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Minerales

01/01/2015

Los minerales son elementos inorgánicos que se originan en la tierra y que el organismo humano no puede producir. Desempeñan un papel fundamental en varias funciones del organismo. Resultan necesarios para la vida y para mantener una salud óptima y, por lo tanto, son nutrientes esenciales. La mayoría de los minerales que ingerimos en nuestra dieta provienen directamente de las plantas y del agua, e indirectamente de los alimentos de origen animal. Sin embargo, el contenido en minerales del agua y de los alimentos de origen vegetal varía de una región a otra debido a las distintas concentraciones de minerales en el suelo.

La cantidad de minerales presentes en el organismo, y el papel que tienen respecto al metabolismo, varían enormemente. Los minerales proporcionan la estructura necesaria para huesos y dientes y participan en la producción de energía, en la fabricación de proteínas, en la formación de la sangre, y en muchos otros procesos metabólicos. Los minerales se clasifican en macrominerales y oligoelementos en función de la cantidad diaria que necesitamos. Los macrominerales son aquellos minerales necesarios en cantidades iguales o superiores a 100 mg (miligramos) diarios, mientras que las cantidades para los oligoelementos son inferiores a 100 mg. No obstante, las diferencias entre las cantidades necesarias de macrominerales y oligoelementos no reflejan la importancia que todos ellos tienen para nuestro organismo, ya que una falta de cualquiera de ellos puede ser perjudicial para nuestra salud.

Para que puedan producirse algunos procesos de nuestro organismo, se requiere la combinación de varios minerales. Por ejemplo, el calcio, el magnesio y el fósforo son importantes para la formación de los huesos y un buen mantenimiento de los mismos. Algunos minerales compiten entre sí para ser absorbidos, o también interactúan con otros nutrientes. Esto afecta a su biodisponibilidad.

Biodisponibilidad mineral

La biodisponibilidad es el grado en que una cantidad de nutrientes ingeridos se absorbe y está disponible para el organismo. La biodisponibilidad mineral depende de varios factores. La mayor absorción orgánica se produce en individuos que presentan carencias de minerales, mientras que algunos elementos de la dieta (p. ej., ácido oxálico u oxalato en las espinacas) pueden reducir la disponibilidad mineral, bloqueando químicamente el mineral. Asimismo, una ingesta excesiva de un tipo de mineral puede influir en la absorción y en el metabolismo de otros minerales. Por ejemplo, la presencia de una fuerte concentración de zinc en la dieta reduce la absorción de hierro y cobre. Por otra parte, la presencia de vitaminas en una comida favorece la absorción de los minerales. Por ejemplo, la vitamina C mejora la absorción del hierro y la vitamina D ayuda a absorber el calcio, el fósforo y el magnesio.

En general, los minerales de origen animal se absorben mejor que los de origen vegetal, ya que están presentes en formas que se asimilan más fácilmente, y los fijadores que inhiben la absorción, como los fitatos, no están presentes. Los veganos (personas que limitan su dieta a alimentos de origen vegetal) deben ser conscientes de los factores que afectan a la biodisponibilidad mineral. Una cuidadosa planificación de las comidas resulta necesaria para incluir alimentos ricos en minerales y con factores de mejora de su absorción.

Suplementos

En general, se recomienda que las personas mantengan una dieta equilibrada respecto a los aportes de minerales, evitando carencias, excesos y desequilibrios. Sin embargo, los suplementos pueden resultar útiles para satisfacer las necesidades nutricionales básicas de algunos minerales cuando se producen carencias en los hábitos alimenticios respecto a la ingesta diaria recomendada (IDR) o la ingesta adecuada (IA) para personas que gozan de buena salud.

