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Worpswede: una colonia de artistas cumple 125 años

dw.com dw.com 06/04/2014 Victoria Dannemann
En su atelier en Worpswede, el artista colombiano Felipe Cortés prepara nuevos proyectos. © 2014 DW.DE, Deutsche Welle En su atelier en Worpswede, el artista colombiano Felipe Cortés prepara nuevos proyectos.

Museos, galerías y talleres dan cuenta de la actividad de este pueblo del norte de Alemania, célebre por sus orígenes como colonia de artistas y hoy centro de nuevos creadores. Entre ellos, el colombiano Felipe Cortés.

Hacia fines del siglo XIX, un vanguardista grupo de artistas decidió instalarse en una pequeña localidad al norte de Alemania y fundar allí una colonia. Su fama atrajo a pintores y escritores y marcó un hito dentro del arte alemán y europeo. 125 años más tarde, Worpswede inicia los festejos por este significativo aniversario, pero no sólo mirando al pasado, sino que disfrutando de una actividad incesante, con nuevas generaciones de artistas.

Situado a unos 30 kilómetros de Bremen, el pequeño pueblo se desborda cada día con los buses de turistas que llegan de visita para apreciar las obras de los primeros habitantes de la colonia, así como las de los creadores actuales. Por donde se camine hay un museo, una galería o un taller. “Es muy especial que en un pueblo de sólo 5.000 habitantes haya seis museos, muchas galerías y vivan más de 130 artistas de distintas disciplinas”, explica Matthias Jäger, director de la Asociación de Museos de Worpswede.

Junto con las exposiciones permanentes, las celebraciones de este aniversario incluyen retrospectivas y nuevas miradas a la historia del pueblo y la contribución de sus artistas en diferentes épocas. “Mythos und Moderne” y “Worpswede nonstop” son sólo algunas de las actividades y exposiciones programadas este temporada.

Nace una colonia

Todo empezó en 1889. Tras pasar unas semanas pintando al norte de Bremen, en la zona conocida como Teufelsmoor (“Pantano del diablo”) los jóvenes artistas Fritz Mackensen, Otto Modersohn y Hans am Ende estaban tan impresionados por la naturaleza, la calidad de la luz, los amplios cielos y sus nubes con tintes dramáticos, que decidieron instalar allí su residencia.

Querían alejarse de la academia y desarrollar sus propios modelos y estilos. Coincidencias y corrientes artísticas confluyeron para fijar en Worpswede el centro de operaciones. A los fundadores les siguieron más tarde numerosos artistas, como Heinrich Vogeler, la célebre Paula Modersohn-Becker y el escritor Rainer Maria Rilke.

En una época en que los creadores buscaban dejar la ciudad para retratar la vida y las personas en su ambiente natural, los paisajes y la vida campesina de Worpswede fueron una gran fuente de inspiración. Los encantos que atrajeron en su momento a los artistas emergentes de la época llevaron tras de sí a los compradores de arte y turistas, como sigue ocurriendo hoy, aunque ya no mantiene el carácter original con que nació. “Hoy ya no es una colonia, sino un pueblo de artistas, muy especial y conocido en el mundo”, explica Matthias Jäger. Ya no es la isla de antaño y si antiguamente recorrer el camino hasta Bremen demoraba medio día, hoy es tan sólo media hora.

La modernidad ha llegado a Worpswede y los museos también se han renovado, con la idea de preservar y dar a conocer mejor el tesoro que guardan. Este año cuatro de los principales museos desarrollan un programa conjunto, con motivo del aniversario, en que abren sus archivos para ampliar y dar mayor contexto a las colecciones. Actividades similares están previstas en las demás pinacotecas y galerías.

Worpswede aún conserva su encanto en medio de la naturaleza y es de gran inspiración para los creadores que allí viven permanentemente. Pintores, escultores, fotógrafos, artesanos, grabadistas y músicos se nutren además de la intensa actividad cultural de la zona.

Artistas latinoamericanos en Worpswede

Además de los residentes, muchos viajan hasta aquí para hacer una pasantía, gracias al apoyo de instituciones locales a artistas emergentes. Es el caso del colombiano Felipe Cortés, quien tras dos años con una beca en Braunschweig recibió un nuevo incentivo del gobierno de Baja Sajonia, que incluye una residencia de dos meses en Worpswede.

Aquí está instalado en uno de los atelieres “Casas de los Artistas”, organismo que fomenta el trabajo de creadores alemanes y extranjeros. “Worpswede tiene una tremenda historia y eso me pareció muy interesante, además de coincidir con el 125 aniversario y poder ser parte de esto y el proceso que iniciaron un grupo de artistas tan importante”, explica el joven creador latinoamericano.

“Me impresionó mucho el paisaje. De alguna manera estaba buscando este espacio de silencio que ofrece la experiencia acá. Una pausa que permite preguntarse por los procedimientos que uno desarrolla como artista, experimentar esta nueva capacidad de observación y asumir otra mirada, otro aire”, agrega Felipe Cortés.

De Worpswede regresará a Bogotá para continuar con la exploración en el Compound Work, una suerte de collage habitable, a manera tridimensional, que recurre a fuerzas como el magnetismo, la presión o los amarres, para combinar objetos y darles un nuevo sentido en el arte. Felipe regresa, pero Worpspede no para. Este es un año privilegiado para encontrarse con la historia y el arte de este singular pueblo a través de un contundente programa con exposiciones sobre el desarrollo de la colonia, la única de las más de cien que se fundaron en su época en Europa que sigue viva hasta hoy como un centro vivo del arte y la cultura.

Autor: Victoria Dannemann

Editor: José Ospina-Valencia

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