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Valls modera sus propuestas económicas en la carrera a la presidencia de Francia

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 03/01/2017

El ex primer ministro francés Manuel Valls encara unas presidenciales complicadas con un espacio político particularmente reducido. El candidato a la primarias socialistas, que se celebran a finales de mes, anunció este martes las grandes líneas de su programa electoral con el acento puesto en la refundación de Europa y una visión económica mucho más moderada a la defendida en las anteriores primarias de su partido. Sin renegar de las grandes medidas aprobadas durante la presidencia de François Hollande, como la reducción de los impuestos para las empresas, prefirió poner el foco en medidas de consenso.

Con la vista puesta en las presidenciales de abril, Manuel Valls dedicó sus primeros dardos al candidato conservador y gran favorito de los comicios, François Fillon. “Rechazo esa gran purga que prepara” el representante de Los Republicanos, explicó Valls, en referencia a la propuesta de Fillon de reducir drásticamente el número de funcionarios. “El programa de la derecha es castigar a los franceses, es por lo tanto una mecánica implacable de desunión como no se ha visto en nuestro país en las última décadas”, ha insistido Valls.

Obligado a un complicado juego de equilibrista, en el que sin renegar de la herencia del Gobierno bajo la presidencia de François Hollande aspira a unificar a una izquierda más dividida que nunca, Valls evitó toda propuesta radical, susceptible de herir sensibilidades en su propio campo. Considerado un liberal dentro del partido socialista, aspira a imponerse en las primarias socialistas ante el exministro de Economía Arnaud Montebourg, representante del ala más izquierdista. De lograrlo, tendrá que buscar su hueco entre la candidatura de su exministro de Economía, el liberal Emmanuel Macron, y la del izquierdista Jean-Luc Mélenchon. Ambos aspiran a recuperar los votos de los decepcionados por Hollande.

El ex primer ministro, que en las primarias de 2011 había hecho de la denuncia de la semana laboral de 35 horas —reforma sagrada para la izquierda— su marca personal, asegura ahora que ya no necesita ser reformada. Propone sin embargo volver a desfiscalizar las horas extras, una medida introducida por el expresidente conservador Nicolas Sarkozy y anulada por Hollande en 2012. Valls tampoco quiere oír hablar de otra de sus propuestas estrella del pasado, la supresión del Impuesto de Solidaridad sobre las Fortunas (ISF).

“En seis años, ¿usted no ha cambiado? ¿Y la sociedad francesa? Pues yo también he cambiado”, respondió con cierta impaciencia a los periodistas que insistían en preguntarle por este tema. Valls ha preferido poner el foco en el proyecto europeo, blanco principal de los ataques de la extrema derecha.

Propone convocar una gran conferencia para su refundación, poner freno a su ampliación, reforzar sus fronteras e imponer una tasa importante a los productos importados de países que no respetan la legislación europea en materia de derechos sociales y de medioambiente. Aboga por un salario mínimo europeo establecido en el 60% del salario medio en cada país y armonizar dentro de una franja los impuestos a las empresas.

En materia presupuestaria, reanuda el compromiso francés de mantener el déficit por debajo del 3% del PIB pero no se fija como objetivo el equilibrio presupuestario de momento. Propone la creación de una “provisión” de 15.000 millones de euros a la que poder recurrir en caso de necesidad. Para garantizar la seguridad de los ciudadanos, propone elevar al 2% el presupuesto en Defensa de aquí a 2025, crear al menos 1.000 empleos cada año de policías y gendarmes y construir 10.000 plazas de cárcel adicionales.

También prevé destinar 1.000 millones a las universidades. Por último, de forma muy simbólica, Valls reiteró su promesa de modificar el artículo 49.3 de la Constitución, el que permite al Gobierno aprobar una ley por decreto a cambio de someterse a una moción de confianza. El ex primer ministro recurrió a él en seis ocasiones para aprobar por la fuerza la ley de liberación económica y la reforma laboral. Valls quiere ahora que sólo se pueda recurrir a él para los textos presupuestarios.


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