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¿Siempre hambriento? Este es el ingrediente que tiene la culpa

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 21/04/2017 Miguel Sola

Todos lo tenemos interiorizado: las comidas saladas nos hacen estar sedientos. Y, sin embargo, esta vieja creencia acaba de ser desmentida por una investigación pionera. Por alguna razón, nadie había realizado un estudio a largo plazo para determinar la relación entre la cantidad de sal en la dieta de una persona y sus hábitos de consumo. Simplemente se daba por hecho. Hasta ahora.

Un equipo de científicos alemanes y americanos ha demostrado que cuando aumentamos nuestra ingesta de sodio a largo plazo bebemos menos agua. Y no solo eso, sino que aumentar la dosis de sal en la dieta nos hace estar más hambrientos. Por lo que sí, en efecto, echarle sal a tus alimentos puede hacerte engordar de maneras insospechadas. Este descubrimiento, publicado en dos artículos de 'The Journal of Clinical Investigation', desmiente años de sabiduría científica convencional.

Foto: iStock. © Proporcionado por El Confidencial Foto: iStock.

Los conejillos de indias para este estudio han sido diez cosmonautas rusos que participaron en un viaje simulado a Marte, todos ellos hombres. La elección del escenario no fue casual: en el espacio todo está controlado y los astronautas viven en un ambiente ideal para la investigación nutricional y metabólica.

Los científicos querían conocer qué pasaba cuando se disminuía gradualmente la ingesta diaria de sal de los cosmonautas de 12 gramos al día (similar al promedio de la dieta rusa) a 6 (el recomendado). El saber convencional nos diría que al reducir sus niveles de sodio, tendrían menos sed y beberían menos agua. Pues bien, fue todo lo contrario.

Una forma insospechada de engordar

Los hombres bebieron menos agua en las etapas iniciales del experimento (cuanta más sal tenía su dieta), lo que sugiere que sus cuerpos conservan o producen más agua de esta manera. El autor principal del estudio, el doctor Jens Titze, profesor asociado de Medicina y de Fisiología Molecular y Biofísica de la Universidad de Vanderbilt, asegura que los resultados han sido inesperados, pero no del todo sorprendentes. “Tiene sentido que con una dieta alta en sal el cuerpo quiera prevenir la pérdida de agua”, dice. La sal activa un mecanismo para conservar agua en los riñones y, cuanta más agua haya en el cuerpo, menos sed tendrás.

Asimismo, los astronautas aseguraron tener más hambre cuando los niveles de sal eran más altos, a pesar de que estaban recibiendo la misma cantidad de calorías y nutrientes. Esto se debe a que el cuerpo necesita energía extra para conservar el agua. “Si le hubiéramos ofrecido más comida a los cosmonautas, habrían comido en exceso y habrían terminado ganando peso”, asegura Titze.

Foto: iStock. © Proporcionado por El Confidencial Foto: iStock.

Vale la pena recordar que estos descubrimientos son a largo plazo y que, como tal, la sabiduría del camarero medio sigue en pie. Si pones un aperitivo salado, los clientes van a querer beber más. Lo que la investigación ha demostrado es que el cuerpo de estos mismos clientes, en solo 24 horas, va a conservar más agua y, por tanto, consumir menos bebidas, pero más comidas. Al final, las patatas fritas siempre salen a cuenta.

La urea no es solo un deshecho

Este último descubrimiento (nada predecible) sí sorprendió a los investigadores, por lo que decidieron replicar sus hallazgos en ratones. Los resultados fueron idénticos y, además, revelaron que la urea podría ser la culpable de este proceso.

La urea es un compuesto formado principalmente en el hígado como un producto final del metabolismo para deshacerse del nitrógeno. No obstante, ahora se ha puesto de manifiesto que también sirve para acumular agua en los riñones y mantener así el medio diluido.

Como este proceso requiere de grandes dosis de energía, los ratones con una dieta alta en sal tenían un mayor apetito, del mismo modo que los astronautas aseguraron tener más hambre a medida que aumentaban las dosis de sal de su dieta. El organismo encuentra así una forma de conservar el agua que de otro modo sería expulsada por la orina.

Un equipo de científicos ha desmentido años de sabiduría científica convencional. (iStock) © Externa Un equipo de científicos ha desmentido años de sabiduría científica convencional. (iStock)

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