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Yogur / Piano

Notodo Notodo 15/03/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Yogur / Piano" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Yogur / Piano"

La deconstrucción de la soledad. Cinco personajes en la fiesta de un extraño que, aislados escénica y vitalmente, recitan unos monólogos que navegan entre la superficialidad más absoluta y la filosofía. Música, baile extático, continuo y desenfrenado. ¿Están drogados? Puede ser. ¿Borrachos? También. El continuo movimiento actúa como una especie de mantra posmoderno para llevarnos después a un estado de percepción de la belleza absoluto. Y los personajes se abren en canal en una función transformadora que acoge Espacio Labruc: Yogur/Piano.

Yogur/Piano. Fjögur Píanó. Un poema musical de Sigur Rós inspira a la compañía belleza y verdad escénicas. Una de esas experiencias maravillosas y catárticas que muy de vez en cuando (sólo muy de vez en cuando) uno tiene el privilegio de vivir en una sala. Yogur/Piano te conecta. Contigo y con los demás. Es así. Una función que empieza a gritos y acaba susurrándote al oído volando sobre las notas de un piano. Yogur/Piano habla de la soledad, de las relaciones, del mundo contemporáneo, de la tristeza y de la alegría. De encontrar el silencio. El ansiado silencio. De las cosas que sirven para algo. De cómo encontrarse a uno mismo. Yogur/Piano podría de hecho haber sido un pastiche posmodernista infame, para qué nos vamos a engañar. Porque es complicadísimo conjugar todas las piezas de este puzzle (porque cada una es de su padre y de su madre) y conseguir un todo. Y qué todo.

Itziar Cabello, Marta Matute, Nora Gehrig, Daniel Jumillas, Gon Ramos (también director) acompañados por la voz y música de Jos Ronda acaban por regalar una experiencia única en la que se conectan conformando un todo, transmitiendo esa energía que fluye de ellos a un público que se siente (verdaderamente) parte del espectáculo gracias a unos artistas que se toman el tiempo de mirar a los ojos de todos y cada uno de los que se encuentran en la sala.

Yogur / Piano es poesía. Es tristeza y reposo. Serena aceptación. Es compartir. Es una de las experiencias más hermosas que recuerdo. Uno sale cambiado después de ver esta pieza. Las lágrimas, purificadoras, limpian el alma mientras escuchas esa canción de Sigur Rós que inspira el título de la función. Lágrimas y sonrisas tocadas al piano, todos a una, en una de los momentos finales más hermosos que he vivido en una sala (en serio). Tal vez tenía el día un poco sensible. Pero de verdad que compartir Yogur / Piano fue como si me rompieran un poco por dentro y me recompusieran con infinito cariño. Así que sólo me queda decir una cosa más: gracias por esta maravillosa experiencia.

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