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Gestión del peso

01/01/2015

La obesidad es una afección crónica, lo cual significa que es poco probable que se cure. Así pues, es necesario intervenir desde la esfera del comportamiento para ayudar a quienes la sufren a cambiar sus hábitos, mejorar su calidad de vida, y su estado psicológico. El objetivo de la gestión del peso es ayudar a mantener hábitos alimentarios saludables.

Estrategias de gestión del peso

Por lo general, las intervenciones para cambiar el comportamiento incluyen distintas estrategias específicas, incluida la automonitorización, el control de estímulos, la restructuración cognitiva, la gestión del estrés, el apoyo social, las recompensas, la resolución de problemas, la actividad física y la prevención de recaídas. Estas intervenciones facilitan a las personas mantener un plan saludable de alimentación y un programa regular de ejercicios.

La estrategia de comportamiento más importante es la automonitorización: observar y registrar los patrones de comportamiento y, a continuación, evaluarlos. Las personas a dieta deben anotar en un cuaderno todos los alimentos ingeridos. También pueden realizar el seguimiento de las calorías. Además, resulta útil registrar la hora del día en que se ha comido, así como el humor, la ubicación y el número de personas presentes.

La actividad física se debe registrar en el mismo cuaderno. Se puede usar una báscula para registrar el peso. El objetivo principal de la automonitorización es servir como recordatorio de los patrones de comidas y ejercicio.

El control de estímulos implica identificar los principales obstáculos asociados a los hábitos de alimentación no saludable y los patrones sedentarios. Modificar dichos obstáculos mediante el control de los estímulos ambientales puede ayudar a las personas a gestionar su comportamiento de cara al control de su peso. Por ejemplo, una de las barreras más frecuentes para la pérdida de peso es la falta de tiempo para hacer ejercicio. Entre las estrategias que pueden ayudar a las personas a encontrar tiempo durante el día para hacer ejercicio se encuentra poner el despertador más temprano, así como dejar a mano, antes de acostarse, la ropa y los zapatos que utiliza normalmente para realizar dicho ejercicio. Cuando las personas se levantan más temprano y hacen ejercicio, incluso durante unos pocos días, tienden a sentirse mejor consigo mismas y a desarrollar lentamente el hábito deportivo saludable. Otras estrategias frecuentes de control de los estímulos incluyen evitar los lugares de alto riesgo (como los restaurantes de comida rápida), y desprenderse de todos los alimentos con alto contenido calórico.

La reestructuración cognitiva consiste en cambiar la manera en que las personas piensan sobre sí mismas. Implica ayudar a las personas a marcarse objetivos realistas, como perder alrededor de 450 gramos a la semana y centrarse en la calidad de vida y la mejora de la salud; y no solo en metas de tipo estético como presentar un mejor aspecto.

El estrés es uno de los principales factores de abandono de los regímenes de pérdida o control del peso. Desencadena patrones de alimentación no saludable y a menudo se asocia al trastorno del atracón. La gestión del estrés implica enseñar a las personas a identificar situaciones estresantes y aprender a contrarrestar dicha tensión emocional. Estrategias como caminar, meditar o respirar profundamente, pueden ayudar a reducir el estrés.

Las personas que cuentan con grupos humanos de apoyo gestionan mejor su peso que quienes tratan de realizar cambios por su cuenta. Por ejemplo, caminar con vecinos por la mañana ayuda a construir relaciones y puede ayudar a las personas a manejar mejor las situaciones estresantes.

Las recompensas vinculadas al comportamiento pueden ayudar a motivar a las personas y reforzar las dietas saludables y el ejercicio. No obstante, se desaconseja recompensar la pérdida de peso, porque algunas personas tienden a utilizar estrategias poco saludables para alcanzar sus objetivos. Es mejor fomentar comportamientos específicos, como dedicar algunos minutos diarios al ejercicio.

La resolución de problemas implica identificar y corregir situaciones de alto riesgo relacionadas con los hábitos de alimentación y el ejercicio. Por lo general, las situaciones de alto riesgo suelen ser emocionales o sociales. Por ejemplo, ser invitada a un restaurante nuevo puede poner nerviosa a una persona. Un enfoque de resolución de problemas podría implicar llamar antes al restaurante y solicitar sugerencias saludables de cara a un nivel calórico controlado del menú. Aportar un plato de verduras con pocas calorías a una fiesta, puede facilitar el permanecer alejado de las alitas de pollo fritas, de elevada aportación calórica. La resolución de problemas significa planear con antelación.

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