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Prohibido, limitado o permitido: las diferencias del marco legal del cigarrillo electrónico

25/06/2014 isabel miranda
Prohibido, limitado o permitido: las diferencias del marco legal del cigarrillo electrónico © ABC Prohibido, limitado o permitido: las diferencias del marco legal del cigarrillo electrónico

Prohibido, limitado o permitido: las diferencias del marco legal del cigarrillo electrónico

Si es usted propietario de uno de los 7 millones de cigarrillos electrónicos que hay en la Unión Europea, tenga cuidado: las diferencias a nivel mundial de dónde puede y no puede hacer uso de él son abismales. Incluso en algunos países están totalmente prohibidos: si, por ejemplo, quiere viajar a Hong Kong, es mejor que lo deje en casa.

El caos es enorme: ¿Se debe tratar como tabaco? ¿Se debe tratar como un producto terapéutico? ¿Son seguros para el consumidor? Sin consenso ni informes médicos concluyentes, algunos países los han prohibido totalmente y otros han optado por no hacer nada por el momento. Todo ello, mientras el negocio de los «e-cigarrillos» sigue creciendo: las ventas en la UE han alcanzado los 500 millones de euros, según Euromonitor Internacional, y ascienden hasta los 2.000 millones de euros en todo el mundo.

En España, eso sí, el Ministerio de Sanidad ha dado ya el primer paso para que se considere al cigarrillo electrónico como un producto más del tabaco. Aunque por ahora el acuerdo de mínimos alcanzado en el consejo interterritorial de salud incluye su prohibición en colegios, hospitales, edificios de administraciones públicas, servicios de atención al ciudadano y transporte público, aún no se ha hablado del resto de espacios públicos cerrados como restaurantes, oficinas, cines o teatros ni de su venta en los establecimientos.

Aún así, España parece caminar en el mismo sentido de la regulación ya adoptada por Malta o Francia. O Italia, aunque recientemente enmendaba su prohibición y volvía a permitir que se «vapee» en lugares públicos. Malta aprobaba este año clasificar los cigarrillos electrónicos como un producto del tabaco: ahora se vende en los estancos, sólo a mayores de 18 años, está prohibido publicitarlos así como su uso en todos los espacios públicos cerrados, restaurantes y lugares de trabajo. Francia, por su parte, también ha limitado su uso en aquellos lugares en los que tampoco se permite fumar tabaco convencional. Sin embargo, ha introducido una peculiaridad: si supera los 20 miligramos por mililitro de nicotina (normalmente no suelen sobrepasar los 18 mg/ml), se consideran un producto terapéutico y deben comercializarse como ellos, así como someterse a los mismos controles.

Al margen del nivel de nicotina, entre los países que consideran un producto terapéutico al vaporizador inventado hace diez años en China está Austria. Esto significa que los cigarrillos electrónicos deben llevar el sello CE y los cartuchos de nicotina deben ser registrados como producto medicinal antes de poder ser puestos a la venta. También lo consideran de esta manera Dinamarca, Hungría, Portugal, Estonia, Alemania o Eslovaquia. En Bélgica y Luxemburgo, si la recarga contiene extracto de tabaco se considera un producto de tabaco, mientras que si solo contiene nicotina se regula como un medicamento para dejar de fumar.

En algunos casos, la legislación puede llegar a resultar llamativa: en Hong Kong, por ejemplo, la venta o posesión de cigarrillos electrónico que tengan carga de nicotina puede conllevar una multa de 100.000 dólares y/o una pena de prisión de 2 años. Es así porque la nicotina está tipificada como un veneno. Sin embargo, los «vaporizadores» sin esta sustancia sí están permitidos.

«Queda prohibida la importación, distribución, comercialización y la publicidad o cualquier modalidad de promoción en todo el territorio nacional del sistema electrónico de administración de nicotina denominado “Cigarrillo electrónico”, extendiéndose dicha prohibición a todo tipo de accesorio para dicho sistema o dispositivo, como asimismo a cartuchos conteniendo nicotina», dice la ley argentina. Ocurre lo mismo en Uruguay, México, Lituania, Australia, Brasil, Panamá o Singapur.

Y en medio de toda la polémica y de los informes contradictorios, también hay países que por el momento prefieren no pronunciarse respecto al nuevo dispositivo, con lo que al no existir una normativa que los restrinja, son vendidos, adquiridos y usados sin control. Es lo que ocurre en Chipre, Bulgaria, Irlanda, Letonia o Eslovenia.

Cambios asegurados en la UE

Y aunque no le corresponde a la Unión Europea decidir dónde se puede o no «fumar» en cada uno de los Estados miembro, sí lo es el crear un marco legislativo para decidir cómo se comercializan, se venden y se publicitan los «e-cigarillos». De hecho, los gobiernos de los veintiocho y el Parlamento europeo han alcanzado un acuerdo político al respecto: la concentración máxima de nicotina en las recargas será de 20 miligramos por mililitro y limita la capacidad de las recargas a 2 mililitros.

Además, y seguramente a partir de abril del año que viene, los fabricantes estarán obligados a informar a las autoridades sobre si sus productos son o no medicinales, con propiedades curativas o preventivas. Deberán incluir advertencias sanitarias y tendrán las mismas restricciones publicitarias que los productos del tabaco.

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