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Halitosis, un síntoma de un problema más grave

25/06/2014 ABCsalud

Casi un tercio de la población ha tenido o tiene problemas de mal aliento o halitosis, un problema que va mucho más allá de las implicaciones cosméticas conocidas ya que puede avisar sobre la presencia de otros trastornos de la salud y sobre el que aún subsisten muchos mitos y errores. Y es que, a diferencia de lo que se admite popularmente, la gran mayoría de las causas que están detrás del mal aliento no hay que buscarlas en el estómago, sino en la boca: en un 90% de los casos de halitosis el origen está en la cavidad bucal y más de la mitad de ellos están estrechamente vinculados con enfermedades de las encías.

La halitosis es el conjunto de olores desagradables u ofensivos que emanan de la cavidad bucal independientemente de cuál sea su origen. Existen tres tipos principales de halitosis: halitosis genuina o verdadera (el mal olor está verdaderamente presente y se puede medir y objetivar), pseudohalitosis y halitofobia. «Si no existe mal olor bucal, pero el paciente cree que tiene halitosis, estaremos hablando de pseudohalitosis. Si después del tratamiento de la halitosis verdadera o de la pseudohalitosis, el paciente todavía cree de manera persistente que tiene halitosis, estaremos diagnosticando una halitofobia, y la responsabilidad de su tratamiento recaerá en un profesional de la Psicología y/o la Psiquiatría», destaca David Herrera, vicepresidente de Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) y coautor del informe.

El informe señala que aproximadamente en el 90% de los casos de halitosis genuina, el origen del mal olor está en la boca y, de éstos, hasta un 60% se asocian con algún tipo de patología periodontal (gingivitis en un 30% y periodontitis en otro 30%); en este sentido, resalta Herrera, «el papel de los profesionales del área odontológica es clave en el control y tratamiento de estos pacientes».

Aunque no existen datos epidemiológicos específicos de nuestro país, se estima que la prevalencia de la halitosis varía entre un 6-30%. En general, indica Silvia Roldán, coautora del informe y componente del Grupo de Investigación ETEP (Etiología y Terapéutica de las Enfermedades Periodontales) de la Universidad Complutense de Madrid, «se calcula que hasta un tercio de la población adulta ha tenido o tiene algún trastorno de halitosis».

TabúLa halitosis es todavía considerado un tema tabú en nuestro medio. Además, existen condicionantes que impiden una autoevaluación objetiva del problema; y es que, como explica, Roldán «uno mismo siempre es el peor evaluador de su propio aliento: hay personas que piensan que padecen halitosis, porque asocian de manera totalmente errónea síntomas que perciben en sus propias bocas con un problema de halitosis que en realidad no existe, como podrían ser sensación de boca seca o mal sabor de boca; por otra parte, cuando se implican en el problema una serie de condicionantes psicológicos (como baja autoestima, depresión,...) se pueden llegar a malinterpretar los comportamientos de otras personas de su ámbito y acharcalos a una posible presencia de halitosis».

Por eso, se da una situación paradójica en la halitosis, y es que hay muchas personas que tienen mal aliento que no son conscientes de su problema y hay otras personas que viven obsesionados con una halitosis «imaginaria» que no puede ser objetivada. Por todo esto, «es altamente probable que los casos de halitosis verdadera estén realmente infradiagnosticados e infratratados», asegura Roldán.

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Más que un problema «cosmético»Aunque muchos pacientes perciben la halitosis como un problema principalmente cosmético, existe evidencia científica que demuestra que concentraciones muy pequeñas de los compuestos sulfurados volátiles (CSV), que son responsables de la halitosis, son altamente tóxicas para los tejidos periodontales. Se considera, según explica Herrera, que «los CSV podrían jugar un papel en la patogénesis de las enfermedades inflamatorias que afectan al periodonto, como sería el caso de la periodontitis». Incluso, se ha postulado la existencia de una posible relación entre moléculas que hay en el aliento y los procesos de cirrosis hepática.

Dado que hay muchos pacientes que no son conscientes de que tienen este problema, y otros que creen de manera errónea que sufren este problema, el papel de los odontólogos, periodoncistas e higienistas es fundamental a la hora de informar a estos pacientes. «Los odontólogos -indica Roldán- contamos con suficientes recursos para conseguir que los pacientes puedan hablar sin reservas sobre sus dudas e inquietudes, como por ejemplo los cuestionarios de salud que rellenan cuando vienen por primera vez a nuestras consultas».

En cuanto a recursos preventivos, en el caso de la halitosis oral, es fundamental que los pacientes mantengan la cavidad bucal en un buen estado de salud y, en especial, que sus encías se encuentren sanas. Para ello, es necesario que realicen diariamente unas medidas de higiene oral adecuadas que incluyan no sólo el cepillado dental, sino también limpieza interdental mediante seda dental o cepillos interdentales y, muy importante, que incluyan medidas de higiene lingual con limpiadores linguales o, específicamente, con raspadores linguales especialmente diseñados para tal fin. En este caso, el papel de los profesionales debe dirigirse a instruir e incentivar la instauración de estas medidas en sus pacientes.

Una vez que el problema de la halitosis es detectado, hay recursos terapéuticos suficientes para mantener controlada esta condición. Primero, hay que llegar a un diagnóstico preciso para saber a qué tipo de halitosis nos enfrentamos: «el tratamiento de la halitosis fisiológica, el de la halitosis patológica oral y el de la pseudo-halitosis será responsabilidad del odontólogo; por su parte, el tratamiento de la halitosis patológica extraoral será responsabilidad de un médico general o un especialista; finalmente, el tratamiento de la halitofobia será responsabilidad de un médico, psiquiatra o psicólogo», indica Herrera.

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