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Ya es hora de que votemos online: tres propuestas para implantarlo en España

El Confidencial El Confidencial 23/06/2016 C. Otto

La pregunta suele ser recurrente cuando se acercan unas elecciones: si parece que tenemos la tecnología necesaria para ello, ¿por qué en España aún no se ha implantado el voto electrónico?

Hace años la cuestión se limitaba a los tecnófilos que, en un escenario más futurista que real, soñaban con votar a su partido favorito desde casa. Sin embargo, y a medida que otros países lo van implantando (siete de manera constante y más de una decena a través de progresivas pruebas piloto), el debate sobre el voto electrónico va ganando adeptos.

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Brecha digital, seguridad y desconfianza

Hay varios motivos por los que podemos pensar que el voto electrónico aún no se ha implantado en España, pero tres de ellos sobresalen por encima de cualquier otro: la brecha digital, las cuestiones de seguridad y la desconfianza.

La brecha digital está clara: en caso de optar por un voto puramente a través de internet, su implantación definitiva en España es pura quimera si tenemos en cuenta que, según el estudio 'La brecha digital en España', elaborado por UGT, el 23% de la población (7,5 millones de personas) nunca ha usado internet y el 25% de los hogares están totalmente excluidos del universo digital.

Evidentemente no cabría pensar en que la implantación del voto electrónico empezase directamente con el voto a través de internet (como veremos más adelante), pero, incluso si empezásemos aplicando ciertas tecnologías a las mesas electorales tradicionales, ¿tendría sentido hacer esa inversión de dinero y recursos en las zonas más pequeñas de España?

Por otro lado, la seguridad también es un tema muy a tener en cuenta. Y es que, en caso de ir implantando progresivamente el voto electrónico, el Gobierno debería asegurarse de que el sistema no sólo sea seguro, sino también auditable por observadores externos que le concedan el grado de fiabilidad.

En cualquier caso, la madre del cordero, el verdadero problema de fondo, es la posible desconfianza de los ciudadanos. Porque da igual que el sistema sea el más seguro del mundo y sea auditado por los mejores profesionales: si el ciudadano medio no quiere fiarse de que el recuento de votos no haya sido manipulado, no lo hará.

Pero no sólo los ciudadanos: si tiramos del habitual juego sucio electoral, cualquier partido que saliera mal parado de unas elecciones podría, como mínimo, sugerir o deslizar entre sus votantes la idea de que el proceso no haya sido todo lo limpio que cabría esperar. Y ese parece el verdadero motivo por el que nadie, ni la administración pública ni los propios partidos, parece atreverse a dar un verdadero impulso al voto electrónico.

Cómo implantar el voto electrónico en tres pasos

Así pues, la realidad nos dibuja un escenario contradictorio: por una parte, con la tenencia de la tecnología suficiente como para ir avanzando hacia el voto electrónico; por otra, con las (muchas) dudas y desconfianza que este sistema puede generar entre los ciudadanos, más allá de que tengan razón o no.

Entonces, ¿se puede avanzar de alguna manera? Creemos que sí. En primer lugar, empezando a implantar sistemas que, de manera paulatina y escalonada, vayan aumentando su nivel de digitalización hasta ejecutar un voto electrónico total. 

En segundo lugar, permitiendo que todos estos sistemas, evidentemente, sigan conviviendo con el voto tradicional para evitar la brecha digital y la desconfianza ciudadana.

Por ello, nos hemos propuesto repasar las tres iniciativas principales que el Gobierno español podría ir implantando para avanzar en el camino al definitivo voto electrónico o digital.

1. Voto electrónico... con papel

Se trata de uno de los primeros sistemas que empezaron a incluir una ligera capa tecnológica sobre los votos electorales. De hecho, durante el siglo pasado el voto electrónico con un papel de por medio fue uno de los más populares, sobre todo en dos de sus vertientes. 

Por un lado, las criticadísimas (y quizá obsoletas) tarjetas perforadas, cuya única información son los pequeños agujeros o hendiduras marcados por el votante y que representan a unos u otros candidatos. Con este sistema, el ciudadano puede introducir la tarjeta en una máquina, que 'leerá' su voto al instante, o en una urna para que, al cierre del colegio electoral, su voto sea leído en otra instalación.

Durante un tiempo, las tarjetas perforadas tuvieron cierto éxito en zonas como Estados Unidos, el país que mejor refleja el amplio abanico de posibilidades que otorga el voto electrónico. De hecho, las de 2004 fueron las elecciones en la que más se dividió la forma de votar.

Elecciones en Estados Unidos (2004)

TIPO DE VOTO

Registro Electrónico DirectoLector ópticoMáquina palancasTarjetas perforadasResto

VOTANTES

29,3%34,9%14%13,7%8,1%

Pese a que aún sigue vigente en algunos países, generalmente este sistema ha sido sustituido por otro que también está basado en la tecnologización del voto de papel: el lector óptico.

