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Vitaminas, liposolubles

01/01/2015

Debido a que se disuelven en las grasas, las vitaminas A, D, E y K se denominan vitaminas liposolubles. Se absorben en el intestino delgado, junto con las grasas dietéticas. Las vitaminas liposolubles se almacenan principalmente en el hígado y los tejidos grasos. Salvo la vitamina K, las vitaminas liposolubles se suelen excretar más lentamente que las vitaminas hidrosolubles, y en concreto las vitaminas A y D se pueden acumular y provocar efectos tóxicos en el cuerpo.

Vitamina A

La vitamina A fue la primera vitamina liposoluble identificada (en 1913). La vitamina A comprende los retinoides preformados y los carotenoides provitamina A. Se denominan retinoides preformados de forma colectiva al retinol, el retinal y el ácido retinoico, todos los cuales son biológicamente activos. Los carotenoides provitamina A incluyen el betacaroteno y otros, que se convierten en retinoides. Los retinoides se convierten en retinol en los intestinos y se transportan con la grasa dietética hasta el hígado. Una proteína específica transporta la vitamina A desde el hígado hasta los tejidos. De todos los carotenoides, el betacaroteno tiene la mayor actividad posible como vitamina A.

Las formas activas de la vitamina A tienen tres funciones básicas: visión, crecimiento y desarrollo de tejidos, e inmunidad.

Se ha sugerido que el betacaroteno y otros carotenoides (también llamados fitoquímicos) pueden actuar como antioxidantes mediante la neutralización de los radicales libres. Los radicales libres son moléculas inestables que dañan el ADN, provocan lesiones celulares, y aumentan el riesgo de enfermedades crónicas. El betacaroteno también se ha asociado a la reducción del riesgo de cáncer de pulmón. La luteína y la zeaxantina, que son pigmentos carotenoides de color amarillo que se encuentran en el maíz y en verduras de hoja verde, pueden reducir el riesgo de degeneración macular y de cataratas asociadas a la edad. El licopeno, un pigmento carotenoide de color rojo presente en los tomates, puede ayudar a reducir el riesgo de cáncer de próstata, enfermedades cardiovasculares y daños cutáneos debidos a la luz del sol.

La deficiencia dietética de vitamina A es rara en Norteamérica y Europa occidental, pero es la principal causa de ceguera en niños en todo el mundo. Uno de los síntomas tempranos de deficiencia de vitamina A es la ceguera nocturna, la cual, si no se trata, puede causar ceguera permanente. Los síntomas incluyen sequedad de la córnea y de las membranas oculares. La deficiencia de vitamina A también puede provocar hiperqueratosis folicular, una alteración en la que los folículos capilares quedan llenos de queratina, lo cual confiere a la piel una apariencia rugosa y seca, y la aparición de bultos.

En los países en vías de desarrollo, a menudo la gravedad de las enfermedades infecciosas como el sarampión está relacionada con el grado de deficiencia de vitamina A. Suministrar dosis elevadas de vitamina A reduce el riesgo de morir por dichas infecciones. El consumo de fuentes de alimentación adecuadas es la solución más importante a largo plazo para evitar la deficiencia de vitamina A.

La toxicidad de la vitamina A, llamada hipervitaminosis A, puede ser el resultado de un exceso prolongado, de entre dos y cuatro veces la dosis diaria recomendada, de vitamina A preformada. La ingesta excesiva de vitamina A preformada puede provocar daños genéticos. La ingesta excesiva durante el embarazo también puede provocar abortos espontáneos. Las mujeres embarazadas deben evitar los suplementos prenatales que contengan retinal, así como medicamentos a base de retinoides, como Accutane y Retin-A. Un consumo prolongado y excesivo de alimentos ricos en caroteno puede dar lugar a hipercarotenemia, una alteración clínica que se caracteriza por una decoloración en tono naranja oscuro de la piel, y el aumento de los niveles de caroteno en sangre. Por lo general, esta alteración es inofensiva.