El Consejo de Alimentación y Nutrición de los Estados Unidos (Food and Nutrition Board) recomienda actualmente que se consuman suplementos o alimentos enriquecidos para obtener las cantidades recomendadas de algunos nutrientes, como el calcio o el hierro. En Estados Unidos, las recomendaciones para el calcio son mayores que para la ingesta media. Los suplementos de calcio se recomiendan particularmente para las mujeres, cuya dieta normalmente es menos calórica que la de los hombres, así como para las personas que no consumen productos lácteos. Con motivo de la mayor necesidad de hierro en mujeres en edad de procrear, y las numerosas consecuencias negativas de la anemia producida por una falta de aquel, los suplementos de hierro se recomiendan para los grupos vulnerables en Estados Unidos, así como en los países en desarrollo.

Los suplementos minerales también pueden resultar útiles para personas con enfermedades prolongadas o que presentan heridas múltiples; para quienes han sido intervenidos quirúrgicamente, o para los que padecen problemas de alcoholismo. No obstante, hay que ser extremadamente cautos respecto a las cantidades a ingerir. Estas no pueden ser superiores a la ingesta diaria recomendada (RDA) o a la ingesta adecuada (IA) para nutrientes específicos, ya que se pueden producir problemas relacionados con excesos de nutrientes, desequilibrios o contraindicaciones respecto a tratamientos médicos. Aunque se han descrito los síntomas toxicológicos o los efectos negativos producidos por un exceso de ingesta de suplementos para varios minerales (p. ej., calcio, magnesio, hierro, zinc, cobre y selenio), así como los umbrales de tolerancia, las cantidades de nutrientes en suplementos no están reguladas por el El exceso de determinados minerales puede impedir que el organismo absorba otros, por lo que hay que incidir en que una dieta equilibrada resulta más importante que depender de suplementos minerales. Salvo las referentes al hierro y al calcio, las carencias en minerales son poco comunes en las personas sanas de los países desarrollados. [AP/Wide World Photos. Reproducción con permiso.]Food and Drug Administration (FDA). Por lo tanto, las personas que toman suplementos deben ser conscientes de los potenciales efectos negativos, y elegir en su caso aquellos que contienen cantidades moderadas de nutrientes.

Macrominerales

El organismo contiene macrominerales como el sodio, el potasio, el calcio, el cloruro, el magnesio, el fósforo y el azufre.

El equilibrio de fluidos del organismo, esencial para todos los procesos vitales, se mantiene principalmente gracias al sodio, al potasio y al cloruro. El equilibrio de fluidos se regula mediante iones de cloruro y sodio cargados, situados en el fluido extracelular (fuera de la célula) y de potasio en el fluido intracelular (dentro de la célula), así como por otros electrolitos situados alrededor de las membranas de la célula. Un control riguroso es decisivo para la contracción normal de los músculos, la transmisión de impulsos nerviosos, el funcionamiento del corazón y la presión sanguínea. El sodio desempeña un papel fundamental en la absorción de otros nutrientes, como la glucosa, los aminoácidos y el agua. El cloruro es un componente del ácido clorhídrico, parte importante de los jugos gástricos (líquido ácido segregado por las glándulas en el revestimiento del estómago), y ayuda a la digestión de los alimentos. El potasio y el sodio actúan como potenciadores de determinadas enzimas.

El calcio, el magnesio y el fósforo son valorados por sus funciones estructurales y por ser esenciales para el crecimiento y el mantenimiento de huesos y dientes. También son necesarios para el mantenimiento de las membranas de las células y del tejido conjuntivo. Varias enzimas, hormonas y proteínas responsables de regular la energía y el metabolismo de la grasa necesitan calcio, magnesio y fósforo para activarse. El calcio también ayuda a la coagulación de la sangre. El azufre es un compuesto clave de varias proteínas y vitaminas, y participa en los procesos de desintoxicación del organismo.

El sodio, el cloruro y el potasio se asocian a una presión sanguínea alta (hipertensión) debido al papel que desempeñan en el equilibrio de fluidos del organismo. El exceso de cloruro de sodio o sal en nuestra dieta también está relacionado con enfermedades cardiovasculares. Por otro lado, una alta ingesta de potasio se asocia a un menor riesgo de ictus, particularmente en personas con hipertensión. Los investigadores sugieren asimismo el papel preventivo que desempeña el magnesio en la hipertensión y en las enfermedades cardiovasculares, así como sus efectos positivos en el tratamiento de la diabetes, la osteoporosis y las migrañas.

