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Viaje a la cuna de la carrera espacial

El Mundo El Mundo 27/03/2016

© EL Mundo Visitar Baikonur es una experiencia parecida a hacer un viaje en el tiempo. La ciudad del sur de Kazajistán en la que la URSS construyó en los años 50 el cosmódromo desde el que Rusia sigue lanzando la mayor parte de sus misiones espaciales y entrena a sus cosmonautas, aún conserva el aspecto de la época en la que este lugar se convirtió en la primera puerta de la Humanidad al espacio. Sus sobrios edificios, sus monumentos, sus calles o el mobiliario de los hoteles irremediablemente transportan al visitante a la década de los años 60.

Las anchas tuberías que habitualmente están enterradas, aquí están al descubierto y recorren una ciudad en la que el gris es el protagonista, sólo interrumpido por los coloridos columpios para niños. En sus plazas se alternan con naturalidad estatuas de Lenin con aviones y cohetes en desuso exhibidos en pedestales. De vez en cuando, se ven algunos caballos y vacas habituadas a la estepa en la que durante muchos años prácticamente sólo había camellos.

La ciudad de Baikonur fue construida en plena Guerra Fría para albergar a las familias de los empleados que trabajaban en el puerto espacial situado a pocos kilómetros. La estética y el confort no fueron una prioridad. A tres horas en avión de Moscú (situada a 2.500 kilómetros) y con un clima extremo casi todo el año (los locales aseguran que los termómetros oscilan entre los -20ºC del invierno y los más de 40ºC que se alcanzan en verano), el cosmódromo está enclavado en un lugar remoto, de difícil acceso, casi despoblado y hostil para el hombre. Como debía ser. Y es que se trataba de mantener en secreto las actividades que aquí se desarrollaban. Se cuenta que fue denominada Baikonur para despistar a los americanos, pues así se llamaba un pueblo minero de la ex república soviética situado a 300 kilómetros.

«Hasta 1955 aquí no había nada», recuerda Galina Milkhova, subdirectora del museo de la ciudad. «Un año antes, llegaron los militares y sus familias, pero no sabían que iban a construir un cosmódromo. Cuando uno de los trabajadores le preguntó a Serguéi Koroliov [ingeniero y diseñador del programa espacial soviético], éste le respondió que iban a levantar el estadio más grande del mundo», señala. Desde Baikonur (antes llamada Leninsk) se lanzó el primer objeto creado por el hombre (el satélite Sputnik) y decenas de cosmonautas caninos (tras la muerte de Laika, Belka y Strelka regresaron vivas a la Tierra convertidas en auténticas heroínas tras confirmar que los seres vivos pueden sobrevivir al ambiente espacial).

Pero, sobre todo, Baikonur es el lugar desde el que el 12 de abril de 1961 despegó Yuri Gagarin, el primer humano en viajar al cosmos y el gran héroe de la época dorada soviética de la exploración espacial. Durante una década la URSS se adelantó a EEUU, que consiguió su primer gran hito en 1969, cuando puso a sus primeros hombres en la Luna.Que Baikonur es un sitio especial se percibe antes de bajar del avión, cuando se divisan kilómetros y kilómetros de la monótona estepa kazaja en la que periódicamente caen los cosmonautas y astronautas apretujados en las estrechas cápsulas Soyuz cuando regresan a la Tierra tras sus misiones en la Estación Espacial Internacional (ISS). Es una tradición que, tras el aterrizaje, sean acomodados en sillas de piel para habituarse a la gravedad terrestre, y se coman una manzana, un producto que, por cierto, tuvo su origen en el territorio que hoy es Kazajistán. El satélite Sentinel-3A fue lanzado el pasado febrero ESA Hoy en día sigue siendo el mayor cosmódromo del mundo y su actividad es intensa. 

El papel de los rusos

© El Mundo Cuando EL MUNDO visitó a mediados de marzo sus instalaciones con motivo del lanzamiento de la nave ExoMars2016 a Marte, despegaron otras dos misiones en un plazo de seis días: un satélite de observación terrestre y una nave Soyuz con tres tripulantes rumbo a la ISS. Tras la jubilación de la flota de transbordadores de la NASA y mientras construye nuevas naves, EEUU depende de los rusos para mandar al espacio a sus astronautas, pues sólo Rusia y China pueden mandar en estos momentos vuelos tripulados.Rusia sigue siendo una de las grandes potencias espaciales, pero la situación actual de su programa dista del pasado glorioso que se ensalza en Baikonur.

