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Una asimetría estratégica

El Mundo El Mundo 04/06/2014 FRANCISCO DE BORJA LASHERAS

Tras las elecciones presidenciales, la crisis de Ucrania se encuentra en una nueva fase. Con los difíciles equilibrios derivados de sus propias debilidades, los europeos están apostando por dos vías diplomáticas paralelas (two-track diplomacy): por una parte, apoyar la desescalada de violencia, en el marco del Acuerdo de Ginebra de abril y la Hoja de Ruta de la presidencia suiza de la OSCE; por otra, una suave contención a Rusia, manteniendo canales abiertos con el Kremlin.

La primera vía incluye principalmente el énfasis en el restablecimiento de la normalidad institucional en Ucrania (de ahí la importancia de las elecciones); las medidas de seguridad contempladas en el plan de la OSCE, como el desarme de los grupos ilegales, y un proceso de diálogo nacional.

Este último aspecto implicaría una reforma constitucional que tratara la descentralización; mayor protección de las minorías, como el estatus del ruso, y un acuerdo sobre el futuro de Ucrania. Hay muchas incógnitas sobre este proceso y el presidente electo Poroshenko se enfrenta al dilema de apoyar la reconciliación para unir el país, y el uso de la fuerza para recuperar su control, con operaciones que pueden alienar más a parte de la población del Este y reforzar la narrativa rusa.

Este contexto interno influirá en la segunda vía diplomática -la concerniente a Rusia. Hay un énfasis creciente en una "solución política" a la crisis, pero no hay consenso sobre algunos parámetros de dicha solución. Más allá de un apoyo genérico a la Hoja de Ruta de la OSCE, algunos estados miembros ven con muchas reservas ciertos de sus elementos, bien porque los interpretan como concesiones a Rusia, bien por temor a implicaciones internas (el estatus de algunas minorías en Europa Central). Hasta ahora, Europa ha gestionado con mayor acierto del reconocido sus diferencias internas.

Pero tales diferencias podrían ser aún más problemáticas no ya a la hora de aprobar el paso a las sanciones económicas, sino cuando se trate de aprovechar oportunidades de paz y de alcanzar un acuerdo con Rusia. La complejidad del contexto actual reside precisamente en que ambos escenarios son posibles y complementarios. En plena campaña militar en Lugansk y Donetsk, y en plena guerra de propaganda, Rusia podría intervenir aún más, abierta o clandestina, en defensa de "sus compatriotas", lo que obligaría a la Unión Europea a adoptar sanciones económicas, opuestas por estados miembros clave, como Alemania. Pero si avanzan el diálogo y la reforma constitucional, habrá que abordar cuestiones centrales, hoy pospuestas, como el futuro estatus de Ucrania.

Hay una asimetría brutal entre Europa (y, por extensión, Occidente, más allá de los mensajes de Obama en Polonia) y Rusia. Mientras Moscú piensa en términos de época histórica, nuestros líderes democráticos funcionan a ritmo de twitter, de cumbres y elecciones. Europa opera con parámetros normativos mientras que Rusia redefine las normas internacionales y despliega sin complejos todos los instrumentos de poder (recursos energéticos, una cínica, pero consumada diplomacia, propaganda y el elemento militar).

Europa juega a la gestión de crisis inmediatas, mientras que Rusia impulsa su reafirmación estratégica, el reordenamiento del orden europeo y una agenda identitaria, cuasi-civilizacional -en esto último, con el fervoroso apoyo del creciente Partido de Putin en la Unión Europea, con Le Pen y Farage a la cabeza (como otrora lo fue la izquierda cegada por la Unión Soviética).

Los europeos han cometido errores de peso en esta crisis, leyendo mal y poco las advertencias de Rusia en la etapa inicial y empleando sólo instrumentos tecnocráticos en contextos de latente tensión geopolítica. Confiaron en que la tecnocracia compensara las diferencias europeas y la falta de una verdadera diplomacia común en un contexto geopolítico arriesgado. Harían bien en aprender la lección -sin tampoco dar cheques en blanco a Kiev- y mantenerse unidos, pues esta crisis va más allá de Ucrania y Crimea (o de Moldavia y Georgia).

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Francisco de Borja Lasheras es es director adjunto de la Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).

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