La osteoporosis es una enfermedad de los huesos que afecta a la fortaleza de los mismos y aumenta su riesgo de rotura. Junto con otros factores vinculados al estilo de vida, el aporte de calcio y vitamina D desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la salud de los huesos y en la prevención y tratamiento de la osteoporosis. La alimentación rica en calcio, junto con ingestas bajas en sal y altas en potasio, se asocia a la prevención de la hipertensión y de cálculos renales.

Resulta bastante improbable que se produzca una deficiencia dietética para la mayoría de los macrominerales, excepto en personas que padecen hambre o problemas de malnutrición proteico-calórica en los países en desarrollo, indivíduos que padecen dietas pobres durante periodos prolongados de tiempo, o personas con problemas de alcoholismo, anorexia nerviosa o bulimia. La mayoría de la población mundial consume demasiada sal. En ese sentido, se recomienda moderar su ingesta para prevenir enfermedades crónicas , puesto que un exceso en su consumo se asocia a un mayor riesgo de fallecimiento por ictus o enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, resulta adecuado advertir que determinadas afecciones, como problemas continuos e intensos de vómitos o diarreas, el uso de diuréticos y algunas variedades de enfermedades renales, pueden producir una mayor pérdida de sales minerales, en particular de sodio, cloruro, potasio y magnesio. La ingesta de calcio suele ser menor en veganos, que no consumen productos lácteos, y en mujeres. Las personas mayores con dietas pobres también están expuestas a sufrir carencias en minerales, debido a una menor absorción y una mayor excreción de los mismos en la orina.

La toxicidad producida por una excesiva ingesta de macrominerales es muy inusual en personas sanas. Un buen funcionamiento de los riñones permite regular las concentraciones de minerales del organismo mediante la excreción de las cantidades sobrantes por la orina. Los síntomas toxicológicos de ingestas excesivas son más probables en casos de fallos crónicos o agudos de los riñones.

La toxicidad por cloruro o sodio puede producirse por un bajo consumo de agua o una pérdida elevada de la misma. El exceso de potasio en el plasma puede deberse al uso de diuréticos reductores de dicho mineral (medicinas utilizadas para tratar la presión sanguínea alta, que aumentan la producción de orina, excretando sodio, pero no potasio); secreción insuficiente de aldosterona (hormona que actúa en el riñón para disminuir la secreción de sodio y aumentar la secreción del potasio); o daños del tejido (p. ej. quemaduras graves). La aportación de magnesio a través de los alimentos no tiene efectos negativos, pero una elevada ingesta a partir de suplementos, cuando la función renal es limitada, sí aumenta el riesgo de toxicidad. Las complicaciones más serias por toxicidad de potasio o magnesio son las paradas cardiacas. Los efectos negativos por un exceso de calcio solo se han descrito para consumos de grandes cantidades de suplementos. La toxicidad por fosfato se puede producir por la absorción de sales del mismo por vía oral o en enemas.

Oligoelementos

Los oligoelementos están presentes (y son necesarios) en cantidades muy pequeñas en el organismo. El estudio de la importancia de las funciones y las necesidades de los oligoelementos en el cuerpo humano es algo relativamente reciente, por lo que actualmente las investigaciones al respecto aún se están llevando a cabo. Los oligoelementos más importantes son el hierro, el zinc, el cobre, el cromo, el fluoruro, el yodo, el selenio, el manganeso y el molibdeno. Otros como el arsénico, el boro, el cobalto, el níquel, el silicio y el vanadio, son esenciales para algunos animales. Por otra parte, el bario, el bromo, el cadmio, el oro, la plata y el aluminio están presentes en el organismo, aunque poco se sabe del papel que desempeñan en la salud.

