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Ver con la lengua y escuchar por la piel: la tecnología para traspasar los cinco sentidos

El Confidencial El Confidencial 02/11/2016 Ana Martínez Aguilar

La premisa de que el ser humano solo dispone de cinco sentidos para observar y sentir el mundo está evolucionando. La comunidad científica aprovecha el avance de la tecnología y la neurociencia para traspasar las fronteras de la percepción humana y ofrecer a nuestro cerebro nuevos canales de información. Ver con la lengua o escuchar por la piel ya es una realidad.

“No vemos con nuestros ojos, vemos con nuestro cerebro”, dijo el pionero neurocientífico Paul Bach-y-Rita. Los investigadores han sabido beneficiarse de esta cualidad en las personas para jugar con los sensaciones y capacidades del hombre. De hecho, los científicos se inspiran en lo que ya sucede de forma natural: un 4,4% de las personas experimentan lo que se conoce como sinestesia, cuando la estimulación de un sentido produce la impresión en otro diferente. Por ejemplo, hay personas que al escuchar un sonido visualizan un color o que asocian una forma a un cierto sabor.

El principio marcado por el estadounidense Bach-y-Rita es seguido en investigaciones que persiguen suplir la pérdida de un sentido en las personas, como es el caso de los invidentes. “El cerebro es donde se procesa la información de los ojos y luego se visualiza en la corteza visual. Los ojos son solo una pieza”, cuenta a Teknautas Bill Conn, gerente en Wicab, una empresa que comercializa un aparato que explota la flexibilidad de nuestro cerebro a la hora de tratar la información que recogemos.

Un niño invidente utiliza el dispositivo ‘BrainPort V100’. (Wicab) © Proporcionado por El Confidencial Un niño invidente utiliza el dispositivo ‘BrainPort V100’. (Wicab)

BrainPort V100 es un dispositivo que permite a los ciegos recibir información visual a través de la lengua. Una cámara de vídeo, colocada entre los ojos, se conecta a un procesador que emite impulsos eléctricos a una placa situada en la lengua. Los nervios sensoriales captan estos estímulos y el cerebro interpreta la información que está entrando a través del músculo y refleja lo que se podría considerar una fotografía muy peculiar del mundo.

“Ayuda a mejorar la movilidad, el reconocimiento de los objetos como puertas, ascensores u obstáculos y a identificar a las personas y sus movimientos”, nos cuenta el experto. “Cuanta más información pueda obtener un ciego mejor, es fundamental en la comprensión de su entorno”.

Conn está convencido de que podemos hablar de un nuevo sentido, aunque sea artificial. “Sienten formas en la lengua, sienten como burbujas o vibraciones. A través del entrenamiento, aprenden a entender las formas y lo que representan”. Las personas que se deciden a probarlo cuentan con tres días de entrenamiento en los que un experto les enseña a procesar la nueva información. Según los datos de la compañía, el 70% de los usuarios se sienten cómodos con el invento y lo compran.

“Los sentidos limitan tu realidad”, dijo David Eagleman, neurocientífico en Standford, en una célebre conferencia TED. El científico, un referente en el campo, ha desarrollado un producto similar, llamado VEST, junto a su equipo en en la escuela de Medicina de Baylor, en Estados Unidos. En este caso, la tecnología se dirige a ayudar a personas con discapacidad auditiva y consiste en un chaleco que convierte los ruidos en vibraciones que el cerebro aprende a interpretar como sonidos específicos. A través de la piel, la persona puede ‘escuchar’ las oscilaciones que le transmite el chaleco y, con el tiempo, entiende la complejidad de las señales sonoras.

La fusión del hombre y la máquina

La propia definición de los sentidos es objeto de debate. Aunque en el colegio nos enseñan que existen cinco, hay otros canales que le sirven al cerebro para recoger información. Es el caso del sentido del equilibrio, la propiocepción -la capacidad de seguir el movimiento y la posición de nuestro propio cuerpo-, la temperatura o incluso el dolor.