Vitamina D (Calciferol)

La vitamina D de los alimentos se absorbe en la parte superior del intestino delgado y se transporta hasta el hígado. En la piel, la radiación ultravioleta (UV) del sol convierte un derivado del colesterol en colecalciferol, el cual pasa al flujo sanguíneo y se transporta hasta el hígado. En el hígado se convierte en calcidiol, una forma inactiva de la vitamina D que circula por la sangre. Los riñones convierten el calcidiol en una forma hormonal activa de la vitamina D llamada calcitriol. Las personas con fallo renal crónico tienen niveles muy bajos de calcitriol y se deben tratar de forma periódica con esta forma de la vitamina.

La función más conocida de la vitamina D activa es ayudar a regular los niveles en sangre de calcio y fósforo. La vitamina D aumenta la absorción de estos minerales desde el tracto gastrointestinal (GI). En combinación con la parathormona, aumenta su reabsorción en los riñones y su movilización desde los huesos hacia la sangre. La vitamina D ayuda a mantener los niveles de calcio aunque las ingestas dietéticas no sean óptimas. El calcitriol afecta al crecimiento de las células normales y de algunas células cancerosas. Se ha vinculado un nivel correcto de la vitamina D con un riesgo reducido de desarrollar cánceres de mama, colon y próstata.

La deficiencia de vitamina D a largo plazo afecta al sistema esquelético. En niños, la deficiencia de vitamina D da lugar al raquitismo, una alteración por la cual los huesos se debilitan y se curvan. Aunque el enriquecimiento con vitamina D ha reducido la incidencia del raquitismo en Norteamérica, a veces se observa en niños con síndrome de malabsorción, y todavía es común en muchos lugares del mundo. En adultos, la deficiencia de vitamina D provoca la osteomalacia o "huesos blandos", que aumenta el riesgo de fracturas. La deficiencia de vitamina D también contribuye a la osteoporosis.

Las lociones o cremas de protección solar con un factor (SPF) 8 o superior impiden la síntesis de vitamina D. Las lociones o cremas solares solo se deben aplicar en el cuerpo tras permitir la exposición durante un tiempo suficiente para provocar la necesaria síntesis de la vitamina D. Para la mayoría de la gente, exponer al sol las manos, la cara y los brazos en un día despejado de verano durante 15 minutos, unas cuantas veces a la semana, debería generar vitamina D suficiente. Las personas con la piel oscura requieren una exposición más prolongada.

Las plantas son fuentes de vitamina D deficientes, así que los vegetarianos estrictos deben cubrir sus necesidades de vitamina D mediante la exposición a la luz solar o una adecuada suplementación.

Es muy probable que la vitamina D tenga efectos tóxicos si se consume en cantidades excesivas mediante suplementación. El exceso de vitamina D aumenta los niveles de calcio en sangre, lo que da lugar a la precipitación del mismo en los tejidos blandos, y la formación de cálculos en los riñones, donde el calcio se concentra en un esfuerzo por excretarlo.

Vitamina K

La vitamina K abarca una familia de compuestos conocidos como quinonas. Entre ellos se encuentra la filoquinona, procedente de las plantas, y las menaquinonas de origen animal. La filoquinona es la forma más activa biológicamente. Las menaquinonas también son sintetizadas por bacterias en el colon y absorbidas, y constituyen alrededor del 10 % de las necesidades totales de vitamina K. La absorción de la vitamina K depende del consumo normal y la digestión de las grasas dietéticas. Se almacena principalmente en el hígado.

La vitamina K ayuda a activar siete proteínas de factor de coagulación sanguínea que participan en distintas reacciones, con el fin de formar un coágulo que, finalmente, pueda detener el flujo de sangre. La vitamina K también participa en la activación de las proteínas de los huesos, lo cual aumenta mucho sus propiedades de enlace con el calcio. Se han asociado los niveles bajos de vitamina K con una densidad reducida de minerales en los huesos. Así pues, una ingesta adecuada de vitamina K puede ayudar a proteger frente a fracturas de cadera.

