Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Jánovas, el pueblo fantasma que nunca perdió la vida

Logotipo de Traveler Traveler 09/10/2018 Lucía Mos

Jánovas, el pueblo fantasma que nunca perdió la vida

Jánovas, el pueblo fantasma que nunca perdió la vida
© Alamy

El GPS señala un tramo de tierra que está hecho una pena. Parece el único acceso posible, no hay más remedio que rezar por los amortiguadores y atravesar, muy despacito, el camino que separa la actualidad de un doloroso pasado congelado en el tiempo.

El martirio al que se somete el coche al final se agradece. Aquí el valle del Ara se muestra sin complejos: solo unas piedras evitan que el río discurra por donde le dé la gana. A la izquierda, lejos, un puente colgante en desuso nos recuerda que en este escondrijo del Pirineo Aragonés entraba y salía gente a diario.

Y entre las montañas destaca una imagen hermosa y obsoleta. Es Jánovas. O más bien, era Jánovas: lo que queda son sus casas de piedra derruidas y las calles expoliadas por una vegetación impetuosa a la que nadie le cierra el paso.

La hiedra lo invade todo en Jánovas © La hiedra lo invade todo en Jánovas / Copyright: iStock La hiedra lo invade todo en Jánovas

Lo que parecía una excursión al margen del turismo normativo enHuesca se acabará convirtiendo en una cruda lección de Historia de España. Una clase magistral de la injusticia, la lucha y la resistencia irreductible de un pueblo empeñado en no dejarse hundir.

UN PUEBLO DESAHUCIADO POR UN PANTANO QUE NUNCA LLEGÓ

Hace falta hacer un esfuerzo para imaginar a Jánovas con vida. Las viviendas, hoy en día hogar de la hiedra y de otras plantas inquilinas, se levantan sobre el suelo a duras penas. Parecen encorvadas, como si la vejez hiciera que les dolieran los muros y se les saltasen los ladrillos. Aún se intuyen los marcos de ventanas y puertas, y los huecos de las chimeneas están medio desdibujados.

Pero estas casas abandonadas todavía transmiten la belleza de otro tiempo. Como primas lejanas, recuerdan a las de Aínsa, un pueblo vecino que se ha adaptado al latido frenético del turismo continuo.

Mesón de Frechín en Jánovas (alrededor de 1940) © Mesón de Frechín en Jánovas (alrededor de 1940) / Copyright: © Fundación San Miguel Mesón de Frechín en Jánovas (alrededor de 1940)

Jánovas también latía, y a buen ritmo, hasta la década de 1950. En esa época el corazón de la comunidad se paró ante la noticia de que su pueblo iba a ahogarse dentro de un pantano descomunal. No hubo discusión posible. Diez años después, comenzaron las expropiaciones, los desalojos y la demolición de todo lo que había por allí.

Jánovas se negó a ceder terreno. Los vecinos mantuvieron su rutina mientras la empresa hidroeléctrica talaba árboles, destruía las acequias y cortaba el agua y la luz. En 1966 los alumnos y los maestros fueron sacados a la fuerza de la escuela. Y en 1984 se marcharon las últimas dos familias que continuaban viviendo allí.

Puerta de la escuela de Jánovas © Puerta de la escuela de Jánovas / Copyright: © Fundación San Miguel Puerta de la escuela de Jánovas

Sin embargo, el pantano nunca se llegó a construir. En 2001 se decretó que el proyecto era faraónico, y su coste, imposible de asumir. Para entonces Jánovas se había convertido en un recuerdo pálido de lo que había sido. En balde. Pero aún quedaba esperanza.

Estaba agonizando, pero nunca dejó de respirar. Sus vecinos nunca se fueron del todo. Durante 50 años se aferraron a un lema que aún resuena en las calles del pueblo vacío: “Jánovas no rebla”. No cede. No se rinde. No se hunde. Jánovas no muere.

LA RESURRECCIÓN DE JÁNOVAS

De momento, Jánovas sigue siendo un pueblo en coma. Los pocos viajeros que llegan hasta allí se dejan seducir por su aire fantasmagórico e intentan desterrar la idea de que un espectro se les va a aparecer en la próxima esquina.

La visión de las ruinas enmadejadas por la vegetación es tan pura que provoca una conexión real con la naturaleza y con el pasado. Es como un lugar del que la evolución se hubiera olvidado. Al menos, hasta ahora.

Antiguo ultramarinos de Jánovas © Antiguo ultramarinos de Jánovas / Copyright: © Fundación San Miguel Antiguo ultramarinos de Jánovas

A principios de 2018 el Gobierno de Aragón concedió una subvención de 60.000 euros para reconstruir el pueblo, y los vecinos se pusieron manos a la obra de inmediato. También es verdad que llevan dos años esperando los otros 150.000 euros prometidos para arreglar la entrada, la pesadilla de los conductores que quieren acceder al pueblo.

La Fundación San Miguel tiene una página web donde se puede ver lo que se perdió en Jánovas y que anima a apoyar económica o físicamente los proyectos para su recuperación: el molino, el lavadero, la iglesia, la herrería…

Jánovas despierta poco a poco. Las casas están siendo restauradas por vecinos desinteresados que sueñan con volver a tomar ron con leche alrededor de la hoguera de la plaza durante las fiestas de San Fabián.

Jánovas vuelve a la vida. Es el pueblo fantasma que nunca perdió su espíritu.


www.traveler.es

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Traveler

image beaconimage beaconimage beacon