Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Wilfredo Lam

Notodo Notodo 30/05/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "Wilfredo Lam" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Wilfredo Lam"

Impulsor de una pintura mestiza unificadora del modernismo occidental con símbolos afrocaribeños, el pintor cubano Wifredo Lam, además de impregnarse de todos los movimientos vanguardistas de su época -cubismo, surrealismo, grupo CoBrA- que incitaban a la libertad, favorecían el acceso al inconsciente o exploraban lo maravilloso a través del automatismo gráfico, se enfrentaba también a los problemas del mundo librando en su obra la misma guerra que su amigo Aimé Césaire: “pintar el drama de su país, la causa y el espíritu de los negros”. Inventó así un lenguaje propio, único y original a base de expresionismo y surrealismo que aborda los temas cubanos defendiendo y protegiendo su dignidad.

Esta exposición pretende sacarlo del cajón de los olvidados para situarlo en un lugar privilegiado dentro de la modernidad pictórica, dando cuenta de la misma en toda su complejidad y reubicando la obra del cubano dentro del panorama artístico internacional en el que desempeña un esencial papel, pues como el propio artista mismo afirmaba, “quería de todo corazón pintar el drama de mí país y expresar en detalle el espíritu negro y la belleza del arte de los negros. De esta manera podía actuar como un caballo de Troya del cual saldrían figuras alucinantes, capaces de sorprender y perturbar los sueños de los explotadores”.

El espectador podrá encontrar en su obra tantas referencias a la santería cubana como a la iconografía medieval de la alquimia. Su condición de hombre aquejado por los grandes dramas del nuestro pasado siglo, le hizo moverse como un Caballo de Troya por el mundo durante el periodo de las grandes guerras, momento en el que vivió en París donde Picasso lo tomó bajo su tutela y alimentó su interés por el arte africano y las máscaras primitivas. Ese mismo año, viajó a México donde convivió con Frida Kahlo y Diego Rivera. A comienzos de los años treinta era ya evidente su influencia surrealista, así como la de Matisse. Estos hechos se reflejan en sus cuadros mediante todos los elementos étnicos y territoriales acumulados en su imaginario y en los que profundizaría más adelante en Cuba, lugar que visitó frecuentemente antes y después de la Revolución.

La obra de Lam se caracteriza por figuras estilizadas con rostros a modo de máscaras y espectrales figuras humanas, animales y plantas que se sitúan en escenarios selváticos de poca profundidad y que recogen una síntesis de santería, surrealismo y cubismo. En la década de los cincuenta sus complejas figuras volumétricas se aplanaron y esquematizaron, y el suntuoso follaje dio paso a campos de etéreas manchas. Si tenemos en cuenta la simbiosis entre este particular estilo y su trayectoria, no podemos llegar a otra conclusión que esta: la vanguardia occidental ocupa un lugar tan importante en el conjunto de su obra como ese imaginario afrocubano al que frecuentemente se le ha limitado.

Sus dos sangres, china y negra, aportaron al pintor el interés por la imaginería afrocaribeña de lo ritual, aplicando una constante revisión de los símbolos míticos. Y ese es solo el punto de partida de su pintura. Un trabajo que comenzó con un oscuro academicismo y fue abriendo sus alas hasta englobar la vanguardia, el postcubismo y una amplísima red de significados míticos, figuras fantasmagóricas, máscaras, y bosques y selvas que solo tenían cabida en su extraordinario universo.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Notodo

image beaconimage beaconimage beacon