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Calatañazor, Yanguas... Cinco razones para escaparte este puente a Soria

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 11/10/2017 Ángeles Castillo
El viejo palomar de Calatañazor (1700) que ahora es un restaurante. (Foto: El Palomar) © Externa El viejo palomar de Calatañazor (1700) que ahora es un restaurante. (Foto: El Palomar)

Soria tiene un color especial. Y no nos referimos al de Sevilla, sino a otro que le viene de la piedra y el entorno natural y de estar maravillosamente bien cuidada y conservada, como si nadie antes hubiera pasado por allí. Es curioso, pero siendo eminentemente provinciana y rural, resulta chic. Tiene el elegante y soberano encanto de la tienda de antigüedades. Y sí, es machadiana a rabiar. Aquí la primavera tarda, pero llega. Y el Duero baja solitario. Es tan romántica. Más allá de San Saturio y del olmo de don Antonio y Leonor, te damos cinco razones para que te pierdas ya por esta provincia castellanoleonesa a la que tampoco, volviendo a citar a Camilo José Cela, nos da la gana de ir... Hasta ahora.

1. Calatañazor, mucho más que un tambor

Bromas aparte, por eso de que aquí Almanzor perdió el tambor, este es un pueblo de los que hay que ver, mágico, muy literario, a solo 33 kilómetros de Soria capital y en la comarca de las Tierras del Burgo. No es un castillo de los cátaros, pero casi: se alza en una peña escarpada desafiando la profundidad de la hoz del río Milanos. No hay otro igual. Una vez dentro, todo es muy antiguo, auténtico y medieval. O sea, calles de cantos rodados, puertas con postigos a media altura, paredes de tapial de barro y paja, iglesia románica... Para colmo, tiene en sus proximidades un sabinar único: con las sabinas albares más altas de la península.

Por las calles (increíbles) de Calatañazor. (Foto: Turismo Soria) © Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. Por las calles (increíbles) de Calatañazor. (Foto: Turismo Soria)

Dónde dormir: un caserón del siglo XV con decoración bereber y mucha solera, como todo aquí. Perteneció, nos cuentan, a una familia judía prestamista. Dispone de diez habitaciones, chimenea, que tarde o temprano llegará el frío, y buenas vistas. Es El Mirador de Almanzor. Desde 54 euros.

Dónde comer: en el restaurante El Palomar, que era exactamente eso, un palomar de 1700, y donde se puede probar la comida típica soriana, que es lo suyo. Migas pastoriles, pastel de boletus, lomo de olla o cangrejos de río. De postre, tarta de cuajada y crepe de compota de manzana. Y alegría, tiene patio.

2. Yanguas, el de los arrieros del Quijote

Yanguas no podía ser más pintoresco. (Foto: Turismo Soria) © Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. Yanguas no podía ser más pintoresco. (Foto: Turismo Soria)

Es más que probable que hayas estado en El Burgo de Osma y no digamos en Medinaceli, pero ¿y en Yanguas? Este pueblo de las Tierras Altas de Soria, al norte de la provincia, ya casi La Rioja, se alza sobre una de las colinas de la sierra de Cameros y es igualmente histórico y pintoresco. Y además sale en el Quijote; bueno, más que el pueblo, sus arrieros (capítulo XV de la primera parte). Tiene de todo: castillo al estilo árabe, puertas de la villa, iglesia gótica, casa consistorial dieciochesca, puente de tres ojos sobre el río Cidacos, casas blasonadas, soportales y un rico entorno natural. Como es otoño, no dejes de ir al hayedo de Diustes, a unos ocho kilómetros. Ni al acebal de Garagüeta, a unos 30.

Dónde dormir: en el hotel rural El Rimero de la Quintina, en pleno casco antiguo. Siete habitaciones y jardín-terraza. Desde 55 euros.

Dónde comer: en el restaurante del hotel Los Cerezos de Yanguas, que sirve cocina tradicional serrana. Por ejemplo, cocidos y potes de antaño, sopas de ajo de los arrieros yangüeses (los que cita Cervantes), pimientos de las huertas del Cidacos rellenos de bacalao, carnes de buey, caza y, como guinda, arroz con leche de la abuela.