Los oligoelementos tienen funciones biológicas específicas. Son esenciales para la absorción y el uso de numerosos nutrientes y ayudan a enzimas y hormonas en actividades vitales. El hierro desempeña un papel principal en el transporte y almacenamiento de oxígeno y es un compuesto de la hemoglobina en los glóbulos rojos, y de la mioglobina en las células musculares. Para producir energía, las células necesitan numerosos oligoelementos, entre ellos el hierro, el cobre y el zinc, que actúan como potenciadores enzimáticos en la síntesis de muchas proteínas, hormonas, neurotransmisores y material genético.

El hierro y el zinc mantienen la función inmune, mientras el cromo y el zinc favorecen el metabolismo de la insulina. El zinc es fundamental en otras muchas funciones corporales, como el crecimiento, el desarrollo de los órganos sexuales y la reproducción. El zinc, el cobre y el selenio previenen los daños producidos por la oxidación de las células. El fluoruro estabiliza los minerales óseos y endurece el esmalte dental, aumentando así la resistencia frente a la caída de los dientes. El yodo es esencial para un funcionamiento normal de la tiroides, glándula esencial en numerosos aspectos del crecimiento y del desarrollo, en particular el desarrollo neuronal. Por lo tanto, los oligoelementos contribuyen al crecimiento físico y al desarrollo mental de nuestro organismo.

Según las investigaciones disponibles, los oligoelementos desempeñan un papel, además de en las enfermedades carenciales como la anemia y el bocio, en el desarrollo y en la prevención y tratamiento de afecciones crónicas. Se ha descubierto que un estatus secundario de varios oligoelementos está asociado con enfermedades infecciosas, afecciones del estómago, intestino, huesos, corazón e hígado, así como con el cáncer, aunque en numerosos casos resulta necesario llevar a cabo más investigaciones para comprender el efecto de los suplementos. El hierro, el zinc, el cobre y el selenio se asocian al sistema inmunológico del organismo humano. El cobre, el cromo y el selenio están relacionados con la prevención de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, un exceso de hierro en el organismo puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer de hígado o colorrectal, o enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Numerosos estudios sobre la alteración de la tolerancia a la glucosa (un estado metabólico entre la regulación normal de la glucosa y la diabetes), han encontrado que el suplemento en cromo resulta beneficioso. El fluoruro es conocido por prevenir la caries dental y la osteoporosis. Por otra parte, la ingesta de suplementos de yoduro de potasio inmediatamente antes o después de exponerse a radiaciones, puede reducir el riesgo del cáncer de tiroides inducido por la radiación.

Salvo la referente al hierro, las deficiencias dietéticas son poco habituales en Estados Unidos o en otros países desarrollados. Sin embargo, la malnutrición en los países en vías de desarrollo aumenta el riesgo de una carencia en oligoelementos entre los niños y otros grupos de población vulnerables. Para los consumidores excesivamente inclinados al consumo de suplementos, hay que advertir que la interacción entre nutrientes puede inhibir la absorción de algunos minerales y derivar en algún tipo de carencia. Los pacientes con alimentación intravenosa que no tomen suplementos minerales corren el riesgo de presentar deficiencias dietéticas.

Aunque las carencias agudas de los oligoelementos más comunes resultan fáciles de detectar, el diagnóstico para minerales menos conocidos resulta más complicado de realizar para el caso de carencias leves. Sin embargo, incluso las carencias leves de oligoelementos pueden traducirse en problemas de crecimiento y desarrollo en los niños.

La carencia de hierro es, en lo referente a nutrientes, la más común a nivel mundial, incluido Estados Unidos. La anemia por carencia de hierro afecta a millones de personas, siendo mayor su porcentaje en los países en vías de desarrollo. Niños, jóvenes, adolescentes, mujeres embarazadas y lactantes son los grupos de población más vulnerables por la gran ingesta de hierro que necesitan. Las mujeres que menstrúan también son vulnerables debido a la perdida de sangre. Los vegetarianos son otro grupo de población vulnerable, ya que el hierro de los alimentos de origen vegetal está menos biodisponible que el de origen animal.