En el mundo animal, hay más sentidos de los que el ser humano carece. Muchas serpientes son capaces de ver la luz infrarroja, algunos insectos pueden notar los campos magnéticos y ciertas especies de peces detectan los campos eléctricos. En este contexto, hay quienes se plantean la necesidad de utilizar la tecnología para dotar al ser humano de más opciones sensoriales. Forman parte de una corriente que se conoce como transhumanismo.

“La integración entre las personas y las máquinas parece inevitable”, afirma Ryan O'Shea, consejero en Grindhouse Wetware, un colectivo que utiliza la tecnología para aumentar la capacidad de las personas. Fundada por Tim Cannon y Shawn Sarver, dos ingenieros y ‘biohackers’ que apuestan por la fusión entre máquinas y personas, los miembros de esta organización experimentan con los dispositivos para aumentar la frontera sensorial humana. Una de sus aportaciones son unos sensores de telemetría -capaces de medir distancias- que permiten que el usuario se construya una imagen de los contornos de la habitación en que se encuentra con los ojos cerrados.

El artista inglés Neil Harbisson (Dan Wilton/The Red Bulletin) © Proporcionado por El Confidencial El artista inglés Neil Harbisson (Dan Wilton/The Red Bulletin)

“Queremos permitir a las personas usar la tecnología para aumentar sus habilidades y superar las limitaciones biológicas”, explica O'Shea. Entre sus objetivos, figura aprovechar la información interna del propio cuerpo que sin ayuda de la tecnología no podemos percibir. Circadia es un aparato que se implanta bajo la piel, en el brazo, y que recoge información biológica y la transmite a un dispositivo conectado a internet a través de Bluetooth.

Este colectivo está trabajando en una segunda versión de Circadia para mejorar las funcionalidades. “Están explorando posibles métricas, incluyendo información sobre el pulso, presión arterial, frecuencia cardiaca, la temperatura y, con suerte, glucosa en sangre”, explica O'Shea.

Sin embargo, la invención más llamativa de este colectivo son unos pequeños dispositivos que se implantan bajo la piel. Llevan incorporados una luz roja que se activa cuando es activada por un imán, aunque, en este caso, se trata de un elemento meramente estético.

It's a great day for a #roadtrip. #Northstar#BodyMod#Biohackingpic.twitter.com/vOHVJMRzn2

— Grindhouse Wetware (@GHWetware)

19 de junio de 2016

En esto de mejorar los sentidos humanos, el mejor símbolo es Neil Harbisson, la primera persona en el mundo reconocida como cíborg por un gobierno. Este artista inglés nació con una ceguera que solo le permite ver el mundo en escala de grises y, para remediar este defecto, cuenta con una antena implantada en la cabeza que le permite identificar qué colores está viendo. Lo más curioso es que el dispositivo le permite percibir la luz en infrarrojo y en ultravioleta, unas frecuencias fuera del alcance del resto de las personas.

El campo del sonido también ofrece posibilidades a los investigadores. Kevin Warwick es un ingeniero y profesor de Cibernética en la Universidad de Reading, en Reino Unido, que se ha utilizado a sí mismo como conejillo de indias. Se implantó un microchip en el brazo para demostrar cómo podía utilizar su cerebro para mover un brazo robótico. Más adelante, incorporó sensores de ultrasonido para percibir este tipo de vibraciones, superiores a las que puede sentir el oído humano.

“El transhumanismo es el resultado inevitable de nuestra actual tasa de expansión y aceleración tecnológica”, razona O'Shea. “Se puede volar en los cielos, extraer y colocar piezas del cuerpo y hemos salido de nuestro planeta. Imagino que alguien de hace siglos podría considerar que los seres humanos modernos somos ‘transhumanos’”.

Un grupo de niños perciben las formas del entorno a través de la lengua. (Wicab) © Externa Un grupo de niños perciben las formas del entorno a través de la lengua. (Wicab)
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