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La retirada más gloriosa

MÁS INFORMACIÓN Dunkerque, el último misterio de la II Guerra Mundial Larga vida al celuloide “Esto es Gotham, no Nueva York, pero rodar allí lo relaciona con el 11-S” Se llamó la Operación Dinamo, y consistió en la evacuación de 330.000 soldados aliados de las costas francesas en mayo de 1940, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando Adolf Hitler parecía invencible. En las playas que rodean al tercer puerto mas importante de Francia se quedaron otros 35.000 soldados que acabaron como prisioneros de guerra, pocos para lo que podría haber sido la peor derrota, y que gracias a las escasas bajas acabó bautizándose como "el milagro de Dunkerque". De aquel mítico hecho bélico, el londinense Christopher Nolan, a sus 46 años, ha levantado acta en pantalla con Dunkerque, un filme íntimo, cercano e intenso, que sumerge al espectador en aquellos días de mayo y que se estrena en España el próximo viernes. No son palabras que de entrada describan un épico de guerra. Tampoco casan con su autor, un cineasta algo estirado y siempre abotonado hasta en el chaleco que, fiel a los estereotipos, es poco dado a mostrar su afecto. Menos en la pantalla. “Me dicen que Dunkerque es mi película más personal, pero yo prefiero definirlo como un épico intimista”, confiesa. Cada vez más recluido en su obra, no le gusta hablar en público (“Y me niego a dar ruedas de prensa”, apostilla) pero recibe a EL PAÍS en el aeropuerto de Santa Mónica, alejado en su tráiler del despliegue de prensa organizado por los estudios Warner. “Está claro que es mi filme más británico y de algún modo eso lo hace más personal. Sin embargo, siempre me siento íntimamente conectado con todos los que hago”. “La historia es la que me dice dónde poner la cámara. Y en ese aspecto, Dunkerque es la película más agresivamente subjetiva que he rodado nunca” Memento, la saga de Batman, Origen, Interestelar... Nolan no es precisamente conocido por volar bajo. Con todo, en Dunkerque ha tirado la casa por la ventana. Narrada sin apenas diálogo, ha rodado casi el 75% de la película con una cámara para IMAX. Por supuesto, en celuloide. Y aunque se centra en un fragmento de la historia mundial, Nolan se permite jugar con el tiempo -algo habitual ensu estilo- narrando simultáneamente historias que transcurren en tierra a lo largo de una semana, en el mar a lo largo de un día y en el aire a lo largo de una hora. Influido por títulos tan diversos como, entre otros, Avaricia (1924), Alien: el octavo pasajero (1979), Enviado especial (1940), Speed (1994), Carros de fuego (1981) o La batalla de Argel (1966), el realizador niega cualquier ejercicio estilístico. “Nunca he intentado definir mis películas estilísticamente. No les impongo mis gustos”, se defiende. El estilo Nolan, dice, nace con cada guion. “La historia es la que me dice dónde poner la cámara. Y en ese aspecto, Dunkerque es la película más agresivamente subjetiva que he rodado nunca”. Christopher Nolan, con una cámara Imax en el rodaje de 'Dunkerque'. Melinda Sue Gordon Warner Bros. Nolan asegura que no prepara el rodaje más de lo necesario, tirando poco de storyboards o previsualizaciones. La cámara le dice dónde debe emplazar la siguiente toma, y él se pone justo al lado, así que la lente se siente como si fueran sus ojos. Y los del espectador. “La experiencia nos está enseñando el gran valor de lo analógico. El cine digital es como McDonald's. Siempre sabe igual. Te ofrece uniformidad. Juegas a lo seguro. Pero si quieres una experiencia culinaria, si quieres otra cosa, no te metes en un McDonald's”. Hablando de la calidad del cine analógico, de la increíble resolución de su color, de lo mucho que envuelve una fotografía que es “lo más cercano a cómo los ojos están acostumbrados a ver la realidad”, Nolan levita. Es la experiencia visual, cercana y a la vez épica que quería para una historia que nunca describe como bélica sino como de suspense. “Dunkerque no habla de heroísmo sino de humanidad. Lo único que quieres de estos chavales es que sobrevivan”. A estas alturas de su carrera es difícil decirle que no a este realizador. Su acuerdo con los estudios Warner le pueden reportar un sueldo de unos 17,5 millones de euros y un 20% del bruto de una taquilla que según la revista Box Office podría superar los 200 millones de euros solo en EEUU y Canadá. Pero para Nolan su mayor premio es haber filmado la película que quiere ver. Y que solo podrán disfrutar por completo algunos elegidos, aquellos con acceso a las salas IMAX para las que está pensada. El director, en cambio, no se considera un elitista; prefiere describir su forma de hacer cine con el efecto goteo. “Cuando vi La guerra de las galaxias lo hice en un cine de barrio que estaba lejos de tener un sonido Dolby estéreo. Y qué. Me encantó por igual y me empujó a verla en un buen cine. Lo mismo ocurre ahora. No le quiero negar a nadie ver Dunkerque con la mayor calidad posible. Eso sí, estreno una experiencia de la que me gustaría que participara el mayor número posible de personas”, aclara. Aunque está preparado para lo peor. “Si alguien la ve en su teléfono, Dios no lo quiera, también me aseguraré de que tenga la mejor calidad. No todas las presentaciones tienen que ser idénticas”, dice un director que no tiene móvil. Su pasión por el cine, especialmente por Blade Runner, película que le abrió los ojos a este medio, le hace esperar con curiosidad de fan el estreno de Blade Runner 2049. Es un gran admirador de Denis Villeneuve, asegura. “Pero se adentra en terreno sagrado”, afirma, y por primera vez sonríe. “Claro que eso mismo he hecho yo con Dunkerque. Y no hay nada que más admire que la valentía”.
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