Una deficiencia primaria de vitamina K es rara, pero un síndrome de malabsorción de grasas puede provocar una deficiencia secundaria. El uso prolongado de antibióticos puede destruir las bacterias intestinales que producen vitamina K, lo cual precipita la deficiencia en individuos de riesgo. Los recién nacidos nacen con un tracto intestinal estéril, y los que toman leche materna pueden correr el riesgo de una deficiencia de vitamina K, porque la producción de leche materna tarda unos días en establecerse y, de forma natural, la leche materna tiene un bajo contenido de esta vitamina. Con el fin de prevenir hemorragias, todos los recién nacidos de Norteamérica reciben inyecciones de vitamina K en un plazo de seis horas desde el momento del nacimiento.

Las dosis elevadas de vitamina K pueden reducir la eficacia de los medicamentos anticoagulantes como la warfarina (Coumandin), que se utilizan para evitar los coágulos en sangre. Las personas que toman estos medicamentos deben mantener la ingesta regular diaria de vitamina K. Los suplementos con dosis muy altas de vitaminas A y E pueden poner en riesgo el nivel de la vitamina K. La vitamina A interfiere con la absorción de la vitamina K, y las dosis elevadas de vitamina E reducen los factores de coagulación que dependen de la vitamina K, lo que puede favorecer las hemorragias. La toxicidad causada por la ingesta de alimentos es rara.

Vitamina E

La vitamina E comprende una familia de ocho compuestos que se encuentran en la naturaleza: cuatro tocoferoles y cuatro tocotrienoles, de los cuales el alfatocoferol es el único activo como vitamina E en el cuerpo humano. También es la forma más habitual de vitamina E en los alimentos. La vitamina E es muy susceptible de destruirse en presencia de oxígeno, metales o luz, y de la fritura en grasas abundantes. Como resultado, el almacenamiento prolongado de los alimentos antes de su consumo reduce sus contenidos de vitamina E.

Igual que sucede con otras vitaminas liposolubles, la absorción de la vitamina E requiere que la absorción de las grasas dietéticas sea correcta. Además, el porcentaje de absorción disminuye a medida que la cantidad consumida aumenta. La vitamina E se almacena principalmente en los tejidos adiposos, aunque parte de ella lo hace en los músculos. La vitamina E restante se encuentra en las membranas celulares de los tejidos.

La vitamina E es un antioxidante y uno de los principales defensores del cuerpo contra daños oxidativos provocados por los radicales libres. Su actividad aumenta por la concurrencia de otros antioxidantes como la vitamina C y el selenio mineral. Los científicos han visto implicaciones del estrés oxidativo en el desarrollo del cáncer, artritis, cataratas y enfermedades cardiovasculares, además del proceso de envejecimiento. No obstante, todavía no se sabe si la suplementación con dosis muy altas de vitamina E ofrece protección más allá de la que se obtiene con cambios positivos en la dieta y el estilo de vida.

Debido al uso generalizado de aceites vegetales, la deficiencia primaria de vitamina E es rara. La mayoría de deficiencias se producen en personas con síndrome de malabsorción de grasas. Los fumadores y los adultos que siguen dietas con muy poca grasa corren un riesgo mayor de desarrollar una deficiencia de vitamina E. Los bebés prematuros son especialmente susceptibles a la anemia hemolítica (anemia provocada por la destrucción de los glóbulos rojos de la sangre), debido a una deficiencia de vitamina E. Estos niños nacen con reservas limitadas de vitamina E, que se agotan con el rápido crecimiento y resultan ineficaces a la hora de absorber la vitamina E en el tracto intestinal. Sin la vitamina E para protegerlos de la oxidación, la destrucción de las membranas celulares hace que los glóbulos rojos se disgreguen. Con el fin de prevenir la anemia hemolítica se prescriben leches maternizadas y suplementos con vitamina E a los bebés prematuros.

Grandes dosis de vitamina E pueden contrarrestar la acción de la vitamina K y reducir la producción de los factores de coagulación que dependen de la vitamina K, lo cual aumenta el riesgo de hemorragias graves en adultos. Las personas que sufren deficiencia de vitamina K, o que toman medicamentos anticoagulantes como la warfarina o la aspirina, están especialmente expuestas al riesgo de niveles excesivos de vitamina E.

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