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Y la broma fue a costa de Volkswagen: la ciencia más loca premiada en los IgNobel

El Confidencial El Confidencial 23/09/2016 Rocío P. Benavente

"Por resolver el problema del exceso de emisiones contaminantes de los automóviles haciendo que automáticamente, electrónicamente, los coches produzcan menos emisiones cada vez que son testados". Con este anuncio lleno de sarcasmo, el jurado de los premios IgNobel anunciaba la concesión del galardón en Química a Volkswagen, la marca que este año ha llenado titulares por el escándalo de sus mediciones de emisiones trucadas. Una vez más, estos premios que celebran el lado más divertido y absurdo de la ciencia llevaba la crítica a su escenario. Volkswagen, esta vez la broma es a tu costa.

En un auditorio de la Universidad de Harvard, como cada año, premiados, auténticos premios Nobel y un público entusiasta y plenamente comprometido con la guasa se daban cita para reírse de sí mismos. Quién podría mantener que la ciencia es solo ego y sobrebia cuando cuatro científicos de prestigio llevan a cabo una demostración de cómo las cosas se ven distintas cuando las observamos agachándonos y mirando a través de nuestras piernas, un análisis que ha merecido el IgNobel de Percepción en esta XXVI edición.

Tras una primera lluvia de aviones de papel ("con un acierto del 0,001%, decepcionante teniendo en cuenta el número de ingenieros espaciales que hay en la sala"), la gala, que tenía como tema central el tiempo, comenzaba otorgando el IgNobel de Reproducción al equipo que analizó las consecuencias de llevar pantalones de poliéster, de algodón o de lana en la vida sexual de los ratones macho. El de Economía, por su parte, iba a manos de las investigadores australianas que han estudiado la personalidad de las rocas desde el punto de vista de las ventas y el mercado. Las orgullosas ganadoras subieron a por su premio (un reloj con 61 segundos por minuto) y participaron de la broma general. "The IgNobels rocks" (un juego de palabras entre 'rocas' y 'molar').

© Externa

Una opereta en tres actos sobre los científicos malvados que aprovechan la inclusión de un segundo 'bisiesto' para robar millones de dólares, momentos de ciencia para explicar complejos conceptos con demostraciones sencillas o los hilarantes momentos 24/7 (explique un concepto técnicamente en 24 segundos y luego de forma sencilla solo con 7 palabras) amenizaban los premios. "El gen 'clock' es el culpable del 'jetlag'", recitaba sin dudar el premio Nobel Rick Roberts.

¿Sabía usted que si le pica el brazo izquierdo puede engañar a su cerebro mirándose a un espejo y rascándose el brazo derecho? Esa conclusión se llevó anoche el IgNobel de Fisiología. Lo recogió un orgulloso Chirstoph Helmchen, que explicaba que, si te pica mucho un brazo y te rascas varias veces, quizá acabes haciéndote daño y entonces, ¿no sería útil poder rascar en otro sitio y seguir aliviando el picor? ¿Quién se ríe ahora?

El IgNobel de Psicología iba justo después, para el equipo que preguntó a decenas de mentirosos cuántas veces mentían al día, y decidió fiarse de sus respuestas para establecer una diferencia entre los mentirosos compulsivos y los mentirosos estándar. Por si les interesa, un mentiroso estándar miente una media de 2,5 veces al día, así que "si Clinton y Trump mienten una vez al día, tranquilos, son mentirosos normales", resumía uno de sus ganadores al recoger el premio.

Por vivir varios meses como un ciervo, una nutria y otros animales del bosque con el objetivo de ver a través de sus ojos y costumbres el paisaje en el que viven, y por desarrollar y emplear las prótesis que le permitieron vivir como una cabra, dos investigadores compartieron el premio de Biología, mientras que la proeza de escribir tres volúmenes autobiográficos sobre el coleccionismo de moscas muertas, y de moscas que no están muertas aún, mereció el premio de Literatura. "Todo el mundo sabe que coleccionar insectos no sirve para impresionar a una mujer, pero como científicos, sabemos que hay una posibilidad de que estemos equivocados", bromeaba el ganador. 

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