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Westworld

Notodo Notodo 20/10/2016 José Martínez Ros
Imagen principal del artículo "Westworld" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Westworld"

Texto: José Martínez Ros
Antes de ahora
Westworld, el libro, ya había sido adaptada por el propio novelista en 1973, en Armas de Metal, una divertida cinta de ciencia-ficción donde destacaba Yul Brynner casi parodiando su papel estelar en Los siete magníficos. La película, hecha con medios escasos incluso para la época, se convirtió en un éxito por sorpresa, y con el paso de los años ha adquirido un modesto estatus de culto. La premisa es puro Crichton (de hecho, la reutilizaría un par de décadas más tarde, cambiando los androides homicidas por dinosaurios hambrientos): en algún momento del futuro, una gran empresa ha creado un parque temático centrado ambientado en el Lejano Oeste, en el que los “actores” son robots idénticos a seres humanos.

La única diferencia es que los androides son, en teoría, incapaces de dañar a los turistas humanos, mientras que ellos pueden “utilizarlos” para deshogar sus pulsiones, sean del tipo que sean: es un lugar en el que los actos, por crueles, por salvajes que sean, no tienen consecuencias, porque se cometen sobre... máquinas.


Gracias por su (nueva) visita
A los visitantes se les conoce como “invitados”, mientras los sobots son los “anfitriones”, cada uno con su papel en su crebro electrónico. Por supuesto, al llegar cierto punto, los robots empiezan a actuar de una manera, digamos, inusual. Imprevista. Peligrosa. En particular dos robots femeninos, Dolores (Evan Rachael Wood), la hija de un ranchero, y Maeve (Thandie Newton), la madame de “saloon”, experimentan visiones que no se corresponden a su programación.

Contando con mucho más metraje, un grupo de actores de élite y un presupuesto mucho mayor, Nolan se toma su tiempo para presentarnos el lujoso escenario de Westworld, un destino vacacional de moda para los ricos y poderosos que acuden en busca de emociones fuertes, de aventuras, sexo y violencia, con la forma de un elegante thriller futurista con ecos a Philip K. Dick, el autor de ciencia-ficción que mejor ha explorado el horror ante la duda si lo que tenemos delante es real o no.


Después de ayer
El Westworld de Nolan es un sofisticado universo en en el que todo funciona aparentemente de forma perfecta, como un gran espectáculo inmersivo, un videojuego en directo y a gran escala, desde la llegada del tren con su locomotora de vapor a la ciudad a los asaltos de los bandidos, bajo la supervisión de su creador, el Dr. Frost, interpretado por un Anthony Hopkins a medio camino entre el mad doctor clásico y un benévolo demiurgo, secundado por sus adjuntos Lowe (Jeffrey Wright) y Cullen (Sidse Babett Knudsen).

Sin embargo, bajo esa eficiente superficie, intuimos que hay agendas ocultas, planes secretos que no se desvelan en un primer momento, lo que nos recuerda a los primeros compases de Lost (J. J. Abrams está entre los productores) Y, sobre todo, hay una especie de agente libre, el escalofriante Hombre de Negro, Ed Harris, el personaje más inquietante de estos primeros capítulos, que surca el parque dejando un reguero de sangre electrónica a su paso con un objetivo que solo él conoce.

Sólo el tiempo dirá si Westworld es capaz de sobrepasar las elevadas espectivas que ha creado su producción y los primeros capítulos. De momento, tenemos a magníficos actores, un entorno que hibrida ciencia-ficción y western con muchísima fuerza estética, un puñado de enigmas y una inquietante visión de nuestra futura relación con las máquinas.

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