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Y Donatella Versace eclipsó el referéndum

Logotipo de El Mundo El Mundo 01/10/2017 JAVIER CID

Ya que el Señor no guió mis pasos por las tróspidas arenas de la alta política, pues siempre fui más de bodas, tangas y bautizos que de hacer pasillo en el Congreso, voy a marcar un hito en la historia reciente del periodismo: me dispongo a escribir una crónica, ésta, sin una sola mención al referéndum, que a estas horas ya es orgía de urnas sin votos, o votos sin urnas, o qué sé yo que no sé nada.

© Proporcionado por elmundo.es

Hay que tener muchos arrestos para transitar por el 1-O, oséase, hoy, y cambiar la opereta de Puigdemont por la calamidad de Chenoa, cuyo trágico existir adquirió esta semana tintes de auto sacramental. Pero ya es hora de recuperar la España de pandereta que siempre fuimos, por más que Aznar se diese a los habanos con Bush hijo y nos creyésemos epicentro interestelar.

Se puso la cantante a ajustar cuentas con Bisbal, el zagal aquel de las volteretas y los tirabuzones, y su libro de memorias se agotó en dos horas en Amazon. Cuenta Chenoa en Defectos perfectos -la titulitis del sector editorial no conoce misericordia alguna- todos los detalles de la ruptura. Que se enteró por la prensa y, en medio de semejante padecimiento, tuvo que empaquetarle los puñeteros Grammy y enviárselos a Almería por MRW.

Eso sí que es una espeluznante radiografía de la España negra, negrísima, y no la matanza de Los Galindos. Y en lo que el libro incendiaba Twitter y zarandeaba el corazón de todos los despechados que alguna vez lo fueron, Chenoa ascendía a los altares.

Andamos, pues, con hambruna de best sellers. De Terelu Campos o de Tennesse Williams, lo mismo da. Y si ha de ser Chenoa, nuestra Madame Bovary de Arganzuela, quien nos conecte con el yo interior, con la cosa abisal de los sentimientos, bienvenida sea su literatura de verbena. Aunque el amor les acabó en estampida, a la tremenda, Bisbal y Chenoa llameaban pasión latina como nadie. Fueron bolero, fueron un tango prieto, fueron frenesí de radiofórmula.

Nada que ver con los emparejamientos que alicatan -del mismísimo alicatar- el ¡Hola! en los últimos tiempos. Por un poner, pongo aquí a Fernando Verdasco y Ana Boyer, que esta semana anunciaron boda. Y quizá sea cosa del litio, que se me descompensa con los cambios de estación, pero a mí, de siempre, el tenista y la economista me producen un terrible sopor de sopores. Como si lo suyo fuese un amor de sacristía. (Otra cosa es Tamara Falcó, pizpireta hermanísima, con esa verborrea como de Hermès que a veces parece genialidad y a veces dislexia).

Así que cambiaré de tercio para no entrar en barrena cronística. Varias cosas. Elena Furiase, el eslabón perdido del clan Flores, quiere hacer carrera en Hollywood. Chabelita, otro eslabón perdido, se ha vuelto a enredar en un trajín de trajines con su ex novio mientras el ex marido pone a caldo al ex padre, que además es el ex novio de la ex novia de Paquirrín. (No intenten descifrar el jeroglífico; es pura física cuántica). Rihanna paseó por Madrid su exótica osamenta de Barbados. Vino a presentar cacharrería cosmética en la plaza de Callao, y para tal menester se hizo traer 11 maletas. Eso es poderío, rediós, y no el trasnochado baúl de la Piquer.

Pero el gran acaecimiento de los últimos días se lo debemos a una tal Donatella. Fue en Milán, meca de alta costura y tiritos largos, al término de uno de sus desfiles. Madame Versace, emperatriz de su imperio, resucitó a cinco de las top que deflagrararon el mundo de la moda el pasado siglo, cuando el negocio iba en serio. Alambicadas como burbujas de Freixenet, Naomi Campbell, Claudia Schiffer, Cindy Crawford, Helena Christensen y Carla Bruni subieron a la pasararela en deliciosa sinfonía para cerrar la colección. Solo faltó Linda Evangelista en esta santísima trinidad, y todo fueron vítores, atracón de nostalgia, caderas de fantasía.

Qué lista es la señorita Versace, a pesar del descalabro de cirugías. De ser yo ministro de la cosa educativa, la incluiría en los dictados de Lengua y Literatura, como a Platero. Algo así: Donatella es peluda, suave, tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro...

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