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Veinticinco años de la primera 'webcam': su creador solo quería “café recién hecho”

El Confidencial El Confidencial 17/04/2016 José Manuel Blanco

Han permitido saber lo que sucedía en otras partes del mundo, organizar entrevistas y reuniones de trabajo a miles de kilómetros o que familiares separados por todo un océano se vean las caras. Incluso, contemplar a Shia Labeouf mientras este ve una maratón de todas sus películas. Todo esto y mucho más se ha podido hacer gracias a una cámara web o 'webcam', un invento que cumple veinticinco años este 2016 y que quizá no estaría entre nosotros si no fuera porque un grupo de investigadores quería café caliente.

El británico Quentin Stafford-Fraser, ingeniero informático en la Universidad de Cambridge y emprendedor, estaba al frente del equipo que en esta universidad creó la primera 'webcam'. En una conversación con Teknautas, recuerda veinticinco años después de aquel 1991 cómo la necesidad de cafeína los obligó a tirar de ingenio. “Fue una cosa muy idiota, humorística y poco importante”, resume. Pero fue un hito histórico.

© Proporcionado por El Confidencial

“La mayor parte del grupo trabajaba para intentar llevar vídeos de gran calidad a una red de ordenadores”, rememora. “No estaba claro entonces que pudieras retransmitir vídeo de calidad”. Buena parte de los miembros se encontraba en la misma habitación, pero el resto estaba en otro sitio, apartado, incluso en otra planta. Por no hablar del resto de trabajadores del edificio. En el cuarto contiguo al de Stafford-Fraser, todos compartían una cafetera de filtro. “¡Hacía un café terrible!”, recuerda ahora el investigador. “Era un café verdaderamente espantoso, pero era todo lo que teníamos”. La única forma de beber aquel mejunje era si se trataba de “café recién hecho”.

Así, cuando alguien preparaba una jarra de café, los demás tenían que darse prisa para conseguir su taza. Y esto suponía un problema: los compañeros que estaban en otra planta no se enteraban de que estaba lista una nueva cafetera y, cuando llegaban al habitáculo, podían encontrarse con el líquido frío o, directamente, sin él. “Pensábamos que eso era injusto”. Y ya que estaban trabajando en redes de ordenadores y transmitir vídeo a través de ellas, ¿qué mejor que una cámara que retransmitiera en 'streaming' el estado de la codiciada cafetera?

Así, Stafford-Fraser y uno de sus compañeros, Paul Jardetzky, pensaron que había que desarrollar algún tipo de 'software' que transportara esas imágenes al ordenador y las materializara en la pantalla. De esta manera, todos los trabajadores del edificio “podían decidir su ‘estrategia café’”, como él la denomina: si bajar a por el preciado líquido, si esperar a que alguien hiciera una nueva jarra o, tal vez, hacerla uno mismo.

Durante ocho años, internautas de todo el mundo siguieron las andanzas de una cafetera © Proporcionado por El Confidencial Durante ocho años, internautas de todo el mundo siguieron las andanzas de una cafetera

Vincular una cámara a un ordenador era “bastante complicado” por aquel entonces, pero lo consiguieron. Su 'software' estaba conectado a través de un cable a una pequeña cámara en blanco y negro, y capturaba un fotograma cada diez o veinte segundos. Para que esta imagen se pudiera materializar en la pantalla, Stafford-Fraser escribió otro programa que la mostraba, en muy baja resolución, en el escritorio del ordenador. “La idea era que pudieras ejecutar esta aplicación y cuando pensaras algo como ‘oh, quiero un poco de café’, miraras a una esquina de tu pantalla y una pequeña imagen te mostrara el estado actual de la cafetera”. Para que todo esto funcionara, hacía falta también una estación de trabajo UNIX que centralizara los ordenadores de todo el edificio.

El nacimiento de la cámara llegó con el florecimiento de internet, pero entonces los navegadores web disponibles solo mostraban texto, sin gráficos o fotos. En 1993, Mosaic, uno de los pioneros, permitía ya visualizar algunos tipos de imágenes. El equipo de Cambridge se preguntó si sería posible que, cuando el navegador pidiera al servidor web una imagen estática, pudiera devolverle una imagen en movimiento. Y decidieron rescatar el código que dos años antes les había servido para la cámara con el fin de materializar ese deseo.

