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El consumo diario de frutos secos disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares

25/06/2014 efe
© ABC

El científico Joan Sabaté, pionero en las investigaciones que relacionaron los frutos secos con la disminución del riesgo de enfermedad cardiovascular, ha asegurado que un consumo moderado de estos alimentos no conlleva un aumento de peso y recomienda su consumo diario. El catedrático de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de la Universidad californiana de Loma Linda, en Estados Unidos, ha constatado los notables beneficios que reportan los frutos secos a la salud, algo que lleva estudiando durante más de veinte años.

Este investigador ha participado en un simposio organizado por el Consejo Internacional de los Frutos Secos dentro del XXCongreso Internacional de Nutrición que se clausura en Granada tras seis días en los que más de 4.000 expertos y setecientos ponentes han tratado los avances en la investigación nutricional. Sabaté ha explicado a aquellas personas que todavía tienen reticencias a comer frutos secos por miedo a ganar kilos, que una de las razones por las que no engordan, si se comen de forma moderada, es por el poder saciante al ser ricos en grasa y proteína. «Al comerlos dejamos de comer otras cosas», ha indicado.

Además, mientras que la energía de un aceite líquido se asimila en su totalidad, el que aporta un fruto seco masticable y con fibra hace que entre el 10 y 20 % de grasa nunca llegue a nuestra sangre, «igual que entra, sale». Por lo tanto, entre los porcentajes que se muestran en la tabla de composición de los alimentos y lo que de ello se asimila hay una diferencia negativa.

Aunque todavía no está probado científicamente, Sabaté también mencionó que es posible que la composición de los frutos secos aumente el metabolismo basal. «Si una persona come habitualmente frutos secos le puede cambiar el metabolismo y consumir más calorías sin hacer nada, al contrario del que no come nueces», ha apuntado.

Nuces en la dieta mediterránea

Este profesor ha señalado que las nueces son el fruto seco que mejor se complementa con la dieta mediterránea al ser rico en ácidos poliinsaturados u omega 3, mientras que en una dieta anglosajona, que utiliza el aceite de maíz, es más recomendable los pistachos, almendras y avellanas, con ácidos moninsaturados, una grasa similar a la del aceite de oliva. También se ha demostrado que baja el colesterol.

«Hay que comer todo tipo de frutos secos, pero si estás en un país mediterráneo, no te olvides de las nueces, y en un país anglosajón no olvidar las almendras, pistachos y avellanas», ha apuntado el científico catalán. Joan Sabaté ha considerado que en las dos últimas décadas ha aumentado la ingesta de frutos secos tanto en las sociedades que lo consumían ya en su dieta, como en aquellas que solo los tomaban tradicionalmente por Navidad.

«A nivel individual se ha multiplicado el consumo por cinco», ha precisado, al igual que se ha quintuplicado la producción, en especial en zonas como California. «La percepción de que los frutos secos son sanos es un hecho», ha subrayado.

En los últimos veinte años, tras diferentes estudios, como los precursores de la Universidad de Loma Linda, se ha ratificado que comer regularmente frutos secos (30 gramos diarios es la cantidad recomendada) disminuye en un 50 por ciento el riesgo de sufrir un infarto de miocardio o de morir de una cardiopatía isquémica.

El consumo diario de frutos secos disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares

«Que un solo alimento sea capaz de disminuir de una forma tan dramática ese riesgo era inaudito, nosotros fuimos los primeros que no nos lo creíamos», ha manifestado el científico quien recuerda que tras varias investigaciones, los resultados se publicaron en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine en un momento en el que la fama de los frutos secos era que al ser ricos en grasas, engordaban.

Pero la abrumadora mayoría de las investigaciones (el más reciente es el estudio PREDIMED) apuntan a que comer un puñado al día disminuye un 10 por ciento del colesterol malo y no varía el bueno, mientras que los triglicéridos también bajan, reduciendo así el riesgo cardiovascular.

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