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Villa hace buena la prueba a Diego Costa

EL PAÍS EL PAÍS 08/06/2014 Luis Martín

Juan cruzó hace 40 años la frontera de los Estados Unidos siendo un adolescente huyendo de la guerra en El Salvador. En Washington conoció a su esposa, que le dio tres hijos: los dos mayores son marines, con carrera universitaria; la tercera está a punto de terminar un máster en biología. Camarero en un hotel en el centro de la capital federal, ayer por la mañana solo pedía una cosa, camino del TedExField de Landover, donde acudió a animar a la selección de su país: que España no les humillara.

En el último amistoso de España antes del Mundial, La Roja fue muy superior, Fàbregas falló un penalti, Busquets estrelló un balón en el larguero, pero al final Juan se fue contento a casa. España sólo pudo ganar al Salvador por 2-0, goles de Villa, que lleva 58 en los 86 partidos con la selección. Juan puede estar contento, pero Del Bosque también: Costa está recuperado y pudo hacer debutar a De Gea.

El seleccionador pasó el algodón sobre media selección y la prueba no dejó engaños. Ya sabe que Diego Costa está para ser titular contra Holanda: aguantó 73 minutos; a Juanfran el tobillo le da para subir y bajar como un ascensor; Javi Martínez entiende los automatismos que se le exigen al central; Fàbregas le sirve para llevar el volante como le sirvió de falso nueve; y Koke mezcla bien con Alonso aunque Busquets sea mucho Busi. O sea, que por mucho que se trate siempre de ganar, porque el prestigio existe y exige si eres lo que eres, campeón del mundo, hay días, como el de Landover (Maryland), con el Mundial a la vuelta de la esquina, que al final de lo que se trata para no torcer el mostacho es que a ojos del salmantino se advierta actitud, y estilo, conceptos, voluntad y coherencia en las formas, eso que Del Bosque resume como la mirada, de Koke o de quien sea, más allá de que a España le costara 60 minutos batir al portero de los salvadoreños.

Al final tuvo que ser David Villa, un 7 con sabor a 9, el que le dio a La Roja lo que se había ganado. Remató El Guaje cuando Costa parecía dispuesto a marcar su primer gol con España, pura cuestión de instinto. Igual con otro resultado, el asturiano hubiera sido más generoso. Pero ayer, después de ganar la posesión, los duelos por el balón, la estadística de remates, faltaba ganar el partido. Y ahí apareció El Guaje.

Más allá de que faltaron goles en el primer tiempo, o sea, un poco de salsa al cocido, y nunca mejor dicho, dada la temperatura a la que se gestó el juego, La Roja tardó en dominar el partido lo que le costó recuperar la pelota tras el saque de centro: apenas unos segundos. A partir de ahí, el juego se desarrolló en 20 metros, volcado el partido sobre la portería de Hernández. Fue un esparring la selección del catalán Roca, que si no se venció antes en el marcador fue porque a los tres minutos Fàbregas desaprovechó el penalti que el portero cometió sobre Costa. Y porque uno tras otro, los 11 remates en el primer tiempo quedaron sin premio. No cambió la situación tras el descanso, cuando Silva, Villa y Cazorla le cambiaron la cara al equipo, pero no los gestos.

Lo de ayer en el estadio de los Redskins fue un entrenamiento con público, que sirvió básicamente para probar el muslo de Costa y dar minutos a siete de los ocho jugadores que se han incorporado esta semana procedentes de la final de Lisboa, de entrada a todos menos a Villa, que llegó a tiempo. El brasileño aporta el hecho diferencial al equipo de jugar mejor lejos del balón que al tenerlo, así que de sus desmarques a la espalda de la zaga azul dieron rédito el equipo, que gana verticalidad y sorpresa más allá del control y el toque. Puede que víctima de su ansiedad, perdiera el gol.

Cuando un equipo domina con tanta superioridad que la estadística advierte que da 400 pases en 45 minutos por menos de 90 del rival, el resumen es evidente: atacar a un muro no resulta fácil y menos si falta una marcha por activar, cosa lógica cuando se huele el Mundial y no se quiere arriesgar a que una desgracia te baje del avión, al que la selección se sube mañana en Baltimore camino de Curitiba. Pese a que el marcador pueda engañar, Del Bosque tenía motivos para irse contento del partido. Y Juan, el camarero salvadoreño, también.

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