Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Vivian Maier

Notodo Notodo 16/06/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "Vivian Maier" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Vivian Maier"

Hay artistas que, sin haber conocido la fama en vida proyectan una alargadísima sombra en la posteridad, y esos son los mejores, quizá por la libertad que otorga la ausencia del espectador. Fue el caso de escritores como Kafka, John Kennedy Toole y, en este caso, la fotógrafa anónima Vivian Maier.

Al igual que cuando Walker Percy descubrió La conjura de los necios, fue la casualidad la que llevó a John Maloof a cambiar la historia cuando se topó con las fotos de Maier en una subasta mientras realizaba un estudio sobre Chicago. Deslumbrado por el poder de las imágenes de esta desconocida, investigó y se hizo con todo lo que encontraba de ella, hasta dar finalmente con la autora en Internet. Desgraciadamente solo encontró su esquela. Maloof, consciente del valor de la obra perdida, decidió promover el trabajo de Vivian Maier y ofrecer este impresionante archivo a las generaciones siguientes.


Niñera y feminista en el Chicago de la década de los cuarenta, Maier es, en tiempos de Salinger, un ejemplo más de potencia creadora en el silencio. Tomaba fotos sin descanso y sin que pareciera importar el resultado final al no poder permitirse revelar la mayoría de sus carretes. Esta Mary Poppins de la fotografía, recorría silenciosa las calles paseando con su cámara al cuello, capturándolo todo a su alrededor. Los edificios, la gente, los niños, mayores, mujeres e indigentes formaban el ambiente callejero de los cincuenta que le emocionaba y que se plasmó en una producción que es difícil no comparar con la obra de Diane Arbus. Pero lo que en Arbus siempre fue monstruoso, en Maier es más bien triste; además lo esencial en Arbus está en el objeto mientras que en el caso de Maier, se encuentra en la mirada.

Además de feminista era socialista, crítica de cine y le encantaba el teatro, al que solía ir con chaqueta, sombrero y zapatos de hombre. Tras la cámara, sus retratados se transforman en una manera muy concreta de mirar el mundo: Siempre en la calle, los niños son conscientes de la toma, las mujeres aparecen reflejando su añeja cotidianeidad, colmada de miseria, cansancio o resignación. Los hombres, si están, están en otro plano. Murió humildemente, en una casa cuya renta pagaban los niños a los que cuidó toda su vida. Advertir que Maier vivió en la oscuridad es quizá algo redundante. Pero afirmar rotundamente que su fotografía tiene una sensibilidad, una luz y una fuerza extremas gracias a esa condición extra artística de su autora, no lo es tanto.
















Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Notodo

image beaconimage beaconimage beacon