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Las mejores razones para empezar a consumir alimentos germinados

Logotipo de Alimente Alimente 04/09/2018 Ana Durá

Foto: iStock. © Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. Foto: iStock.

La historia de los germinados en nuestra alimentación se pierde en la noche de los tiempos. De hecho, ciertos datos ya describen al emperador de China Sheng-Nung (3000 a.C.) como un auténtico devoto de estos, pues alabó las hierbas medicinales y los brotes de frijoles, cuyo consumo, decía, podía servir para tratar numerosas dolencias.

Lo cierto es que su afición también la compartieron los romanos y los griegos, a los que les encantaban los picoteos a base de germinados de semilla de linaza mientras aguardaban al plato principal. Dicho esto, seguro que muchos se preguntan por qué tantas y tan dispares culturas coincidieron en su pasión por este producto. No en vano, estos brotes rebosan de propiedades nutricionales que explican su excelente reputación. Así, también en Asia recomendaban su consumo a todos aquellos que tuvieran la aspiración de llegar a centenarios y convertirse, según aseguraban, en personas longevas libres de achaques y dolencias propias de la edad.

¿Qué aportan los germinados?

Los brotes aportan al organismo enzimas (diastasas) que se activan en el momento del desarrollo de la nueva planta, la cual resulta básica para el desarrollo del nuevo organismo. Además, ofrecen cantidad de nutrientes y compuestos bioactivos, como las vitaminas C, B, E, clorofila, enzimas y fibra. Y es que en ellos se concentran todos los principios nutritivos necesarios para el crecimiento de una nueva planta.

Debemos tener presente que los germinados son alimentos vivos y eso supone que su valor nutricional se mantenga intacto hasta el momento de su consumo. En concreto, según nos explican los entusiastas de este producto, los brotes resultan muy fáciles de digerir, son ricos en proteínas, minerales, aminoácidos e hidratos de carbono, y además son hipocalóricos.

Aunque cada germinado aporta unos beneficios diferentes, en líneas generales podemos encontrar unas propiedades comunes. Según un estudio de investigadores de los Departamentos de Química Agrícola y Bromatología y de Fisiología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), publicado en la revista 'Food & Function', el consumo de germinados de judía aumenta los niveles plasmáticos de melatonina en sangre. Debemos tener presente que aunque comúnmente esta sustancia se ha asociado con la mejora de la calidad del sueño, también su presencia puede ayudar a prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad. Incluso ciertos estudios aseguran que reduce el riesgo de cáncer.

Aunque estos resultados se refieren únicamente a los de judías y no se pueden extrapolar al resto de brotes, podemos hablar de otras investigaciones que sí que se refieren a los brotes en su conjunto. De este modo, un estudio de la universidad canadiense de Saskatchewan descubrió que las mujeres embarazadas que consumen a diario 200 gramos de diferentes brotes podrían prevenir la aparición de futuras enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares en sus hijos. También se hallaron evidencias de que los brotes de alfalfa o soja podrían ayudar a las mujeres a superar los síntomas de la menopausia (como la temida osteoporosis) o las molestias derivadas de la menstruación, por su alto contenido en fitoestrógenos.

¿Cómo preparar germinados en casa?

Dicho todo esto, seguramente a muchos les apetecerá practicar tan peculiar horticultura. No en vano, una de sus mayores ventajas es que podemos cultivarlas en casa, sin que su consumo provoque estragos en nuestra economía. Así, cualquier legumbre, semilla e incluso hortaliza pueden servirnos para realizar unos germinados. Podemos obtenerlos de avena, quinoa, trigo, lentejas, rábanos o brócoli. Parece evidente que no hay excusa para no incluirlas en nuestra dieta.

Foto: iStock. © Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. Foto: iStock.

Además, podemos degustarlos en ensaladas, en tortillas o en diversos platos ya cocinados. En este último caso es recomendable añadirlos al final para que no pierdan sus valiosas propiedades. Cabe recordar que el famoso rollito de primavera incluye en la receta brotes de soja y, por lo tanto, este ejemplo nos puede ilustrar acerca de las enormes posibilidades de los brotes en la cocina.

¿Qué se necesita?1 tarro de vidrio de boca ancha con un litro de capacidad.3 cucharadas de legumbres, granos o semillas a nuestro arbitrio. Eso sí, es preciso que no hayan sido tostadas ni congeladas.1/2 litro de agua.Es preciso que coloquemos el tarro en un espacio cálido y oscuro apto la germinación.Preparación

Lavar las legumbres, granos o semillas y ponerlas a remojo en el frasco con el medio litro de agua. Después cubriremos el frasco con una gasa o tela delgada.

Dejaremos reposar el tarro en un lugar oscuro y cálido. Los tiempos de espera variarán dependiendo de la semilla escogida. Así, en el caso de la alfalfa oscilará entre las 9 y 12 horas. Si son legumbres como las lentejas, los garbanzos o la soja, deberemos esperar unas 12 a 15 horas.

Una vez pasado el tiempo reglamentario, es preciso escurrir el agua y enjuagar bien con agua tibia.

Colocaremos el frasco de forma horizontal (inclinado) de manera que los granos queden a lo largo del frasco. No debemos olvidar enjuagarlos 2 a 3 veces los primeros tres días. Luego con una sola vez bastará. Hay que ser cautelosos y mantener las semillas húmedas y con la debida oxigenación. Si no prestamos atención a este paso, podrían proliferar hongos y moho en el interior por exceso de agua y por falta de aire.

Al cuarto o quinto día se podrán apreciar los primeros brotes. Pero debemos aguardar a que presenten unos 2 o 3 centímetros de largo para exponerlos a la luz solar indirecta por espacio de unas 2 horas. De esta manera se activará la clorofila y las hojas verdearán. Esto favorece el aumento de vitamina C y que mejore su sabor.

Una vez concluido el proceso, los conservaremos en la nevera bien escurridos y secos. Podemos mantenerlos refrigerados alrededor de una semana. Si los guardamos mucho tiempo, pueden volverse rancios.

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