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¿Qué alimentos nos da miedo comer?

25/06/2014 i. g. peña
¿Qué alimentos nos da miedo comer? © ABC ¿Qué alimentos nos da miedo comer?

Vamos al supermercado y miramos hasta el código de barras del reverso de los productos. Ingredientes, aditivos, calorías, lugar de procedencia y, por supuesto, la fecha de caducidad. Sin embargo, vamos a un restaurante y «nos da igual» lo que nos pongan, no miramos las etiquetas. Lo que nos importa es la calidad, el sabor y el precio, pero el resto no lo tenemos tanto en cuenta.

¿Qué alimentos nos da miedo comer?

¿Y si nos dicen que el maíz que estamos comprando es transgénico? Ni hablar. A los españoles, como al resto de europeos, nos gusta lo que se hace llamar «natural» y rechazamos cualquier tomate, por ejemplo, que haya sido modificado genéticamente. Pero si vamos a un establecimiento de comida en Estados Unidos y nos ponen maíz transgénico, quizás no nos demos ni cuenta y, aunque seamos conscientes de ello, no llegamos ni a asustarnos.

De esto que parece una anécdota pero que se ha convertido en una relidad en Europa, habla en el libro «Comer sin miedo» el Doctor en Bioquímica, J. M. Mulet, que advierte de que el temor a comer alimentos transgénicos no ha nacido del propio consumidor sino que en realidad se debe al estricto marco legal europeo que nunca ha permitido la comercialización de estos productos. Es por esto que las empresas europeas no pueden competir en un mercado en manos de los americanos.

«Estoy convencido de que en poco tiempo llegarán los transgénicos a nuestro país porque al agricultor le iría fenomenal en sus negocios», advierte Mulet. Se refiere, en este sentido, a productos modificados como el maíz, la soja, el agoldón y la colza, entre otros, que en Estados Unidos están a la orden del día pero que en esta parte del mundo aún miramos con recelo.

«Comemos mejor que nunca»

En cuanto a la histeria suscitada alredor de los casos de productos contaminados por otros ingredientes durante la cadena de alimentación -como pasó con la carne de caballo- este profesor de Biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia se mantiene firme: «No hay alimento malo ni tóxico ni contaminante, a no ser que seas intolerante a algo. Ahora comemos mejor que nunca, hemos adoptado una dieta mucho más rica y saludable e ingerimos unos alimentos que han pasado varios controles de seguridad, por lo que podemos estar tranquilos».

Mulet se atreve incluso con la pirámide nutricional, sobre la que piensa que debe hacerse un cambio revolucionario: «Los cereales no conforman el primer piso de nuestra alimentación. Eso lo era en los tiempos de guerra. Ahora lo esencial es la fruta y las verduras y esa ha de ser la base de nuestra dieta».

De este modo, este experto en nutrición aboga por una nevera llena de manzanas, peras, acelgas, ensaladas, mucho pescado, poca carne y por supuesto, la fibra. «En España también abusamos del embutido y de la bollería industrial. Son estos alimentos los que debemos reducir de nuestra alimentación», señala Mulet.

La dieta perfecta no existe para J.M. Mulet, sino que depende del metabolismo de cada uno. Pero para él sí que hay un canon alimenticio a seguir: comer de todo en la cantidad justa. «Si en una dieta indican que se puede comer todo lo que se quiera, yo tendría mis sospechas, y si añaden que ha de complementarse con un suplemento alimenticio, también dudaría», señala y continúa «una buena alimentación se basa en ingerir todos los alimentos en su justa medida, aumentando la cantidad de fibras y reduciendo los azúcares y las grasas».

Lo ecológico no es lo sano

Desde hace unos años, el número de mercadillos ecológicos y de negocios por internet que publicitan estos alimentos ha crecido de manera efervescente. En este sentido, cada vez son más los que prefieren pagar más por un producto que se hace llamar «natural», aunque este biotecnólogo tiene sus dudas.

«La gente que compra ecológico, no sabe qué está comprando, solo que lo asocia a lo sano. Pero no hay ningún dato científico que avale que es mejor para la salud. Nutricionalmente un producto ecológico y otro que no lo es son exactamente iguales ya que se trata de la misma semilla y lo único que cambia es el tipo de explotación o de cultivo». Se refiere así a alimentos como el huevo o el tomate que se publicitan como «ecológicos» cuando la connotación es que es «natural, recién recolectado, del campo», tal y como lo entendemos los consumidores. No obstante, Mulet matiza: «Lo natural es solo lo que nace en el bosque de manera salvaje»

Finalmente, preguntado sobre los suplementos alimenticios que tomamos para que nuestro organismo no sufra ninguna carencia nutricional, J.M. Mulet es muy directo: «No hacen falta. A veces una sardina tiene más fósforo que todo el bote entero de cápsulas. Si se lleva una buena alimentación, sobran las pastillas».

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