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¿Qué hacer si tu hijo no quiere comer?

Logotipo de Cuerpomente Cuerpomente hace 4 días Cuerpomente
Qué hacer para que el niño coma © Pexels Qué hacer para que el niño coma

"Doctor, mi hijo no come" es una de las frases repetidas a menudo por los padres y uno de los motivos más frecuentes de consulta en Atención Primaria.

Le ocurre al 25-35% de los niños pero, como aclara Venancio Martínez, que ejerció de secretario del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP), muy pocas veces tiene consecuencias en el desarrollo (entre el 1-2% de los casos), ya que "lo que los padres entienden como inapetencia es casi siempre una disminución normal de las necesidades energéticas o un modo de lograr algún beneficio por parte del niño".

Por eso, si el niño come menos, pero gana peso de forma adecuada, está activo, contento y no manifiesta signos de enfermedad, los padres no deberían preocuparse.

¿Hay que insistir para que se acabe el plato? ¿Cómo lograr que coma verdura? Estas y otras cuestiones se plantean a diario muchas familias.

"El que come más no siempre come mejor y hay que inculcar a los padres que la salud depende más de la variedad de la dieta que del tamaño de las raciones", insiste Venancio Martínez., quien aclara que ante la inapetencia no es aconsejable dar suplementos nutricionales, ya que estos "son necesarios solo en casos excepcionales, casi siempre relacionados con enfermedades prolongadas y previa valoración del pediatra o del nutricionista".

Formar el gusto: ¿cómo ir introduciendo la alimentación complementaria?

Durante el primer año de vida un bebé aumenta su talla un 50% y su peso en un 300%, pero para ello debe estar bien alimentado.

"El niño puede alimentarse exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses", explica Alfredo Ballester. A partir de esa edad se inicia la alimentación complementaria.

La transición de líquidos a sólidos constituye un cambio importante en la alimentación y el niño puede tardar días o semanas en aceptarlo, pero no se debe retrasar ya que, en opinión de la Asociación Española de Pediatría, "su introducción tardía puede dificultar la administración posterior de alimentos sólidos".

De los dos a los seis años se forma el gusto alimentario. Los sabores que el niño prueba durante el primer año los acepta mejor. El niño va desarrollando sus preferencias, condicionado en su mayor parte por las costumbres familiares: come lo que ve comer a los mayores.

A los tres años el niño puede comer de todo (ha llegado a la madurez de las funciones digestivas, sabe usar los cubiertos…) pero, en cambio, se vuelve caprichoso con las comidas y es probable que rechace probar alimentos nuevos.

"Los tres primeros años de vida son fundamentales en cuanto a las consecuencias de una mala nutrición, que pueden afectar a toda la vida de la persona. El segundo año es especialmente importante porque en él se diversifican los sabores, el niño desarrolla la masticación, se socializan sus comidas y aparecen las rabietas y la tendencia a oponerse a todo ('la edad del no'), que si no se solucionan correctamente pueden afectar a la forma de comer posterior y, por tanto, a los hábitos de alimentación", advierte Martínez Suárez.

Los hábitos alimentarios que se adquieran en esta época serán luego difíciles de modificar. Por otro lado, se produce una desaceleración del crecimiento, así que es normal que disminuyan también las necesidades nutritivas y, por tanto, el apetito.

Consejos para lograr que los niños disfruten comiendo

Para favorecer buenos hábitos, los padres pueden recurrir a estas tácticas:

  • Dejar que el niño colabore en la preparación de los platos y en la compra facilitará que pruebe alimentos nuevos, incluidas las verduras.
  • Comer en familia (no dejar que el niño coma solo) y crear un ambiente agradable hará que acepte una mayor diversidad de alimentos.
  • No intentar distraerle con la televisión o jugando con él: no resulta efectivo a la larga.
  • No llenar en exceso los platos. "Sobre todo si es un niño que come poco, es mejor servirle una ración pequeña en un plato pequeño y, luego, si quiere más, que repita. Así, el niño se motiva al ver que es capaz de terminar el plato", opina Alfredo Ballester.
  • No premiarle ni castigarle para conseguir que coma. Eso puede llevarle a pensar que el afecto de sus padres depende de lo que come.
  • No forzar al niño a acabarse el plato. Primero hay que valorar si la ración es adecuada. Por otro lado, es mejor enseñarle a tener en cuenta la sensación de saciedad.
  • No prolongar la comida más de unos 30 minutos. Si no quiere una comida, hay que intentar averiguar los motivos: si ha picado algo y no tiene hambre o si no le gusta y por qué. En esos casos, no hay que preparar otro plato distinto sino pasar al postre sin darle demasiada importancia.
  • No saltarse el desayuno. Si no desayuna se sentirá cansado y le costará concentrarse. Debe incluir cereales (pan, galletas…), lácteos (yogur, leche o queso) y fruta (una pieza o un zumo natural).
  • Si está enfermo y no quiere comer un día no hay que obligarlo. Tampoco es el momento de introducir alimentos nuevos, ya que los asociará a la enfermedad.
  • Presentar de forma atractiva los platos (formando dibujos o combinando colores) puede conseguir que un niño tome un alimento que de otra forma rechazaría.
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