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Fin de la guerra a las grasas saturadas

25/06/2014 ana mellado
Fin de la guerra a las grasas saturadas © ABC Fin de la guerra a las grasas saturadas

Durante años, las grasas saturadas de productos como la mantequilla, la leche o la carne roja han sido estigmatizadas como responsables de las principales enfermedades cardiovasculares. Su consumo siempre se ha visto con malos ojos por parte de doctores y nutricionistas que han detallado hasta la saciedad los peligros que entraña tomarse un buen chuletón. Sin embargo, la pésima reputación de las grasas podría desaparecer ya que según un estudio publicado por la prestigiosa revista británica «British Medical Journal», su consumo no resulta perjudicial para la salud, como hasta ahora se ha asumido.

El cardiólogo británico, Aseem Malhotra, uno de los más prestigiosos en Reino Unido, afirma que la ingesta de productos bajos en grasa incrementa paradójicamente el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

La actual obsesión de la población por los productos desnatados o light, «aterrada» por ese miedo a la grasa, acaba siendo más perjudicial, ya que estos alimentos disfrazados de saludables presentan un alto contenido en azúcares añadidos, según expone el doctor del hospital de Cardiff. Ante la guerra declarada, la industria alimentaria ha tendido a sustituir las grasas eliminadas en los alimentos por edulcorantes y azúcares para compensar la falta de sabor.

La evidencia científica actual demuestra que el azúcar es un posible factor de riesgo independiente para desarrollar síndrome metabólico, según el cardiólogo. De hecho, se sabe que hoy en día, el 75% de las personas que llegan al hospital con un infarto tienen «concentraciones de colesterol totalmente normales».

Fin de la guerra a las grasas saturadas

Por supuesto, conviene diferenciar entre las denominadas «grasas trans» (las que se hallan en la comida rápida, pastelería y margarina), que son perjudiciales, y las grasas de la leche, el queso y la carne, que no representan ningún riesgo para la salud, según se desprende de esta investigación. Los productos lácteos además de contener vitamina D, cuya falta se ha relacionado con un aumento de las enfermedades del corazón, cuentan con calcio y fósforo, que pueden tener efectos reductores de la presión arterial. Tomar carne procesada se ha vinculado a menudo con mayores tasas de enfermedades del corazón y diabetes, pero en ningún caso, la carne roja.

El empeño en subsanar los niveles de colesterol viene a confirmar eso de que el remedio es peor que la enfermedad. Los doctores han prescrito de forma excesiva medicamentos con «estatinas» para reducir la cantidad de grasas en la sangre, sin tener en cuenta que los efectos secundarios de este «antídoto» son mayores que los beneficios, apunta el doctor.

Como ya han advertido otros expertos, Malhotra aboga por una alimentación sana en lugar de recurrir a los preparados químicos. «Adoptar una dieta mediterránea tras un ataque al corazón es casi tres veces más efectivo que tomar una estatina para reducir la mortalidad», concluye.

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