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Los cigarrillos electrónicos contienen sustancias idénticas a las del cigarrillo convencional

25/06/2014 abc
Los cigarrillos electrónicos contienen sustancias idénticas a las del cigarrillo convencional © ABC Los cigarrillos electrónicos contienen sustancias idénticas a las del cigarrillo convencional

Los cigarrillos electrónicos contienen sustancias idénticas a las del cigarrillo convencional

Cada vez más personas, para dejar de fumar, utilizan el cigarrillo electrónico como sustitución del tabaco. Sin embargo, profesionales sanitarios no aprueban ni recomiendan su uso ante la falta de pruebas científicas que demuestren su eficacia y su seguridad.

El cigarrillo electrónico o e-cigarrillo contiene algunas sustancias idénticas a las del cigarrillo normal, por lo que se ha demostrado en algunos casos su potencial cancerígeno a largo plazo. Además, la fuerte aspiración requerida en estos cigarrillos y el hecho de que los usuarios pueden inhalar una media de 120 a 150 inhalaciones diarias pone en alerta a los santarios, que desconocen los efectos de esta práctica.

Algunos estudios ya han demostrado que los cigarrillos electrónicos pueden causar cambios en los pulmones a corto plazo, parecidos a los producidos por los cigarrillos normales. Un análisis reciente evaluó el impacto del uso del e-cigarrillo en la función pulmonar en pacientes no fumadores y fumadores sanos o con asma o enfermedad pulmonar obstructuva crónica.

«Los principales resultados mostraron que el cigarrillo electrónico aumentaba de forma inmediata la resistencia de la vía aérea y disminuía su poder conductor del aire a través de la misma, siendo mayor su efecto en el grupo de no fumadores y fumadores sanos. Estos serían los efectos a corto plazo», argumenta el doctor Segismundo Solano, neumólogo y coordinador del Área de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).

Los jóvenes, los más consumidores

El cigarrillo electrónico es un producto novedoso que puede encontrarse incluso con diferentes sabores, convirtiéndolo en atractivo para los jóvenes, quienes más los consumen y más conocen estos nuevos dispositivos, como demostró un estudio publicado este año en la revista «American Jornal of Preventive Medicine», realizado en Reino Unido, Australia, Canadá y en Estados Unidos.

Además el trabajo mostró que la prevalencia del uso de los ecigarrillos fue más elevada entre los jóvenes, los fumadores que no fuman a diario, con una renta más alta y que percibían el e-cigarrillo como menos dañino que los cigarrillos tradicionales. El 79,8% informó que utilizaba el cigarrillo electrónico al considerarlo menos perjudicial, el 75,4% como ayuda para reducir el consumo de tabaco y el 85,1% para el abandono del hábito.

En España aún no está regulada la venta de este producto, aunque sí esta prohibida la venta a los menores de edad. Otros países han prohibido su venta por completo como Australia o Canadá. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advertía de a dificultad de su regulación, ya que se pueden quedar fuera del ámbito de los regímenes reguladores internos de los productos del tabaco. Sin embargo, su popularidad cada vez mayor y su comercialización como alternativas a los cigarrillos convencionales hacen necesaria su regulación y el estableciiento de programas adecuados de educación e información para limitar su uso.

Por ello, la OMS recomienda que los e-cigarrillos sean regulados como medicamentos (cuando tengan nicotina) y someterlo a iguales restricciones que el tabaco para que no vayan en detrimento del Convenio arco para el control del Tabaquismo, tratado mundial del control y prevención del tabaquismo.

Aunque es necesaria una investigación más amplia sobre la tolerancia, seguridad y eficacia a largo plazo de los ecigarrillos, en la actualidad son ya una promesa como competidores de los cigarrillos tradicionales. Están de moda. Simulan al cigarrillo convencional, no emiten humo (atomizan una sustancia que puede contener nicotina, glicol de propileno y otros productos como esencias de menta, vainilla, manzana). En vez de fumar se le llama vapear, por el vapor que emite simulando en apariencia el humo del cigarro.

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