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'Violencia es cobrar 600 euros'

Logotipo de El Mundo El Mundo 01/10/2017 SALVA TORRES

Espai Visor ha empapelado las paredes de su sala con imágenes, textos y diferentes gamas de colores en torno a la precariedad laboral y los álbumes familiares, que Inmaculada Salinas toma como referentes para revelar cierta subjetividad femenina. De ese trabajo, aludido mediante su representación a punto de cruz, tan típicamente femenina, y de esas fotos, compradas en rastros y obtenidas a través de Internet, da cuenta la artista en la muestra Relecturas, premio a la

Mejor Exposición de Abierto Valencia

, que por quinto año ha organizado LaVAC (Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana).

Más concretamente, ha sido la pieza titulada Violencia es cobrar 600 euros la que ha adquirido la Conselleria de Cultura por 3.000 euros, a modo de representación simbólica del conjunto. Un conjunto expositivo centrado en manifestar, de una manera dialéctica, lo que Roland Barthes llamó por un lado el studium, o parte documental de una imagen, y el punctum, o lado punzante de la misma, por cuanto sale a tu encuentro y duele al provocar una sacudida en la mirada. Inmaculada Salinas hace lo propio montando, en un primer espacio, fotos anodinas de cientos de álbumes familiares, con citas autobiográficas de filósofos y escritores cuyos nombres son obviados, al tiempo que sus textos son «feminizados», como destaca Mira Bernabeu, responsable junto a Miriam Lozano de la galería Espai Visor.

De esta forma, «nos muestra la parte oculta de la familia», subraya Bernabeu. Parte oculta que las citas hacen visible, al confrontar ese carácter documental de las asépticas fotos familiares de personas desconocidas, con la carga de profundidad que contienen los textos, reflejo de ese mundo interior más penetrante y misterioso. Allí donde centenares de familias («hay 309 fichas, un tercio del total de la verdadera pieza») evocan un pasado difuso, las citas autobiográficas apelan a la rememoración e incluso revitalización de esos instantes muertos. Aquí, desde luego, una imagen no vale más que mil palabras, sino que las palabras ayudan a sumergirse en la superficie helada de esas imágenes.

«Inmaculada Salinas trabaja con la secuencialidad y los archivos, cuya acumulación dota de sentido a su obra», explica Bernabeu. En otra pared, esa misma secuencialidad se refiere a una serie de librerías de Londres que la artista fotografía, junto a diversos ejemplares de esas mismas librerías en los que introduce dibujos de color realizados de una manera automática, monótona, con el fin de donar generosamente esa obra a quien luego adquiera el libro. «Idea absurda», señala Bernabeu, que viene a provocar igualmente la reflexión en torno al trabajo y su futilidad.

Es la pieza Violencia es cobrar 600 euros la que proclama de forma más abierta esa reflexión en torno al trabajo, su precarización, y el propio esfuerzo muchas veces desperdiciado. «Tiene una parte feminista, social y política. Habla del trabajo y de la remuneración del artista», apunta el responsable de Espai Visor. Y señala al espacio donde Salinas confronta ciertas formas abstractas esta vez con imágenes de personas disfrazadas. «Dualidad entre el hecho de trabajar y gente que se divierte; tiene ese punto irónico de querer descontextualizar».

El «mural» de 534 piezas, integrado por fotos sacadas de los periódicos y diferentes gamas de colores que realiza de forma mecánica, alude nuevamente a mujeres en diferentes lugares y contextos sometidas a la secuencialidad del trabajo. Ese diálogo entre imágenes y colores fue luego objeto de una publicación, cuya mala edición fue aprovechada por la artista para reivindicar una utilización distinta del libro. «Un tiempo a la basura que ella recicla», sostiene Bernabeu, quien muestra finalmente el escaparate de la galería como parte intrínseca de la propia exposición.

© Proporcionado por elmundo.es

En él, se puede ver la inscripción, de nuevo a punto de cruz, de la frase «No pintamos nada». Sin duda las mujeres, pero también alusiva a la propia metodología expositiva. Y, por último, en ese mismo escaparate, un par de vídeos fruto del diálogo que mantiene con Isaías Griñolo en torno a la poesía de Jorge Riechmann: uno sobre los desastres de la naturaleza, centrado en el Parque de Doñana primeramente calcinado y luego mostrando ciertos brotes verdes, y el otro sobre el trabajo, de nuevo sometido a reflexión por paradójico. Como paradójica es la obra de Inmaculada Salinas, tan volcada sobre la superficie de las imágenes como evocadora de ciertas enigmáticas profundidades.

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