Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Vida de Galileo

Notodo Notodo 01/03/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Vida de Galileo" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Vida de Galileo"

"En el 1609, la tierra por fin se mueve..."
Una plataforma giratoria en mitad de la sala principal del Teatro Valle-Inclán, con el público rodeándola, es el eje de la puesta en escena de esta Vida de Galileo dirigida por Ernesto Caballero. La obra de Bertolt Brecht manifiesta toda su reflexión e ironía en este montaje con mayúsculas, uno de los más redondos (en todos los sentidos) de la temporada.

"Nadie puede ver mucho tiempo cómo dejo caer una piedra y digo que no cae", declara un optimista Galileo aunque, más adelante, constate una resistencia generalizada a admitir evidencias empíricas. Mide mal el poder de las creencias o, si se prefiere, de las conveniencias. Y es que, como dijo Einstein (sobre cuya figura Brecht también proyectó escribir una pieza), resulta más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio", comenta Caballero en la presentación de la obra. Una obra, un viaje, que narra la vida de esta figura fundamental de la ciencia de manera amena y con una fórmula perfecta. El director vuelve a hacer gala de un importante despliegue de medios (como ya hiciera con su Rinoceronte) para narrar una historia acerca de la intolerancia. “¡El nazismo es la peste. El fascismo es la peste. El totalitarismo es la peste. El nacionalismo es la peste!”

Pero este despliegue de medios se traduce hábilmente en una puesta en escena de apariencia envidiablemente limpia y sencilla (pese a su complejidad), que utiliza de forma poética y maravillante esa plataforma giratoria encima de la que se mueven los 14 intérpretes y sobre la que se proyectan ora la superficie lunar, ora la terrestre, un mecanismo de relojería o el virus de la peste. Los personajes, todos vestidos de negro (el vestuario es sobresaliente en su concepto) se mueven sin moverse, como intenta explicar mil y una veces Galileo a los oídos sordos que tiene por público. Un espectacular diseño de iluminación y un concepto sonoro que incluye música en directo y la sobrenatural voz de Alberto Frías completan una puesta en escena impresionante y de sobria apariencia.

Aunque Caballero pone a nada más y nada menos que 14 actores en escena (algo casi imposible de ver en estos tiempos de recortes) que realizan una labor espléndida y sin fisuras; magníficos todos y cada uno de ellos. Pero, inevitablemente, sobre todos, destaca un Ramon Fontserè absolutamente genial. Que además tiene una presentación ya curiosa, puesto que la función empieza con un ensayo de la misma en el cual se presenta el mismísimo Brecht. "¿Y quien hace de Galileo?", pregunta el autor. "Un actor que se llama Ramon Fontserè, de Torelló". "¿Ramón? ¿Dónde está Ramón?", se preguntan sus compañeros. "Da igual, yo seré Galileo", acaba por decir Brecht/Fontserè/Galileo. Este tono irónico-cómico se mantendrá durante toda la función. Un espectáculo que muchos podrían pensar es un ladrillo, pero nada más lejos de la realidad (bueno, depende del sentido del humor de cada uno). Porque las sonrisas y risas no faltan, propiciadas por el texto brechtiano pero lanzadas a la palestra de manera maravillosa por un Fontserè en estado de gracia, que se pone en la piel de este Galileo sin ningún tipo de esfuerzo aparente. Su composición resulta tan natural que encandila sin remedio. Grande, muy grande Fontseré.

Vida de Galileo expone el enfrentamiento ciencia/Iglesia, progreso/inmovilismo, hechos/creencias (nos resulta ahora incomprensible que, teniendo posesión de hechos irrefutables a la vista, nadie quiera aceptar las teorías de Galileo, pero es que tampoco vivimos cosas muy diferentes en el día a día), la responsibilidad social de la Ciencia y pone a debate la retractación de Galileo (héroe de la Ciencia o traidor a la Humanidad). Este Vida de Galileo es una función que avanza lenta pero segura (como el movimiento terrestre), interesantísima, irónica, compleja y sencilla a la vez, accesible para los neófitos y disfrutable para los expertos. Un experiencia completa y en movimiento. Un hecho irrefutable de que el teatro puede entretener y formar a partes iguales.



Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Notodo

image beaconimage beaconimage beacon