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Iodine

01/01/2015

Resumen

El yodo es un componente esencial de las hormonas tiroideas, que son las que ayudan a regular el metabolismo (ritmo al que el cuerpo utiliza la energía). El yodo es fundamental en muchas reacciones bioquímicas que afectan a la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria y una gran variedad de actividades fisiológicas.

Las mejores fuentes alimentarias

El contenido en yodo de los alimentos varía notablemente por la composición del suelo, el riego y los fertilizantes. Suele ser pobre en zonas erosionadas o distantes de los océanos, que son la fuente de la mayor parte de yodo del mundo. El marisco y las algas son importantes fuentes naturales de yodo. Los alimentos elaborados pueden contener altas concentraciones porque les añaden sal yodada u otros aditivos que contienen yodo (por ejemplo, yodato de calcio). En España, la sal yodada está disponible de forma generalizada. Sin embargo, no es imprescindible que la sal esté yodada. Un cuarto de cucharadita de sal de mesa yodada contiene alrededor de 100 microgramos de yodo.

Ingesta inadecuada y carencias

España se encuentra en la actualidad fuera del rango de países con deficiencias de yodo en la población. Sin embargo, la carencia de yodo afecta a millones de personas de todo el mundo y está identificada como la causa más frecuente de daño cerebral evitable. Actualmente, se están implementando medidas internacionales para corregir y prevenir este problema. La carencia de yodo produce una gran variedad de síntomas, desde leves hasta graves, incluidos: bocio (aumento de la glándula tiroidea y, normalmente, el primer signo), retraso mental, hipotiroidismo (falta de hormona tiroidea) y diferentes grados de anomalías de crecimiento y desarrollo.

Ingesta excesiva

Las personas pueden tolerar un amplia ingesta de yodo, porque la glándula tiroidea regula la concentración de este mineral en el cuerpo. Una ingestión excesiva, es decir, en un breve período de tiempo, puede producir escozor en la boca y la garganta; ardor de estómago; fiebre; trastornos gastrointestinales, como náuseas, vómitos y diarrea; pulso débil y coma. En las poblaciones con una concentración suficiente de yodo, la ingesta crónica de cantidades por encima de la ingesta máxima tolerable (IM) tienen los siguientes efectos adversos: bocio (aumento de la glándula tiroidea), hipotiroidismo (falta de hormona tiroidea), hipertiroidismo (exceso de hormona tiroidea), y tiroiditis (inflamación de la glándula tiroidea).

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