres de artillería con sus sistemas de manejo de proyectiles y pólvora no son visitables. El buque muestra una curiosa mezcolanza de equipos de la Segunda Guerra Mundial (calculadoras mecánicas de tiro, sistemas de eléctricos de control de daños y de comunicaciones) con otros de los años 90 (ordenadores primitivos, sistemas electrónicos en racks, cajas de fusibles etiquetadas con Dymo). También se mejoraron los alojamientos de la tripulación y los baños y se añadieron comunicaciones internas más avanzadas. 

La torre de artillería 1 es visitable y está repleta de equipos como telémetros y sistemas de control; no debía ser sencillo trabajar aquí, ya que hacían falta 70 hombres para hacerla funcionar y debía ser infernal durante el combate. Como anécdota las cocinas y comedores son amplios y generosos; incluso había una línea de fabricación de dónuts que funcionaba 24 horas al día. La mayor parte de las zonas visitables en realidad son áreas administrativas, oficinas y camarotes, pero muestran la principal debilidad de este tipo de barcos: el enorme coste de mantenerlos activos debido a sus desmesuradas tripulaciones.

Carteles de toreros dentro del USS Wisconsin. (Foto: Pepe Cervera) © Proporcionado por El Confidencial Carteles de toreros dentro del USS Wisconsin. (Foto: Pepe Cervera)

En efecto: cada uno de los Iowas llevaba más de 1900 hombres que obviamente no iban allí de crucero, sino porque eran necesarios para operar los sistemas de a bordo. Para comparar un actual crucero de la clase Ticonderoga tiene una tripulación de 360 marinos: el coste de mantener operativo un Iowa es astronómico. Esta fue la principal razón de que fuesen desactivados de nuevo: con su tamaño, artillería y velocidad aún podrían resultar útiles en combate, aunque no como buques capitales, pero son demasiado caros. A pesar de lo cual en las estipulaciones para ceder el barco como museo el Congreso de los Estados Unidos exigió introducir una serie de condiciones de mantenimiento que hagan posible su retorno al servicio activo, de ser necesario.

La historia del acorazado como sistema de armamento vital empieza y termina en Hampton Roads, pero sólo por el momento: de surgir la necesidad el USS Wisconsin podría ser  reactivado de nuevo. Lo cierto es que erizado de misiles, armado con los mayores cañones a flote (de largo) y con un blindaje que lo hace casi invulnerable a muchos sistemas modernos de ataque aún cabría la (muy remota) posibilidad de que la historia del acorazado no haya terminado completamente todavía. Pero es dudoso: casualmente en los astilleros de Newport News está acabando su alistamiento el USS Gerald Ford, último representante de los superportaviones que hoy en día dominan los mares y que algún día también pasarán a la historia.

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