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Águilas, por qué tienes que descubrir este pueblo marinero del lejano Este

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 10/08/2017 Ángeles Castillo

No es el desierto de Tabernas ni el paraje semidesértico de Las Negras, la Isleta del Moro y compañía, que no quedan lejos. Aquí no parece sonar tanto la música épica de Ennio Morricone ni le asaltan a uno por los caminos de igual manera las imágenes de Sergio Leone, pero tiene mucho de lejano oeste aunque al este, igualmente con pitas (agaves), nopales (chumberas), esparteras y esos cortijos perdidos en medio de la nada donde parece que va a repostar de un momento a otro Clint Eastwood por un puñado de dólares. En fin, estamos hablando de Águilas, que también tiene mar y una costa virgen de quitar el sentido. Es tan especial que hasta las olas (y algunos animales que parecen mitológicos) se quedan de piedra. Sin exagerar. Te decimos por qué tienes que descubrir ya este pueblo marinero entre Mojácar y Mazarrón. O volando más lejos entre Cartagena y el Cabo de Gata.

El perfil costero de esta villa marinera. (Foto: Ayuntamiento de Águilas) © Proporcionado por Glamouratis El perfil costero de esta villa marinera. (Foto: Ayuntamiento de Águilas)

1. Mucho más que carnavales. Es verdad que son fiestas de interés turístico internacional y que la batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma y demás se celebra por todo lo alto al más puro estilo Río de Janeiro, con el mismo relumbrón, pero Águilas es mucho más que eso. El interés turístico internacional le viene también de su paisaje marítimo, de sus calas vírgenes, de su particular geología, de sus molinos que no son gigantes y han hecho no pocos quijotes -es reino este de actores-, de su castillo guareciendo el puerto, de su ambiente residencial y de su faro (de Punta Negra), con el que terminamos atando cabos (marineros).

La playa Amarilla con la isla del Fraile en frente. (Foto: Turismo de Murcia) © Proporcionado por Glamouratis La playa Amarilla con la isla del Fraile en frente. (Foto: Turismo de Murcia)

2. 28 kilómetros de costa. Empezando por una playa 'deliciosa' que está en todo el centro y tiene vistas al puerto y al castillo, por un lado, y a la Aguilica y el auditorio de nueva construcción por el otro, siguiendo por la maravillosa playa Amarilla de arena marrón frente a la isla del Fraile, donde el atardecer no es bueno sino que es mejor, y frente a la bahía del Hornillo también componiendo una estampa única (un presente de playa, un pasado de minas), para ir a dar a continuación con Cala Blanca con su casa cueva y su porte de cala escondida hacia el levante. Porque hacia el poniente, está la Colonia, que es la playa urbana, la de las heladerías y los chiringuitos, antes de llegar a las Cuatro Calas.

3. Al natural. Hemos dejado el párrafo anterior en las Cuatro Calas, porque este es un paisaje protegido de la frontera (con Almería), que son las Cinque Terre menos una pero solo de mar. A saber: Calarreona, la Higuerica, la Carolina y los Cocedores (de esparto), que pueden recorrerse por un caminito que no es el del Rey, de Málaga, pero tiene su aquel (un tramo del GR). Y hacia el otro lado, el Parque Natural del Cabo Cope, con la torre vigía del XVI para hacer historia y la encantadora Calabardina a sus pies, y Puntas de Calnegre, ya compartido con Lorca, que se prolonga hasta el mar. Tierra adentro está el Talayón, el pico más alto de la sierra de Almenara, que le interna a uno por la España más profunda, la del pastor, con sus 881 metros sobre el nivel del cercano mar, y la Cuesta de Gos, que es la pedanía que vio nacer al magnífico actor Paco Rabal.

Un rincón de Calabardina con el Cabo Cope de fondo. (Foto: Oficina Municipal de Turismo de Águilas) © Proporcionado por Glamouratis Un rincón de Calabardina con el Cabo Cope de fondo. (Foto: Oficina Municipal de Turismo de Águilas)

4. Conquistando castillos y molinos. Además del de San Juan de Águilas, que corona la villa, se pueden asaltar otros no ya urbanos sino rurales como el de Tébar o el de Chuecos, en la sierra de Almenara. Conquistarlos puede ser un buen plan. Lo mismo que, ya cambiando de tercio, pasarse por el Centro de Interpretación del Mar, que es tambien acuario, para saberlo todo del ecosistema del litoral, con una casa de pescador y barco de pesca (de arrastre), el José y Josefa, incluidos. Y puestos a conquistar también los molinos, de Sagrera y los Alacranes, que fueron de grano y ponen a este lugar de la Costa Cálida murciana el toque cervantino, y el pico de la Aguilica (o mejor, l'Aguilica), en uno de los extremos de la ciudad (levante). Las vistas desde todos estos miradores son espectaculares.

Y al fondo, los molinos. (Foto: Oficina Municipal de Turismo de Águilas) © Proporcionado por Glamouratis Y al fondo, los molinos. (Foto: Oficina Municipal de Turismo de Águilas)

5. La vida en la Glorieta. Águilas tiene paseos que te llevan desde donde sale el sol hasta donde se pone y tiene playas -ya hemos dicho-, pero la vida se concentra en la Glorieta, que es la plaza de España, un vergel con ficus centenarios y fuente (la Pava de la Balsa, que dicen por aquí) en uno de cuyos lados está el Ayuntamiento, un edificio neomudéjar del siglo XIX, y que se nos antoja el mejor rincón para tomarse un helado, un granizado o una cerveza, por qué no. Para la noche, lo suyo es el Casino, sin desmerecer al Samoa o al Tuareg, otros dos hitos del ocio con nocturnidad.

6. Y fuera de la Glorieta. Busca cual Sherlock Holmes el rincón del Casuco, junto a la playa del Hornillo, y verás cómo ha quedado estampada la huella de Gaudí (otra oda al trencadís) en una sensacional escalinata y alrededores, obra artesanal de Juan Martínez, Casuco. Un parque Güell en el sureste español. No dejes de echarte a la mar o de sumergirte: en el Club Náutico te lo pondrán muy fácil.

El Zoco del Mar, un restaurante chill out con vistas. © Proporcionado por Glamouratis El Zoco del Mar, un restaurante chill out con vistas.

7. Comer y dormir. Ni de tomarte algo en la terraza La Mar del hotel Puerta Juan Montiel (alojamiento, desde 107 euros) y quien dice esto dice comer o cenar. O en el restaurante chill out Zoco del Mar, que está ubicado nada menos que en la explanada del castillo. Otra vez una panorámica de aúpa. No faltan las actuaciones musicales, que para eso estamos en verano. Junto al puerto, las terrazas del Sol y Mar y La Gaviota, donde probar los letones, la musina o las patatas con ajo. Y ya en el interior, un clásico del pescado, el Poli. Y otro que le da a la cocina de autor, El Refugio, un bar que parece corriente y luego no lo es. Llegados aquí, ya solo te quedará coger el Don Pancho y zarpar. Rumbo a una isla... y más.

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