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"La violencia de género psicológica deja secuelas que duran mucho pero por supuesto que es posible salir de ello"

Logotipo de 20 minutos 20 minutos hace 4 días redaccion@20minutos.es (Araceli Guede)
La Comunitat Valenciana detecta 662 casos de violencia machista entre enero y octubre de 2021 © 20M EP La Comunitat Valenciana detecta 662 casos de violencia machista entre enero y octubre de 2021

Los golpes de la violencia de género psicológica no dejan marcas a simple vista pero van haciendo mella en las víctimas hasta lograr anularlas, que dejen de respetarse a sí mismas e incluso que lleguen a odiarse. "No soportas mirarte a un espejo ni que los demás te miren. Quieres desaparecer", relata Natalia, que está consiguiendo salir de ese túnel gracias a la ayuda de su psicóloga, Marta Martín Montero.

Esta terapeuta charla con 20minutos sobre la situación en la que llegan a su consulta mujeres que han sufrido lo mismo que Natalia y cómo es el trabajo que lleva a cabo con ellas para que logren recuperar su autoestima. El proceso es muy largo, pero ella ve cada día cómo la recuperación "por supuesto" que es posible.

¿Cómo llegan estas mujeres a la consulta? No llegan tanto porque se den cuenta de que ha habido una violencia, sino por una ruptura muy dolorosa o muchas veces por otras cosas como insomnio, ansiedad, ataques de pánico... Hay una alerta constante que no consiguen apagar.

Acuden entonces a raíz de las consecuencias que les provoca la situación que sufren. Exacto, y a través de toda la sintomatología que presentan al final podemos llegar a la causa. Pasa en general. Normalmente cuando la gente acude a consulta hay un grado de inconsciencia bastante alto. Es raro que las personas sepan de dónde les viene el malestar. A través de la terapia vamos tirando de hilos para que puedan hacer esas conexiones.

¿No suelen ser conscientes de estar en una relación tóxica? Depende del caso, pero un alto porcentaje no quiere ser consciente. Además se sienten culpables y eso las atrapa aún más en ese tipo de relaciones porque sienten que tienen la culpa de seguir ahí. Tienen momentos en los que se preguntan por qué están aguantando pero siguen aguantando. La toma de conciencia de eso es muy dolorosa para ellas porque supone conectar con toda esa culpa. Muchas veces es más vergüenza lo que sienten de admitir que su pareja las agrade. Significa aceptar que las están humillando. Cuesta decirlo en voz alta.

Psicólogos © CEDIDA Psicólogos

¿Se reprochan no haber puesto medios? Claro, y eso tampoco las ayuda, las mete más en el círculo. Este tipo de parejas las anula, pero además sienten vergüenza y culpa y les cuesta exteriorizarlo, con lo que el aislamiento es todavía mayor.

¿Es muy diferente la forma de trabajar con ellas respecto a otras violencias machistas? Sí, porque la violencia física deja secuelas pero la psicológica merma más a la persona. Tienen secuelas que se cronifican, que están muy dentro, y que van a durar muchos, muchos años. Al ser un machaque muy repetido va calando más en la personalidad y el sistema de creencias y trabajarlo lleva mucho más tiempo.

¿Son procesos largos? Sí, porque hay que ir a la base. La base es el apego, si ha habido disponibilidad adulta o no, si has tenido que hacerte autónoma, la vinculación que tienes con tus padres, sus creencias y las creencias que te han inculcado, si ellos tienen autoestima… Ahí muchas veces está la clave. ¿Cómo voy a tener yo autoestima si mis padres no la tienen? Es muy complejo. Tienes que procesar mucha información que la persona tiene almacenada y que no es funcional para ella porque no la coloca en un sitio de empoderamiento ni de respetarse a sí misma.

¿Cómo es ese trabajo? No es nada fácil. El abordaje que yo uso es el EMDR, porque está demostrado que es la terapia más eficaz para los traumas y este tipo de violencia lo son. Es diferente a una terapia cognitivo conductual, que a través de los pensamientos intenta gestionar las emociones. El EMDR engloba todo, la parte somática, la emocional y la cognitiva, que está relacionada con las creencias que tenemos de nosotras mismas y con la autoestima. ¿Por qué una persona cae con maltratadores psicológicos? Muchas veces tiene que ver con ‘la niña no vista’, una niña que tiene creencias de que no vale. Ellos suelen ser narcisistas, seductores… ‘Y encima se ha fijado en mí’. Eso es muy potente y genera un patrón de dependencia emocional. Casi siempre hay que ir a la infancia para trabajar creencias nucleares que les dificultan decir que no o poner límites.

¿De qué forman se desmontan esas creencias? Con el EMDR lo que hacemos es resetear. Si tengo una creencia de que no valgo me tengo que ir a cuando se creó y tengo que resetear todos los momentos que confirman que yo no he valido. Porque si tengo esa creencia y a lo largo de mi vida lo que he tenido son verificaciones va a ser muy complicado que sienta que valgo. Gracias al EMDR aliviamos todo el malestar asociado a un recuerdo, quitamos la emoción negativa y al mismo tiempo cambiamos la creencia. Se trata de activar la red neuronal que tiene archivado ese recuerdo para poder cambiarlo.

¿Qué es la parte somática? La parte del cuerpo donde localizo mi malestar. Hay otras terapias que no llegan a esa parte o no la trabajan a fondo. Nosotros siempre les preguntamos en qué parte del cuerpo lo localizan y pedimos que lo gradúen de cero a diez. Porque el cuerpo tiene memoria desde que nacemos. Ha habido gente con la que he tenido que trabajar un trauma preverbal, anterior al año o los dos años. Ahí no tienes una memoria consciente, tienes una memoria somática. No le puedes poner palabras porque eras un bebé pero sí tienes una sensación angustiosa y somática muy potente.

Tras haber vivido aisladas de todo, ¿cuesta mucho que vuelvan a confiar en alguien? Esa es la clave. En el mundo hay gente en la que puedes confiar y en la que no y en ellas hay que fomentar el poder elegir en quién hacerlo. Con todo lo que les ha pasado, al principio es normal que no se fíen de nadie. Ahí las terapeutas nos tenemos que aliar con la defensa. Es una creencia que las va a proteger hasta que se sientan suficientemente fuertes como para empezar a exponerse ante otras personas.

¿Inicialmente es entonces una barrera necesaria? En un principio sí. Cuando la persona va estando mejor hay que ir viendo qué cosas puede ir haciendo, siempre desde su control, fomentando que elija lo que va a hacer y cómo, no tanto que el terapeuta se lo diga. Cada uno va marcando sus tiempos y hay que respetarlo. Porque en estas violencias no hay respeto y tenemos que instaurar que se respeten a sí mismas en todos los niveles. Ahí nunca debemos forzar.

¿Es posible salir de ese pozo? Por supuesto. Absolutamente sí. Lo veo a diario. Yo abogo por el EMDR porque para mí misma supuso un antes y un después pero cada persona se sentirá cómoda con unos métodos u otros. La clave es encontrar la estrategia y al personal adecuados, pero que pueden salir, claro que sí.

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