Por un lado, ha encadenado en los últimos cinco años varios lanzamientos fallidos (ha perdido diversos satélites, dos cargueros no tripulados con suministros para la ISS y la nave robótica Fobos-Grunt, que iba a traer muestras de esa luna de Marte a la Tierra). Por otra parte, los restrictivos presupuestos del Kremlin para el espacio debido a la crisis económica (con recortes de alrededor de un 35%) han obligado a la agencia rusa, Roscosmos, a replantearse su programa y sus planes de mandar humanos a la Luna a finales de los años 20.Hay menos dinero para el espacio y la construcción en el Óblast de Amur (Siberia), cerca de la frontera con China, del nuevo cosmódromo ruso de Vostochny, con el que el presidente ruso, Vladimir Putin, pretende reducir la dependencia de Baikonur, está costando más de lo esperado y está sufriendo retrasos.Un alquiler de 115 millones de dólares anuales 

Y es que, a pesar de su intensa actividad y de su idónea ubicación para los lanzamientos espaciales, cerca del Ecuador, Baikonur tiene una importante pega: desde la desintegración de la URSS, está en un país extranjero. Se trata de un territorio alquilado y administrado por Rusia, que cada año paga al Gobierno de Kazajistán 115 millones de dólares por mantener el control sobre estas instalaciones. El contrato de alquiler se ha prorrogado hasta al menos 2050, pero el futuro del legendario cosmódromo es incierto y con él, el de sus habitantes, cuya economía se basa en el espacio. «Aproximadamente entre el 70 y el 75% de los 56.000 habitantes de Baikonur son kazajos», explica un trabajador de Roscosmos que nació aquí.

Además de Baikonur, Rusia cuenta con otros tres cosmódromos, que se usan sobre todo con fines militares: Plesetsk, Kapustin Yar y Svobodni, que quedará unido al de Vostochny, a cuya construcción se destinarán al menos unos 2.700 millones de dólares. Plataforma de lanzamiento Gagarin. Desde aquí se lanzó el satélite 'Sputnik' en 1957 y la nave de Gagarin en 1961 TERESA GUERRERO El primer despegue desde el nuevo puerto espacial de Vostochny, a 8.000 km. de Moscú y con una localización geográfica menos favorable que Baikonur para los lanzamientos, está programado para abril.

Los vuelos tripulados se iniciarían en 2019, según Roscosmos. Su director, Igor Komarov, informó el 21 de marzo de que de las pruebas en el cosmódromo acababan de iniciarse con éxito. Baikonur seguirá siendo utilizado, al menos, durante los próximos años, aunque el plan de Moscú es que el porcentaje de lanzamientos rusos que acoja baje del 65% actual al 11% en la próxima década. Sea cual sea su futuro, al menos este extraño lugar seguirá siendo un museo al aire libre de los sueños del hombre. Monumento a Yuri Gagarin. Cada abril (el mes en el que viajó al espacio), el sol se pone entre sus brazos.

TERESA GUERRERO YURI GAGARIN, SÍMBOLO DE LOS TRIUNFOS SOVIÉTICOS

© El Mundo El Centro de Entrenamiento de Cosmonautas Yuri Gagarin, la casa en la que vivió Gagarin, el monumento a Gagarin, el Museo Gagarin, el árbol que plantó Gagarin... La figura del primer hombre que viajó al espacio es omnipresente en Baikonur, desde donde también despegó Valentina Tereshkova, la primera mujer en ir al cosmos. Baikonur es un santuario para cualquier fan del espacio que, además de visitar los mencionados lugares, puede ver de cerca las plataformas de lanzamiento de los cohetes o presenciar un lanzamiento espacial en directo.

Sin embargo, y pese a que el Gobierno de Kazajistán no ha ocultado su deseo de convertir la ciudad de Baikonur, cuya economía depende casi por completo de la actividad espacial, en un destino turístico que aporte ingresos a sus arcas, las visitas de turistas y de periodistas son estrictamente controladas por el Gobierno ruso y están muy restringidas. Cerca del aeropuerto de Krainy, un monumento denominado 'El pescador' da la bienvenida a los visitantes. Fue erigido para conmemorar el paseo espacial que Alexey Leonov hizo en 1965, el primero de la Historia.

Y es que pasear por Baikonur es como recorrer un gran museo en el que se glorifica el pasado glorioso y en el que queda diluido el trágico y temprano final de su gran héroe, al que las autoridades no le permitieron seguir pilotando. Gagarin, al que no le fue fácil lidiar con la fama y tuvo problemas con el alcohol, falleció en 1968 a los 34 años en un extraño accidente de avión cuya investigación se prolongó durante décadas. Baikonur también fue el escenario de dos terribles accidentes, cuyas víctimas son homenajeadas en el Parque de los Soldados. El 24 de octubre de 1960 hizo explosión un misil balístico durante una prueba en la plataforma de lanzamiento. Hasta 1989 los familiares de los 72 fallecidos no supieron la verdad del llamado desastre de Nedelin. En 1963, tres años después de aquella explosión y casualmente también el 24 de octubre, murieron ocho personas en otro accidente con un misil R-9. Desde entonces, no se realizan lanzamientos el 24 de octubre.

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