De esta forma, “no necesitabas ejecutar un 'software' o protocolos de red”. Y mejor aún: cualquiera en el mundo podía ver esa imagen, no solo aquellos ordenadores conectados a la red del edificio. En noviembre del 93 consiguieron que la cámara transmitiera a través de internet y, así, todo el planeta supo cuándo estos trabajadores tenían café recién hecho. Como el propio inventor escribió hace unos años, “miles de personas” convirtieron a esta en la cafetera más famosa del mundo.

Quentin Stafford-Fraser, uno de los responsables de la primera cámara web. (Quentin Stafford-Fraser) © Proporcionado por El Confidencial Quentin Stafford-Fraser, uno de los responsables de la primera cámara web. (Quentin Stafford-Fraser)

Curiosos de todas partes del globo pudieron observar aquella escena (histórica pero poco emocionante) hasta 2001. En aquella fecha, el laboratorio de informática donde estos pioneros trabajaban se mudaba a otro edificio de la Universidad de Cambridge. La Trojan Room, como llamaban a la habitación donde se encontraba la cafetera, iba a desaparecer, y con ella el ya mítico electrodoméstico: “Era un poco difícil de mantener” todo el aparataje original.

La cafetera fue subastada en eBay y comprada por la revista alemana Der Spiegel. “La vendimos por el suficiente dinero como para comprar café para el laboratorio de informática durante bastante tiempo”, dice ahora, mientras se ríe, Stafford-Fraser. En concreto, la vendieron por 3.350 libras, unos 4.100 euros al cambio actual. La última imagen que se vio de ella fue la de una mano desconectando el cable de la cámara de vídeo.

La vida tras la primera ‘webcam’

Desde aquellos tiempos ya lejanos, Stafford-Fraser se ha interesado por las posibilidades que abrirían las cámaras si “se abarataban lo suficiente”. Por ejemplo, investigó lo que se podía hacer con ellas en las pizarras. Para su doctorado, allá por mediados de los 90, creó un programa que monitorizaba la imagen de una pizarra blanca y realizaba determinadas acciones si en esta se habían dibujado las marcas adecuadas. Así, si alguien hacía un diagrama o un gráfico y otra persona quería tenerlo sobre papel, había que escribir la P de 'print' (imprimir en inglés) dentro de un cuadrado. La cámara lo captaba y el ordenador lo procesaba y mandaba imprimir el fotograma:

“Comencé con webcams y ahora hago cosas como poner imágenes en paredes de lugares públicos”, dice entre carcajadas sobre un trabajo que desempeña para empresas privadas. A tiempo parcial continúa en la universidad, en un proyecto que permite a la cámara de un coche captar los rasgos del rostro de los conductores (tristeza, felicidad…) y el ambiente, para que el automóvil pueda comunicarse en consecuencia con los pasajeros del vehículo.

De este modo, si se denota frustración por un atasco, que también registra, probablemente espere para leer un mensaje de correo electrónico al conductor hasta que este se encuentre menos estresado. El objetivo, en definitiva, es “usar las cámaras para intentar mejorar la experiencia de conducir”.

Stafford-Fraser también sigue buscando nuevos usos personales para las cámaras web. Él tiene un coche eléctrico. Donde vive, ha de aparcar en la calle, frente a la puerta de su casa, y a veces no hay espacio. Esto es imprescindible para llenarlo con su particular gasolina, la electricidad, pues necesita un cable que no llega a otros lugares de la vía. “Tengo una cámara que otea la calle desde mi casa y puedo ver, incluso si está lejos, dónde hay espacio libre de aparcamiento”. Así, sabe si podrá cargar el coche al llegar a casa o si tendrá que buscar otro punto. Parece normal que haga cosas como esta: si hace veinticinco años se planteó que nadie se levantara en balde para tener café caliente, esto no le puede resultar muy difícil.

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