3. Chaorna, un pueblo de leyenda

Otra vez una hoz, esta del arroyo de Useca, y un pueblo peculiar, Chaorna, que está en la comarca de Arcos de Jalón y es todito él de postal, muy de sierra. Le da mucho encanto su torreón de origen islámico sobre la Cueva de la Mora, el barranco de la cascada y su fuente. ¡Uy!, es que Chaorna está al fondo de un desfiladero y presume de casas de piedra y teja, allá, alejado del asfalto y la contaminación, envuelto por las sabinas, las que integran los Sabinares del Jalón. Andando andando, que lo sepas, se llega a la laguna de Judes. Decíamos de postal, pero es un pueblo de leyenda. De mucha leyenda.

Chaorna, ¿a que dan ganas de ir? (Foto: Turismo Soria) © Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. Chaorna, ¿a que dan ganas de ir? (Foto: Turismo Soria)

Dónde dormir: en El Rincón de la Fuente Vieja, una casa rural por habitaciones en Maranchón, Guadalajara. Saltando de provincia, pero a solo 12 kilómetros. Desde 45 euros.

Dónde comer: en Chaorna no hay ningún restaurante, es parte de su encanto, así que nos vamos ahora a la noble Medinaceli. Al Asador de la Villa El Granero, a probar lo más típico de la gastronomía soriana. Es hora de hincar el diente a las migas de matanza, la sopa castellana al estilo de la villa, los judíones de la Ribera del Jalón y el cordero asado. De postre, helado casero de mantequilla de Soria.

4. Somaén, entre altos cerros

Seguimos en las tierras de Arcos de Jalón, buscándole las cosquillas a Soria. Y de pronto nos plantamos en Somaén, mirando, al igual que Chaorna, más a Guadalajara y Zaragoza, hacia el sureste. Más castillo, lo que queda de él; otra hoz (del río Jalón), casas rojizas escalonadas, calles estrechas y cerros que lo amparan, haciendo casi un circo, todos ellos de mil metros. El sabor es también árabe. Este valle del Jalón es un paraíso para los amantes de la fauna: corzos, zorros, comadrejas, halcones y garzas reales.

Somaén, en el valle del Jalón. (Foto: Turismo Soria) © Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. Somaén, en el valle del Jalón. (Foto: Turismo Soria)

Dónde dormir: en alguna de las lujosas habitaciones de la Posada Santa Quiteria, una casona del siglo XVIII junto al castillo de Somaén, del siglo XI, nada menos y con vistas al Jalón, piscina y jardín. No se puede pedir más. Desde 111 euros.

Dónde comer: en el restaurante de la posada, por supuesto. Platos como las carrilladas marinadas al oporto acompañadas de dados de manzana, uvas pasas de Corinto y sofrito de setas.

5. La Fuentona, un edén de aguas cristalinas

Este es un monumento natural, un paraíso de esos que hay en Soria, junto a la Laguna Negra, el Valonsadero o el Cañón del Río Lobos. Este en Cabrejas de la Sierra. Hay que ir de nuevo dirección Valladolid y pasar precisamente Calatañazor para llegar a Muriel de la Fuente, desde donde ya se ve el desvío a La Fuentona, que es, ya lo dice su nombre, una señora fuente, una surgencia de aguas subterráneas, el nacimiento del río Abión, el mismo que luego se junta con el Ucero en El Burgo de Osma. Pura naturaleza y edén, que sus aguas son muy muy cristalinas y profundas, aunque no lo parezca. A su alrededor barrancos y desfiladeros de sobresalientes formaciones rocosas. No le falta su leyenda de ondinas y jóvenes incautos. Para saberlo todo y más, la Casa del Parque de la Fuentona y del Sabinar de Calatañazor, en un antiguo palacio a la entrada de Muriel. De ahí precisamente sale el recorrido que va río arriba hasta dar con ella, la Fuentona; hacerlo es lo mejor.

La Fuentona, una laguna con leyenda. (Foto: Turismo Soria) © Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. La Fuentona, una laguna con leyenda. (Foto: Turismo Soria)

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