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Voluntarios contra el 'procés'

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 elmundo.es
Vista de la plaza de Catalunya de Barcelona durante la Diada / EFE © EFE Vista de la plaza de Catalunya de Barcelona durante la Diada / EFE

«Yo quiero decir que me culpo a mí mismo. Nunca he sido nacionalista, pero callé. Tenemos que reaccionar». La sala guarda silencio. Hay ojos tristes, cabezas que asienten. El hombre, jubilado, visera roja, ha levantado la mano porque, dice agarrando el micrófono, ya no puede más. En esta aula del Instituto de Educación y Trabajo de Vilanova i la Geltrú, adonde unos 50 vecinos han acudido para escuchar una charla, se produce en el turno de preguntas una especie de catarsis colectiva. Pide la palabra un chico: «¿Cómo podemos frenarlo ahora?». Y una mujer, temblando: «Nos hemos de hacer visibles ante este golpe de Estado, como con Franco. No quiero irme de Cataluña». Otra: «¿Yo puedo denunciar que la Generalitat use mis datos personales para el referéndum? Y otra: «Yo tengo el Facebook y el Twitter que echan humo. Decidme, ¿cómo rompemos el silencio?».

Este jueves por la noche, en el instituto de Vilanova (Barcelona), habló la mayoría silenciosa. A 10 días para el referéndum ilegal de autodeterminación que el Govern y sus socios quieren celebrar en Cataluña, preguntan (suplican) a la única organización cívica con entidad que, formada por gente de izquierdas, derechas y centro, rechaza el procés y defiende la convivencia y la Constitución. Se llaman Societat Civil Catalana (SCC) y llevan tres años en esto. Arriesgándose a ser la voz de los invisibles. En marzo lograron sacar a la calle a 15.000 personas en una manifestación contra «el golpe» en Barcelona. Y estos días están al límite: recopilan denuncias de funcionarios coaccionados y simpatizantes amenazados, preparan demandas, dan charlas, escriben artículos, reparten folletos y hacen de psicólogos. Crónica pasa un día con ellos. Son 400 voluntarios: abogados, profesores, estudiantes, jubilados... No cobran y soportan insultos, ataques. Son la resistencia.

Suya es la demanda por la que el Tribunal de Cuentas puede vaciar los bolsillos de Artur Mas por el dinero público del 9-N. Gracias a ellos el Supremo ha dictado que la estelada no puede colocarse en los edificios públicos. También han denunciado la adhesión de las instituciones a la Asociación de Municipios Independentistas. Han ganado en Reus, aunque no es firme. Una decena de abogados trabajan gratis en estas causas. José Domingo (Barcelona, 1959) es uno de ellos.

Ex diputado de Ciudadanos (ya fuera del partido) y socialdemócrata confeso, Domingo fundó en 2014 Sociedad Civil Catalana junto a otras 44 personas. Querían romper «la espiral del silencio». La presentación de la plataforma, el día de Sant Jordi, desbordó el Teatro Victoria. Ese año recibieron el Premio Ciudadano Europeo, como antes la PAH de Ada Colau. Él lleva con humor una carga que a veces le pesa mucho. Este jueves, acabada su jornada como letrado de la Seguridad Social, asiste a un programa de TV3, territorio hostil. «Esta vez al menos éramos dos [contertulios no nacionalistas] frente a seis [incluidos los dos presentadores]; suelo estar solo», contará al montarse en su coche a las 18.30 horas y poner rumbo al acto de Vilanova (40 kilómetros). No puede detenerse un segundo. En el móvil tiene 1.600 whatsapps sin leer. Así que llega tarde. De nuevo, el lado positivo: «Al menos esta vez no estamos rodeados. El año pasado, en la plaza, nos destrozaron el puesto y los Mossos tuvieron que escoltarnos». Isabel Fernández Alonso también estaba allí: «Fue la primera vez que me llamaron facha».

