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Una superviviente de Bataclan: «Me hice la muerta sobre un charco de sangre»

El Correo El Correo 16/11/2015
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Si no llega a hacerse la muerta, su nombre aparecería hoy entre la lista de fallecidos por el terrorismo yihadista. Cualquier movimiento podría haberla conducido al abismo. Pero afortunadamente, Isobel Bowdery es una de las supervivientes a los atentados de París y ha querido compartir su historia a través de Facebook. En una carta abierta, esta sudafricana de 22 años cuenta cómo sobrevivió a la matanza que ocurrió en la sala Bataclan, donde perdieron la vida 89 personas. No ella, que salió ilesa gracias a que se hizo la muerta.

Su relato, acompañado por la fotografía de la camiseta que vestía, resulta desgarrador y ya ha sido compartido en las redes sociales de manera masiva. «Me acosté sobre la sangre de otras personas, esperando mi bala para terminar mis 22 años. Me quedé inmóvil durante una hora, sin moverme, sin ni siquiera respirar. Me imaginé todos los rostros que he amado y susurré 'te quiero'. Una y otra vez», relata en Facebook. «Los charcos de sangre llenaron el suelo. Los gritos de hombres que tenían junto a ellos los cadáveres de sus novias traspasaban la pequeña sala de conciertos».

Imagen subida a Facebook por Isobel © El Correo Imagen subida a Facebook por Isobel

Isobel escribe que «estas cosas nunca piensas que te pueden pasar a tí». «Era solo una fiesta del viernes, un concierto de rock en el que la gente se divertía, bailaba, cantaba y era feliz», explica. Por todo ello, esta sudafricana cree que «aquellas imágenes me perseguirán para toda la vida. Recuerdos de depravación del ser humano, de ninguna consideración por la vida».

Sin embargo, da las gracias a todos aquellos que la ayudaron en aquellos fatídicos momentos. «Ser superviviente de este horror me permite ser capaz de arrojar luz sobre los héroes. Para el hombre que me tranquilizó y puso su vida en riesgo para tratar de cubrir mi cerebro mientras yo gemía, a la pareja cuyas últimas palabras de amor me mantuvieron creyendo el bien en el mundo, a la Policía que realizó el rescate de cientos de personas, a los desconocidos que me recogieron en la carretera y me consolaron durante los 45 minutos porque realmente creía que el chico que amaba estaba muerto, al hombre herido que yo había confundido con él y después de reconocer que él no era, me agarró y me dijo que todo iba a estar bien a pesar de estar solo y asustado, a la mujer que abrió sus puertas a los supervivientes, a la amiga que me ofreció refugio y se fue a comprar ropa nueva, así no tenía que llevar esta ropa con sangre manchada. A todos ustedes que han enviado mensajes de apoyo, ustedes me hacen creer que este mundo tiene el potencial para ser mejor».

Y se despide con un deseo: «Nunca hay que dejar que esto suceda de nuevo. Ahora tenemos que ser mejores, tenemos que vivir la vida que estas víctimas inocentes imaginaban, pero que ya no pueden disfrutar. Descansad en paz, ángeles. Nunca seréis olvidados».

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