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España tarda un año más que Europa en sortear los efectos de la crisis financiera

Logotipo de El Economista El Economista 12/08/2017 elEconomista.es
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El avance trimestral del PIB del 0,9 por ciento entre los meses de abril y junio ha devuelto a España al nivel de riqueza que ostentaba en el verano de 2007, justo cuando se desataba la tormenta de las hipotecas subprime y la economía internacional empezaba a notar los efectos de una crisis financiera sin precedentes desde el crak del 29. En 2008 nuestro país aún pudo avanzar algo más por el efecto inercial del crecimiento, pero para entonces el paro, la deuda y el déficit escalaban ya a un ritmo vertiginoso.

Nada que no sucediera en otros países de la UE. Incluso Alemania tuvo que lidiar con unos efectos catastróficos y su PIB se hundió nada menos que un 5 por ciento en el año 2009, quizá el más duro en términos económicos. Francia, Italia, Reino Unido, Portugal... todos ellos fueron directos a la recesión, al igual que España, cuya economía caía más de un 3 por ciento.

El problema llegó después. Pese a que la recesión adquirió caracter de W en toda la eurozona con el estallido de la crisis de deuda en primavera de 2010, lo cierto es que Alemania, Holanda o Austria lograban capear con estoicismo el susto de los mercados y comenzaban a recuperar el terreno perdido en el bienio precedente. Mientras, Grecia, Irlanda, Portugal y España sucumbían a los envites de los mercados y se sumergían en un nuevo periodo de recesión del que no escaparían hasta casi un lustro más tarde. En medio quedaban otros países que, sin caer en las desgracias de sus vecinos del sur, se instalaban en una suerte de depresión de la que aún no se han recobrado por completo. Es el caso de Francia e Italia.

La pujanza alemana, la de Irlanda, de los países nórdicos y del Este llevó a la UE y a la eurozona a recuperar el PIB previo a la crisis en el primer trimestre de 2016. Y el hito no llegó antes por la recaída de Grecia en su tercera recesión justo un año antes; y por los pobres datos económicos franceses e italianos que, junto a España, demoraron algo más su salida de la crisis.

Nuestro país, con un vigor inusitado desde 2015, está a punto de lograr su tercer año consecutivo con un crecimiento superior al 3 por ciento, clave para que, en pleno verano, haya recuperado su PIB histórico de 1,16 billones (gráfico superior). Es algo que aún no han logrado ni Italia, sumida en la ingobernabilidad; ni Grecia, que se ha dejado una quinta parte de su tamaño en esta última década. Portugal, contagiada por los buenos datos de su vecino ibérico, también ha conseguido el hito, pero presentando unos desequilibrios semejantes a los de nuestra economía.

Porque decir que se ha pagado toda la factura de la crisis financiera sería erróneo, al menos en nuestro caso. Mientras en Alemania o Austria el paro está en mínimos históricos, España supera un desempleo del 17 por ciento que dobla al que registraba en 2007, cuando coyunturalmente se situó en el 8 por ciento. La deuda es, quizá, el otro gran problema a corto y medio plazo. España terminó el 2007 con un nivel de pasivo inferior al 40 por ciento y hoy linda el 100 por cien (más de 1,1 billones), aunque su nivel no es tan preocupante como el de Grecia o el de Italia. Dos problemas que constituyen el reto de mayor envergadura de cara a 2020, cuando se debiera poder decir con propiedad que la peor crisis en décadas ha quedado superada.

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