La Universidad Autónoma de Barcelona, donde Fernández es directora de departamento en Ciencias de la Comunicación, es uno de los lugares donde la intransigencia está golpeando con más fuerza. La profesora, que ha firmado el manifiesto de «intelectuales de izquierdas» contra el 1-O, nació en Coaña (Asturias) en 1969 y lleva 16 años en Cataluña. «Yo era una profesora discreta, pero nunca había vivido esto y no puedo quedarme callada. Es una verdadera agresión a las libertades». ¿Y qué es «esto»? «Los jóvenes de SCC ponen una carpa y los rodean, los insultan, les escupen, los llaman fascistas... Algunos no pueden hablar en clase porque los abuchean y les voltean las mesas. El campus está lleno de pintadas, recogen firmas para que los expulsen...». La rectora, que ha condenado el arresto de los cargos de la Generalitat, se ha negado a ampararlos. Es que provocan. Fernández aún lo «digiere». Abre mucho los ojos. Este odio le era impensable. «No nos van a callar».

Una navaja, un extintor

Laura Casado, estudiante de Lengua y Literatura Española de 21 años, militante de Cs, lo ha vivido en primera persona. «Desde la primera actividad que hicimos nos las han boicoteado todas. Nos han sacado una navaja, nos ocuparon la sala donde habíamos organizado un cine fórum y tuvimos que a ir a otra muy pequeña y bajar las persianas... La última vez nos rompieron la carpa con un extintor». (Y se llaman antifascistas). ¿Por qué hay tantos jóvenes independentistas? «Por la educación. Yo siempre he estudiado en la pública. En Historia me hablaron de los Països Catalans y en un intercambio con Alemania la profesora les llevó como obsequio unos lápices con esteladas».

«Nuestro principal éxito es haber sobrevivido», afirma riendo el presidente de la asociación, Mariano Gomá (Barcelona, 1952), arquitecto, en su sede en la calle Córcega. Tienen «pocos medios», lamenta. Nada que ver con la Asamblea Nacional Catalana. Su presupuesto ronda el millón de euros, gracias a las contribuciones de sus simpatizantes (tienen 20.000) y de «donantes anónimos». Aquí la élite empresarial y la gran banca «han estado de perfil». Mientras habla se oyen gritos de estudiantes camino a una protesta contra el «Estado opresor». ¿Qué hay de los otros catalanes? «Hay una sociedad silenciosa, que no está de acuerdo pero dice: "Al final no pasará nada". Y otra sociedad silenciada, que son comerciantes o la pequeña y mediana empresa, que necesitan clientes, y funcionarios con miedo a que les hagan mobbing. Pero esto va a cambiar». A Cs, PSC y PP les ha pedido por carta que se unan en un momento tan excepcional.

A Miriam Tey (Barcelona, 1960) la localizamos en Bruselas el miércoles y en Londres el jueves. Editora y ex directora del Instituto de la Mujer con el Gobierno de Aznar, Tey acompañaba al ex ministro socialista Josep Borrell en una gira organizada por la plataforma para explicar el procés en Europa. Difícil: el victimismo nacionalista ha cautivado a importantes medios extranjeros. El mensaje de Borrell: «En Cataluña hay un golpe de Estado de un régimen neodictatorial». Propio del nacionalismo, «xenófobo, retrógrado y fascista», añade Tey. Ella también es clave para la resistencia en el ámbito de la cultura. Hace dos años cofundó el Centro Libre de Arte y Cultura (CLAC), harta de una cultura «subyugada al poder» que margina al castellanohablante. «Ni el PP, ni Cs ni el PSC» han votado a favor de que la plataforma se presente en el Parlamento catalán. Como si no existieran.

Manuel Gómez Acosta (Melilla, 1949) es un sindicalista histórico de las CCOO clandestinas. Ingeniero industrial. Antifranquista. Llegó a Cataluña en 1974, se afilió al PSUC y fue concejal en Barcelona. Ya sin las ataduras de tener responsabilidades en CCOO, Gómez ha sido uno de los muñidores del manifiesto contra la secesión y el referéndum que el jueves reunió en las Cocheras de Sants a un millar de sindicalistas de aquellas luchas en la dictadura. Otro facha que dice que la independencia sería nefasta para los trabajadores...

