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Una leyenda del baile

EL PAÍS EL PAÍS 06/06/2014 Chema García Martínez

No todo el mundo puede presumir de ser una leyenda en vida. Larry Graham lo es por méritos propios. Esta noche, el veterano bajista de 67 años desplegará su arte en la sala Shoko Live, por vez primera en nuestro país. “En la historia del bajo eléctrico”, aseguran los expertos, “hay un antes y un después de Larry Graham”. Seguidores confesos suyos son Flea (Red Hot Chili Peppers) y Bootsy Collins, el jazzista Stanley Clarke y Jamaaladeen Tacuma, incombustible pionero del free funk junto al saxofonista Ornette Coleman: “cada vez que me viene un bajista para decirme lo importante que soy en su vida”, afirma Graham, “me siento como el científico que ha descubierto una vacuna que va a salvar vidas. Saber que he podido contribuir en algo al mundo de la música me produce un placer inefable”; una contribución que, reconoce el interesado, fue el producto de la casualidad: “mi madre era pianista profesional muy conocida. Yo tocaba la guitarra en su trío siendo apenas un niño. Éramos ella, yo y un batería. A veces, ella tocaba el órgano. Yo me ponía a su lado y la veía pulsar los bajos con los pedales del instrumento, y tomaba nota mentalmente. Hasta que, un día, el baterista no apareció. Yo me había comprado un bajo, por si acaso. Y allí empezó todo: mi madre y yo solos, y yo haciendo la función de la batería con el bajo. Tuve que inventarme un modo de hacerlo; luego lo llamaron slapp bass, o Thumpin' and pluckin'…

1967: el mundo conoce de la existencia de Larry Graham gracias a A whole new thing, un combinado explosivo de esencias funky y mensajes beligerantes llamando a la guerra contra el sistema opresor. Sly & The Family Stone hacían su entrada triunfal en el mundo de la música: “el título era premonitorio en un doble sentido: era nuestra primera aparición, y lo que hacíamos era algo totalmente nuevo”. El subsiguiente Dance to the Music vendría a poner las cosas en su sitio. El mayor éxito en la historia del psychedelic funk contaba con el bajo contundente y la voz cavernosa de Graham poniendo el exacto contrapunto al aquelarre sonoro orquestado por la mente calenturienta del líder: "formar parte de Sly & The Family Stone era toda una experiencia. Había negros y blancos, hombres y mujeres, y todos trabajando en una música que reunía muchos géneros musicales distintos". Sexo, drogas y psychedelic funk…la leyenda salvaje de la familia Stone aparecía entonces como la contrapartida consustancial al éxito: "prefiero quedarme con lo positivo, los festivales masivos, la actuación en Woodstock ante medio millón de seres humanos… claro que hubo quién entre nosotros tomó decisiones equivocadas, pero de verdad que éramos una familia más allá del nombre…”

El deterioro al que llevaron las “decisiones equivocadas” de algún miembro de la familia precipitó la marcha de Larry Graham para formar su propio conjunto: “andaba en tratos con una banda llamada Hot Chocolate; solía escribir y producir para ellos. Una noche fui a escucharles a un club de San Francisco; el local estaba a tope. Empezaron, el clima empezó a calentarse, cuando llegó el último tema aquello estaba literalmente en llamas; no tuve otra que subirme a tocar. Entonces, las relaciones entre Sly y nosotros estaban ya muy deterioradas, con lo que decidí quedarme con ellos y Hot Chocolate se convirtió en mi banda, Graham Central Station”. La vida de GHS resultó un rosario de apariciones y desapariciones que su líder alternaría por un tiempo con su carrera como baladista. “Contaba con mi experiencia cantando en night clubs. Si querías llegar a fin de mes, tenías que buscar la forma de conseguir un dinerito extra, y la mejor manera era que te pidieran una canción. Si la conocías eso significaba ¡propina!. Así es como aprendí todos los standards de Ella Fitzgerald, Nat King Cole…”

Hace un par de años, Larry recibió una llamada telefónica de un vecino suyo en Minneapolis: “hola, soy Prince, deja lo que tengas entre las manos y trae tu bajo, que vamos a montar una jam”. La amistad entre Larry Graham y Prince viene de antiguo: “empezamos a colaborar en los noventa. Lo primero que me dijo es que Graham Central Station había sido una de sus mayores influencias”. El pasado año, los dos artistas, seguidores de los Testigos de Jehová, volvieron a verse las caras en los festivales de jazz de Montreux y Northsea: “Prince es el tipo de artista generoso con el que uno se siente a gusto. Tiene un enorme sentido del humor, pero es muy serio con la música; en eso, no admite bromas. Claro que también sabe cómo mostrarse inamistoso cuando quiere. Todo depende de cómo le entres. Es un tipo complejo”.

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