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Lo que no te cuentan del paracetamol (y lo que deberías saber, aunque no lo quieras oír)

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 31/10/2016 Héctor G. Barnés
¿Por qué sabemos tan poco de lo que tomamos para aliviar el dolor? (iStock) © Externa ¿Por qué sabemos tan poco de lo que tomamos para aliviar el dolor? (iStock)

Cada año, en España se venden 32 millones de envases de paracetamol. Es el genérico más consumido, si exceptuamos al omeprazol, con 54,4 millones, pero muy por encima de la simvastatina (un estatina utilizada en el tratamiento de la hipercolesterolemia). Ha ocupado el lugar de la aspirina en nuestros botiquines (y en nuestros corazones) a la hora de aliviar los dolores de cabeza o la fiebre.

Como cada vez que un medicamento pasa a consumirse de manera frecuente, gran parte de la población tiende a pensar que este sirve para curar cualquier mal. Sin embargo, como pide el profesor honorario de la Universidad de Oxford Andrew Moore, experto en dolor, pide que lo pensemos dos veces antes de consumirlo. En parte, porque para determinadas enfermedades es inútil, o al menos no más útil que un placebo. También, porque si nos excedemos con la dosis, tenemos serias posibilidades de dañar nuestro hígado. Debemos recordar siempre que no es un antiinflamatorio, como sí es el ibuprofeno

¿Para qué sirve?

Según el prospecto del paracetamol de 650 miligramos, este “está indicado para el tratamiento sintomático del dolor de cualquier causa de intensidad moderada, como dolores postoperatorios y del postparto, dolores reumáticos (artrosis y artritis reumatoide), lumbago, tortícolis, ciática, neuralgias, dolor de espalda, dolores musculares, dolores menstruales, dolor de cabeza y dolor dental”. Los adultos pueden tomar un comprimido cada cuatro o seis horas, hasta un máximo de seis al día.

Recientes investigaciones han puesto en tela de juicio algunas de estas aseveraciones. Por ejemplo, un estudio citado por Moore y realizado en el Centro Cochrane llegó a la conclusión, después de realizar tres experimentos con 1.825 pacientes, de que “cuatro gramos de paracetamol al día no sirven para aliviar el dolor de la parte inferior de la espalda ni a corto ni a largo plazo”, al menos entre las personas de mediana edad. Otro estudio del 'British Medical Journal' mostró que no era útil ni para el dolor de espalda ni para la osteoartitris, por lo que las guías clínicas deberían replantearse sus recomendaciones. Por si era poco, una investigación de 'The Lancet' afirmaba que, independientemente de la dosis, no resultaba muy útil para el tratamiento de la osteoartritis (mientras que 150 miligramos de diclofenaco sí lo eran).

De ahí que, como explicábamos en otro reportaje, el Instituto Nacional de Salud Inglés haya dejado de recetar paracetamol para tratar los dolores de la osteoporosis, puesto que sus “beneficios limitados” no compensan los riesgos. Unos daños que, en opinión de Morris, son consecuencia de que “la mayor parte de la gente no sepa qué contienen sus analgésicos”. Aunque el prospecto anteriormente citado estipule las cantidades máximas que se pueden consumir de paracetamol, mucha gente no lo lee o lo ignora, lo que puede provocar alguno de sus efectos secundarios más perniciosos. ¿Cuáles?

¿Qué puede pasar?

Un poco de C8H9NO2 para el cuerpo. (iStock) © Proporcionado por El Confidencial Un poco de C8H9NO2 para el cuerpo. (iStock)

El prospecto, una vez más, lo avisa. En circunstancias normales, uno entre 10.000 pacientes puede sufrir malestar y bajada de tensión o reacciones alérgicas. Otra cosa es la sobredosis, especialmente problemática puesto que los síntomas (mareos, vómitos, pérdida de apetito) pueden no aparecer hasta tres días más tarde, y el tratamiento es especialmente eficaz cuando se inicia durante las cuatro horas siguientes a la toma del medicamento). Además, el paracetamol puede causar daño en el hígado a los pacientes que consuman habitualmente alcohol (tres o más bebidas al día).

Ese es uno de los puntos en los que más hincapié han hecho los últimos estudios: el daño que el consumo de paracetamol puede causar en el órgano que se dedica a eliminar de la sangre las sustancias nocivas que consumimos. Como recuerda Moore, hasta hace relativamente poco no se habían realizado grandes estudios sobre el paracetamol, tanto por la antigüedad de la medicina (fue sintetizada por primera vez en 1887 y popularizada de manera comercial por en los años 50 como una alternativa más segura a la aspirina) como por la dificultad de analizar su verdadero efecto en grandes grupos de gente.

Los que se han realizado hasta la fecha, como el observacional del 'Annals of the Rheumatic Disesases', señalan que el paracetamol no es “tan seguro como pensábamos”, ya que mostraba un aumento de las muertes inesperadas (un 63% más), de los problemas cardíacos (68%) y de las úlceras estomacales (un 50%) entre aquellos que tomaban dosis estándar de este analgésico. Unos resultados que eran replicados por otro publicado en 'Drug Safety', que establecía que esta medicina podía conducir a un fallo de los riñones. Eso sí, el riesgo era tan solo de uno entre un millón.

Como alertó la FDA en 2013, el paracetamol también puede causar el síndrome de Stevens-Johnson, una enfermedad de la piel potencialmente letal. Los casos eran contados, pero mostraban una relación entre el consumo del acetaminófeno y esta dolencia. Como concluye Morris, uno de los problemas del paracetamol es que no hay una alternativa mejor, y que los métodos no farmacológicos de tratamiento del dolor muestran aún menos eficacia. Son datos que no deben llevarnos a que tengamos miedo de este medicamento, pero sí a que lo pensemos dos veces antes de utilizarlo y, sobre todo, que hagamos caso a nuestro médico y leamos el prospecto.

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