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Villar: peor la traición que la cárcel

Logotipo de El Mundo El Mundo 29/09/2017 ORFEO SUÁREZ

Más dolido por la traición que, incluso, por el paso por la

cárcel de Soto del Real

, donde algunos de los reclusos bromeaban al pedirle entradas para los partidos de España. De esa forma se siente Ángel María Villar, según sus más allegados, mientras devora los miles de folios del sumario, como en los tiempos en los que estudiaba Derecho en Deusto. Dice convencerse, hoja tras hoja, de que no existen delitos de los que tenga que responder, y continúa como si repitiera lo que clamaba por los pasillos de la Federación con su caminar apresurado y su hablar al viento: «En este país, si los jueces y la policía te quieren meter en la cárcel, te meten».

El juez Santiago Pedraz lo hizo respaldado por un duro auto, en el que se ponía en evidencia el sistema clientelar de la Federación, aderezado con las escabrosas filtraciones del sumario, así como los beneficios económicos que obtenía la mano de hierro del presidente suspendido, el vicepresidente Juan Padrón, y las presuntas

prebendas obtenidas por su hijo Gorka

gracias a los partidos amistosos de la selección.

Sin embargo, no son pocos los juristas, aparte de los que llevan su defensa en el bufete Rodríguez Ramos, que consideran desproporcionada la escenografía de la operación Soule, algo que reconocen hasta algunos de los más críticos con Villar en el pasado. En su opinión, estamos en tiempo de «sobreactuación policial». Cuando Villar llegó acompañado por agentes de la UCO a la Federación, el jefe de seguridad del organismo les dijo que habitualmente entraba a las oficinas por el párking, a lo que éstos se negaron: «¡Por la puerta!».

"Los tuyos te matarán"

Después de salir de la cárcel, Villar, refugiado en su domicilio de la capital, esperaba el apoyo de aquellos que se habían beneficiado de su propio sistema, en especial los presidentes de las federaciones territoriales, los barones. Pasaban los días y el mayor protagonista era el silencio. El único consuelo le llegaba de sus vecinos. Dolido, pidió verse con ellos en el mes de julio. En la sala de un hotel de Las Rozas, cerca de la Ciudad del Fútbol, esperó sin éxito. Nadie se acercó. Sólo una llamada: «Tienes que dimitir». Villar se debatió entre la cólera y las lágrimas, y recordó lo que dijo una persona allegada: «Los tuyos te matarán».

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En las siguientes semanas, fueron más los que se sumaron a la petición. Enrocado y aislado, se cuestionaba por qué prácticamente ninguno le preguntaba cómo se encontraba, si necesitaba dinero, debido al embargo de sus cuentas. Le requisaron también su teléfono, por lo que debía pedir los números de nuevo. El resquemor creció en su interior, aumentado por la decisión de Luis Rubiales, presidente de la AFE y al que habría apoyado como sucesor, de votar a favor de su suspensión cautelar en la directiva del CSD. Rubiales no tenía otra salida, salvo la incomparecencia. No es su estilo. Es un tipo frontal.

Villar es consciente de que ya no volverá a la Federación, puesto que se encuentra ante un proceso penal de largo recorrido, de años. «Soy como un apestado», dice. Su resistencia es, sin embargo, lo único que tiene y con la que ha bloqueado la situación. Rubiales es, hoy, el mejor posicionado ante unas elecciones, pero a medida que el proceso de sucesión, sea por dimisión o por moción de censura, se dilata, aumentan las opciones. Una mayoría de barones sostienen que apoyarían al presidente de la AFE, pero la experiencia vivida por Villar convierte en papel mojado la palabra dada en las cañerías federativas. En realidad, ha sido víctima de su propio sistema: todos intentan sobrevivir, y eso implica aliarse al mejor postor en función de las circunstancias.

Clientelismo por sistema

Javier Tebas, presidente de la Liga y látigo de Villar en el pasado, podría apoyar a cualquiera de los que convivió con él, incluso a Juan Luis Larrea, presidente en funciones, con el único fin de impedir la llegada de Rubiales. La operación Soule ha acabado, pues, con Villar, pero no con la guerra, con los intereses y los personalismos. Con el sistema, en una palabra. El clientelismo no es un problema exclusivo de la Federación, sino un mal endémico de la cultura política del país, sea en federaciones, partidos políticos o sindicatos. Es sistémico.

Alejandro Blanco, presidente del COE y aliado en el pasado de Villar, le pidió que dimitiera por el bien del fútbol, incluso consiguió reunirlo con los presidentes territoriales. Apenas hablaron la mitad, como si se sintieran intimidados, dominados por el dirigente moribundo. Villar dijo que no dimitía, y que sólo lo haría cuando él quisiera. Si lo hizo en UEFA y FIFA, mantiene, es porque en esos organismos fue nombrado, no elegido como en la Federación.

Hay que ver si todos los barones darán el paso de apoyar la moción de censura, prevista para noviembre, que pactaron tras verse con el secretario de Estado, José Ramón Lete. Varios de ellos, ahora, dudan. Larrea estaría dispuesto a seguir lo que resta de mandato, previo pacto con Tebas, después de 29 años de abnegado servicio a Villar, Rubiales aprieta sus apoyos para estar en condiciones de presentarse públicamente y en el entorno de la Federación y la Liga buscan personajes que pudieran aglutinar mayor consenso. Se han dirigido a Emilio García Silvero, ex abogado de la Federación ahora en la UEFA, pero no se siente especialmente tentado. Han pensado, asimismo, en nombres como los de Manuel Llorente, ex presidente del Valencia, o Eduardo Bandrés, ex consejero de Economía y Hacienda de Aragón y ex presidente del Zaragoza. Suspiran por un caballo blanco, mientras afirman que Villar, un día deprimido y al siguiente eufórico, está fuera de la realidad. Lo que nadie sabe ya es qué realidad es la buena.

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