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Somos lo que comieron nuestros padres

25/06/2014 R. IBARRA
Somos lo que comieron nuestros padres © ABC Somos lo que comieron nuestros padres

La culpa de que seamos como somos no es de las madres, sino de los padres. Más concretamente, de lo que comieron nuestros padres antes de concebirnos. Así lo sugiere una investigación publicada hoy en Nature Communications que señala que la dieta paterna antes de la concepción puede desempeñar un papel tan importante en la salud de sus hijos como la materna. El trabajo además muestra una gran preocupación acerca de los nefastos efectos a largo plazo de las dietas occidentales actuales.

Somos lo que comieron nuestros padres

En concreto, los investigadores de la Universidad McGuill, en Canadá, centraron su trabajo en la vitamina B9 o folato, presente en gran una variedad de verduras de hoja verde, cereales, frutas y carnes. El ácido fólico materno es fundamental para prevenir abortos involuntarios y defectos de nacimiento. Sin embargo, hasta ahora no se había analizado en profundidad la forma en la que la dieta paterna puede influir en la salud y el desarrollo de sus hijos. Ahora, en esta investigación del muestra por primera vez que los niveles de folato del padre puede ser tan importantes para el desarrollo y la salud de sus hijos como los de la madre. De hecho, subraya la autora del trabajo, Sarah Kimmins, los datis sugieren que los padres deben prestar tanta atención a su estilo de vida y su dieta antes de concebir un hijo como lo hacen las madres.

«A pesar del hecho de que el ácido fólico está presente en una gran variedad de alimentos, los padres que siguen dietas ricas en grasas, de comida rápida o fast food o que son obesos podrían ser incapaces de metabolizar el ácido fólico en la misma forma que aquellos con los niveles adecuados de la vitamina B9», señala Kimmins. La experta subraya que ahora ya podemos afirmar que «esta carga será transmitida del padre al embrión con consecuencias que puede ser bastante graves».

ROMAIN LAMBROT Diferencias en el desarrollo del cerebro de ratones cuyos progenitores seguían una dieta rica en folatos (izda) o pobre (dcha).

A pesar de que su investigación se ha realizado en ratones, los investigadores afirman que los resultados son extrapolables a los humanos. En su trabajo, analizaron los efectos sobre el desarrollo en la descendencia de un grupo de padres con la cantidad adecuada de folato en sus dietas, y los compararon cpn los de otro grupo de padres con deficiencia de vitamina B9 en su dieta. Y sus resultados mostraron que «la deficiencia paterna de folato se asociaba con un aumento en los defectos de nacimiento de muy diversos tipos en los hijos», en comparación con las crías de aquellos ratones cuyos padres fueron alimentados con una dieta suficientemente rica en folato.

«Nos quedamos muy sorprendidos al ver que había un aumento de casi 30 por ciento en defectos de nacimiento en las crías engendradas por los padres cuyos niveles de folatos fueron insuficientes», indica Romain Lambrot, uno de los investigadores de la Universidad que trabajaron en el estudio. «Vimos algunas anomalías en su estructura ósea muy graves que incluían tanto deformidades cráneo-faciales y de la columna».

Analizando los datos del trabajo los expertos vieron que hay regiones del epigenoma de los espermatozoides que son sensibles a las experiencias de vida previas, y especialmente a la dieta. Pero, y lo más relevante, que dicha información a su vez transfiere a un mapa epigenómico que influye en el desarrollo del feto popr lo que puede influir en el metabolismo y las posibles enfermedades e la descendencia en el largo plazo. (El epigenoma actúa como una especie de interruptor, que es afectado por señales ambientales y está implicado en muchas enfermedades como el cáncer y la diabetes. El epigenoma influye en la manera en que los genes se activan y desactivan y por lo tanto cómo la información hereditaria se pasa de a la descendencia).

Epigenoma

Siempre se ha pensado que se produce un borrado de la información almacenada en el epigenoma a medida que se desarrolla el esperma, pero en este trabajo se muestra que, junto con el mapa de desarrollo, los espermatozoides también tienen una memoria del medioambiente paterno y, posiblemente, incluso de sus opciones de dieta y estilo de vida. «Nuestra investigación sugiere que los padres tienen que pensarse lo que comen, lo que fuman y lo que beben y recordar que son los cuidadores de las generaciones venideras», señala Kimmins. «Si todo va como esperamos, nuestro siguiente paso será trabajar en colaboración con una clínica de fertilidad para evaluar los vínculos en humanos de la dieta y el exceso de peso, y cómo dicha información se transfiere a la salud de sus hijos».

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