La carencia de zinc, que se caracteriza por graves retrasos en el crecimiento y en el desarrollo sexual, se detectó por primera vez en niños y adolescentes en Egipto, Irán y Turquía. La alimentación en los países de Oriente Medio es normalmente rica en fibra y fitatos, elementos inhibidores de la absorción del zinc. La carencia leve de zinc se detectó en grupos de población vulnerables en Estados Unidos. La carencia de cobre es poco común, pero puede producirse por un exceso de consumo de zinc a través de suplementos.

Las carencias de flúor, yodo y selenio se producen principalmente por un bajo contenido en minerales del agua o del suelo en determinadas regiones del mundo. La carencia de fluoruro se caracteriza por una fuerte incidencia de caries dentales, y suele darse en regiones con bajas concentraciones de fluoruro en el agua, lo que ha potenciado la fluorización del agua potable en Estados Unidos y otros países. El bocio y el cretinismo (una afección que determina que el crecimiento del cuerpo y el desarrollo mental se estanquen) se han erradicado de Estados Unidos yodando con sal el agua, pero siguen estando presente en muchas regiones del mundo donde la producción y distribución de sal no están reguladas. La carencia de selenio debido a niveles reducidos del mineral en el suelo se ha detectado en el sureste de China y se asocia a la enfermedad de Keshan, una afección del corazón presente en los habitantes de esa región.

Los oligoelementos pueden ser tóxicos si se consumen en grandes cantidades, particularmente en el caso de aquellos cuya absorción no está regulada por el organismo (p. ej., el selenio y el yodo). Por lo tanto, resulta importante no exceder los niveles de ingestas recomendados habitualmente. Aunque resulta improbable la toxicidad derivada de fuentes alimentarias, determinados problemas genéticos pueden hacer que las personas sean vulnerables al exceso de alimentos o suplementos. La hemocromatosis hereditaria es una de estas afecciones y se caracteriza por una acumulación de hierro en el hígado y en otros tejidos, debido a un aumento de la absorción de hierro en el intestino a lo largo de varios años.

Una exposición crónica a oligoelementos a través de recipientes de cocina o almacenaje puede derivar en niveles de saturación de hierro, zinc o cobre. La fluorosis, una decoloración de los dientes, se ha detectado en regiones donde existe una alta concentración natural de fluoruro en el agua potable. Se ha descubierto que la inhalación de polvo de manganeso durante periodos prolongados de tiempo provoca daños cerebrales a mineros y obreros siderúrgicos en muchas regiones del mundo.

En resumen, los minerales, tanto macrominerales como oligoelementos, resultan vitales para nuestra salud, aunque hay que ser cautos y realizar las ingestas correctas a través de una dieta variada. Las consecuencias más comunes de las carencias son problemas de crecimiento y desarrollo en los niños. Los minerales interactúan entre ellos y con otros nutrientes, pero hay que ser precavidos con el consumo de suplementos. Una ingesta excesiva de un mineral puede producir una carencia de otro nutriente.

CONSULTAR TAMBIÉN ANEMIA; BIODISPONIBILIDAD; CALCIO; SUPLEMENTOS DIETÉTICOS; OSTEOPOROSIS; VITAMINAS, LIPOSOLUBLES; VITAMINAS, HIDROSOLUBLES.

Sunitha Jasti

Bibliografía

Wardlaw, Gordon M. (1999). Perspectivas sobre nutrición. Editorial: Paidotribo.

Whitney, Eleanor N., y Rolfes, Sharon R. (1996). Tratado general de la nutrición. Editorial: Paidotribo.

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United States Department of Agriculture (2002). "Dietary Reference Intakes (DRI) and Recommended Dietary Allowances (RDA)." Disponible en

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