«Puede ser sorprendente que alguien como yo, que viene de la izquierda más revolucionaria, colabore con SCC. Pero es un buen escenario donde convivimos personas con posiciones ideológicas muy diferenciadas. E igual que combatí el franquismo para conquistar la libertad, ahora creo que ha llegado el momento de defender la Constitución que tanto nos costó conseguir. Cataluña ha estado demasiado tiempo bajo el síndrome del pujolismo, un nacionalismo clientelar que ha sido una tela de araña que ha atrapado y ocupado todos los espacios de poder en Cataluña: la cultura, la política, el periodismo... con una clara ambición totalitaria. Y creo que la sociedad catalana necesita ser capaz de encontrar espacios para poder criticar al Govern sin las servidumbres de los partidos políticos».

Carmen Penacho, de 81 años, tiene otro pasado pero el mismo impulso. Bibliotecaria jubilada, jovial y admiradora de Cervantes, dice que encontrarse con quienes piensan como ella le ha «salvado la vida». «Antes estaba muy nerviosa», cuenta, y cuando acudió sola («era un tema tabú») al Teatro Victoria y escuchó por primera vez a los «valientes», lloró. Desde entonces se proclama «carpista». Las mañanas del sábado, esta mujer nacida en Aniñón (Zaragoza) que llegó a Cataluña con siete años, reparte folletos y desmonta «las mentiras» de la ruptura en la carpa que SCC monta en el paseo de Gracia. Dice que, momentos tensos aparte, algún señor hasta le ha estampado un beso. Aunque su minuto de gloria fue cuando en enero participó en el formato catalán de Tengo una pregunta para usted. Allí, en el plató de TV3, puso en aprietos al president por reivindicar el «tesoro» del bilingüismo que ella misma practica. «El castellano es tratado como una lengua residual que hay que barrer», le recriminó. La abuchearon. Ahora la llaman el látigo de Puigdemont.

Y sí. También hay versos muy sueltos en esta nómina. Como Xavier Capelles (Manresa, 1966), un abogado de Derecho tributario que militaba en la Unió de Duran i Lleida. Capelles deja claro que él defiende «el derecho a decidir» pero «con legalidad y legitimidad»: «Todo referéndum tiene que ser pactado. Y nunca puedes empezar a negociar llamándole ladrón al otro ni insultándole. No puedes saltarte las leyes. El fin nunca justifica los medios». En Sociedad Civil está porque le «respetan». A los suyos, los de «la tercera vía», los vilipendian «los unos y los otros». «Hay que negociar, ¡es el siglo XXI! Póngalo así: que vean que hay catalanes que queremos el diálogo», implora, apenado. «Me ayudará a consolarme, porque yo sufro».

El día acaba muy tarde en Vilanova. Desde la mesa de ponentes, Rafael Arenas, profesor de Derecho Internacional, dice que el Estado lleva años haciendo dejación de sus funciones en esta tierra; que han estado solos; que incluso los partidos no nacionalistas, sobre todo el PSC, compraron el discurso. En la sala, la pregunta queda en el aire: ¿por qué no convocan una concentración antes del 1-O? El presidente de la asociación contesta a Crónica: «Hacemos un llamamiento a la calma y al respeto a las leyes. Hemos de huir de la confrontación que buscan los líderes del proceso separatista».

Quizá algo esté cambiando. Desde el fondo de la sala, una mujer despierta los aplausos y las carcajadas de los invisibles cuando toma la palabra: «Os voy a contar lo que hice ayer. Harta de tanta cacerolada, iba a cerrar la ventana, pero me dije: ¿y por qué voy a tener que cerrar yo la ventana de mi casa? Así que cogí el equipo de música, lo saqué al balcón y puse Gloria Estefan a toda caña: ¡Abriendo puertas, cerrando heridas!.»

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Vídeo proporcionado por Europa Press

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