Con este sistema, el votante rellena la papeleta seleccionando su opción política y la acerca a un lector que escanea e identifica su voto. Este sistema ha sido usado en países como Estados Unidos, La India, Brasil, Filipinas (hasta 2010) o Venezuela, donde, pese a estar implantado entre 1998 y 2003, acabó siendo sustituido por pantallas táctiles. 

Tanto las tarjetas peforadas como los lectores ópticos no ahorran tiempo a la hora de votar, pero sí al hacer el recuento de manera más rápida. Además, como decimos, consiguen ir instalando en el votante la progresiva tecnologización de su voto.

Papeleta de muestra del condado de Sarasota, en Florida, que fue usado posteriormente. Foto: Wikimedia. © Proporcionado por El Confidencial Papeleta de muestra del condado de Sarasota, en Florida, que fue usado posteriormente. Foto: Wikimedia.

2. Registro Electrónico Directo (DRE)

Con diferencia, el sistema más extendido en lo que al voto electrónico se refiere: no sólo por su sencillez, sino también por su combinación de tecnologización y voto presencial.

El Registro Electrónico Directo es la aproximación más cercana a lo que actualmente entendemos por voto electrónico: un monitor táctil o cualquier dispositivo digital en el que, sin necesidad de papeleta, cada ciudadano puede marcar su voto en la pantalla. La información de los votos puede ser almacenada en el propio dispositivo o enviado de manera directa a un dispositivo mayor que gestione un número de votos mucho más elevado.

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Uno de los países que más ha popularizado este uso es Estados Unidos, aunque son otros dos (con el permiso de Filipinas) los que más méritos han hecho al respecto: Brasil y Bélgica. En el primer caso, el Gobierno empezó a implantar el voto electrónico directo en 1996, llegando al 100% de votos de este tipo en 2002.

Además, a partir de 2008 empezaron a implantar paulatinamente el voto biométrico mediante el análisis de la huella dactilar del votante, un tipo de voto que en las elecciones de 2014 fue ejercitado por algo más del 16% de los ciudadanos que acudieron a las urnas.

Brasil ha sido pionera en el voto mediante huella dactilar. Foto: Wikimedia. © Proporcionado por El Confidencial Brasil ha sido pionera en el voto mediante huella dactilar. Foto: Wikimedia.

En cuanto a Bélgica, fue en 1989 cuando empezó a implantar un sistema de voto electrónico directo mediante una tarjeta individual que se introduce en la máquina en la que el ciudadano acabará eligiendo su voto.

Además, la máquina acaba emitiendo una especie de resguardo que, junto a la tarjeta personal, aparentemente añade un grado de fiabilidad a la hora de que el registro de votos pueda ser auditado o estudiado en caso de cualquier tipo de reclamación.

Los votantes belgas cuentan con una tarjeta personal y un resguardo de su voto. Foto: Wikimedia. © Proporcionado por El Confidencial Los votantes belgas cuentan con una tarjeta personal y un resguardo de su voto. Foto: Wikimedia.

3. Voto a través de internet

El objetivo final, por futurista que parezca, es ese: que los españoles podamos votar a través de internet, sin movernos de casa, simplemente con nuestro móvil u ordenador.

Y ese final puede parecer idílico, pero a día de hoy contamos con varios ejemplos de funcionamiento efectivo. El mejor ejemplo es el de Estonia, que empezó con esta iniciativa en 2005, cuando implantó el voto a través de internet en las elecciones municipales. Desde entonces el nivel participación no ha parado de crecer: en las elecciones de 2014, el voto a través de internet fue el sistema usado por nada menos que el 31% del electorado.

Voto a través de internet en Estonia

ELECCIONES

VOTO EN INTERNET

2005(-)20073,1%20099,5%201125%201431%

Pero Estonia no es el único ejemplo: La India, que empezó a implantar de manera escalonada el voto electrónico en 1989, ya experimentó con el voto a través de internet en 2011. Sin embargo, las sucesivas sospechas sobre el funcionamiento del voto electrónico en general retrasó la iniciativa hasta 2014, el año en que se instaló un nuevo método de seguridad para asegurar la limpieza en las votaciones.

Además, Filipinas habilitó el voto a través de internet a partir de 2007 para sus ciudadanos residentes en el extranjero, y en ocasiones Estados Unidos también ha habilitado el voto a través de internet para sus soldados que están de servicio en el extranjero.

En definitiva, tres pasos que pueden ser ejecutados de manera progresiva, escalonada y sin eliminar en ningún caso el voto tradicional, pero siempre con un el objetivo final bien claro: que, antes o después, todos podamos votar desde casa.

(Imagen: E. V.) © Externa (Imagen: E. V.)
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