Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Un superhéroe de neopreno

El Mundo El Mundo 05/06/2014 RICARDO F. COLMENERO

Dice que el mar se le reveló, que no se podía creer lo que le estaba haciendo, y que entonces se puso a insultarlo allí, en medio del Mediterráneo, en medio de la nada, sobre una tabla de surf y con un remo en la mano, como un demente que se resiste a entender que el mar no asuma sus delirios.

Para aquel entonces ya había pensado en abandonar, una vez, dos veces, o quizá ya iba por la tercera, cuando olas invisibles lo derribaban en medio de la noche, o cuando ese hombro le dijo, una vez más, que no podía hacer el trabajo de los cuatro motores de miles de caballos de los superferrys que imitaban su trayectoria entre la Península y la isla de Ibiza. El martes, dicen que sus pasajeros, presenciaron una alucinación de surf en un desierto de agua.

La lucha contra las prospecciones petrolíferas concibió este miércoles a un héroe de neopreno de 25 años, Alan Hermann, dispuesto a llegar a los despachos del Ministerio de Industria y Energía con una hazaña de salitre. El lunes, este ibicenco de origen húngaro, había abortado su intento al verse sorprendido por rachas de viento que ni tan siquiera le dejaron subirse a su tabla en la costa de Jávea. Así es que cambió una situación imposible por una pésima, y se lanzó a las dos y media de la madrugada a un horizonte negro, como si se arrojara al vacío por un precipicio, con la concepción imposible de tocar la playa de Cala d'Hort a la hora de la merienda.

«Nunca me caigo y esta vez, nada más salir, me voy al agua y tengo que hacer todo el trayecto mojado», explica envuelto en una manta térmica de la Cruz Roja, sobre las hamacas de un paraíso. Por delante tenía 60 millas náuticas, algo más de 110 kilómetros, palada a palada sobre el Golfo de Valencia, donde la petrolera escocesa Cairn Energy prevé extraer 70 millones de barriles de crudo.

La penitencia de Hermann se convirtió en la de toda su isla, tres horas de pie sobre la tabla y otras tres de rodillas, hasta completar una oración de casi 17 horas para rogar: "Que no nos pase como a Canarias". Pero el mar no sabía de qué iba todo aquello, y no se lo puso fácil a aquel capitán Ahab atado a una ballena blanca de parafina.

Las olas y las horas sin dormir le hundieron en varias ocasiones, volviendo a la superficie como en sus primeros segundos de vida, en su parto de agua. Como llevaba haciéndolo desde los siete años, cuando sus padres le subieron a su primer barquito de vela, para no volver a bajarse nunca más.

Entonces recordó por qué nunca se había atrevido a imitar la proeza de David Meca que marcó toda su vida; pero ya para cuando todos los órganos de su cuerpo se habían entregado a una inercia mecánica.

Todos vieron el viento alejarle de casa cuando se aproximaba al islote de Es Vedrá, una montaña de roca de casi 400 metros de alto, que emerge de las aguas como una catedral de cera derretida. De allí surgió Alan poco después de las siete de la tarde, como un ángel de roca expulsado del templo, que tras rodar por la montaña se dirigía con paso ciego y quebradizo hacia los gritos de los activistas antiprospecciones agitando pancartas en Cala d'Hort.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más el El Mundo

image beaconimage beaconimage beacon