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Una violinista diferente

dw.com dw.com 17/05/2014 María Santacecilia
Patricia Kopachinskaya. © Deutsche Welle Patricia Kopachinskaya.

La violinista de origen moldavo Patricia Kopachinskaya es una artista diferente dentro del panorama de la música clásica, un soplo de aire fresco por su carisma y entrega sobre el escenario. Kopachinskaya suele tocar descalza y eso se ha convertido en una de sus señas de identidad. Sus padres son intérpretes de música folclórica moldava, donde la improvisación está muy presente. Ello ha marcado la personalidad de la artista.

En la pasada edición del Festival Beethoven de Bonn, Kopachinskaya fue artista residente. Sus interpretaciones y su presencia escénica cautivaron al público. Kopachinskaya estuvo acompañada por varios amigos para hacer música de cámara, un género importante para ella: “Siempre tuve la opinión de que un solista no debe tocar en solitario todo el tiempo. Eso no funciona. Si uno quiere evolucionar, no puede perderse el increíble repertorio para cuarteto. Los compositores escribieron sus mejores obras, las más íntimas y complejas, para esta formación. Ello prueba que no hace falta un gran despliegue de medios para hacer buena música. Podré tocar mil veces el Concierto para violín de Beethoven, pero esta obra nunca alcanzará la riqueza de sus cuartetos de cuerda",

Aunar energías

El problema es que su apretada agenda como solista no le deja demasiado tiempo libre para ese género. Sin embargo, suele encontrar un hueco un par de veces al año para trabajar nuevas obras camerísticas junto a otros músicos: “Es una experiencia que me abre la mente. De repente, no soy yo lo más importante, no todo depende de mí. Me vuelvo, por así decirlo, parte de un organismo conformado por cuatro entidades diferentes. Cada uno a nuestro modo, estamos los cuatro un poco locos y tenemos nuestras propias ideas. A veces, no es fácil conjugarlas. Pero trabajamos por un objetivo común a pesar de las diferencias, y ello dota a la música de una vivificante energía".

Haciendo música de cámara es como escuchamos a Kopachinskaya en este capítulo de "Con la música a todas partes". En primer lugar, con el amable Divertimento en Re mayor Köchel 136 de Wolfgang Amadeus Mozart y, para finalizar, con un fragmento de un cuarteto de Beethoven. Pero, entre medio, Kopachinskaya interpreta, junto a la pianista Polina Leschenko, una obra de carácter emotivo y nostálgio. Se trata de Sonata nº 3 del compositor George Enescu, que evoca su Rumania natal. Enescu, muy ligado a Francia, subtituló la obra con la frase “A la manera de la música popular rumana”. Kopachinskaya se identifica como músico con la figura de Enescu: “Es como estar en casa de nuevo y contar la historia de mi patria. Llevo viviendo más de 20 años fuera de mi país. Mi casa ya no existe físicamente, así que la encuentro en la música, particularmente en esta Sonata. Son mis raíces, mi niñez, el sol moldavo, la tierra, el olor, la música, la gente, las caras, el idioma, nuestra religión ortodoxa, el folclore… Todo ello está incluido en esta Sonata de Enescu. Con ella, narro también mi propia historia."

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