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Las otras cataratas del Niágara están en Europa

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 23/06/2022 Víctor Vives

Es un rincón de Montenegro desconocido para el turismo extranjero pero muy frecuentado por visitantes locales. Sobre todo en primavera y verano. Se conoce popularmente –no sin cierta dosis de ironía– como las cataratas del Niágara. Situadas a apenas 10 minutos en coche del centro de la capital, Podgorica, y también a unos diez de su aeropuerto, se enmarca en un pintoresco paraje natural.

Las aguas turquesas del río Cijevna discurren mansamente, surcadas aquí y allá por patos, antes de precipitarse al vacío. Procedentes de Albania, donde el río se llama Cem, prosiguen su camino para confluir en el Morača y cruzar Podgorica hasta desembocar finalmente en el Skadar, el mayor lago del sur de Europa y frontera natural entre Montenegro y Albania.

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No es un salto muy majestuoso, a decir verdad. Pero sí vistoso, cuando el río alcanza su mayor caudal. Y refrescante, puesto que uno se puede asomar al borde hasta salpicarse.

Las cataratas son, en realidad, una presa levantada por granjeros hace unos 150 años con el objeto de accionar un molino hidráulico para moler su grano. Del molino, si jamás llegó a existir, no queda rastro... Pervive, sin embargo, una leyenda. Cuenta que la presa no lograba resistir la fuerza del río durante sus crecidas, con lo cual año tras año debía reconstruirse. Hasta que un buen día apareció una anciana con una solución mágica. Advirtió que la única forma de consolidar la presa era rellenar los huecos entre las piedras con lana de oveja. Y fue tal como predijo: desde entonces la construcción aguanta.

Las tranquilas aguas turquesas del Cijevna antes de precipitarse al vacío © V.V. Las tranquilas aguas turquesas del Cijevna antes de precipitarse al vacío

La presa queda al descubierto a finales del verano, cuando las cascadas se secan por completo. Al contrario, la mejor época para admirarlas es en marzo o abril –momento en que el deshielo alimenta las aguas del Cijevna– o tras días lluviosos. El lugar alcanza su esplendor, rodeado de flores y verdor, entre la primavera y el verano. Es entonces cuando atrae a más montenegrinos.

En realidad, el atractivo de estas cataratas del Niágara radica en su entorno: un relieve kárstico –fruto de la erosión de las piedras calizas– y unas extensas gargantas regadas a su vez por pequeños saltos de agua. Los montenegrinos las han bautizado, en otro alarde de originalidad, como su Cañón del Colorado. Sobre esas gargantas se despliega el viñedo continuo más amplio de Europa (23 km2 y más de 11 millones de vides). Pertenecen a Plantaže, una de las marcas de vinos de referencia en el país.

El encanto de las cataratas del Niágara de Montenegro reside en la tranquilidad y su entorno natural

Además, a orillas de las cataratas, se encuentra el restaurante Niágara. Desde su terraza de madera, se puede contemplar el curso del Cijevna mientras se degusta alguna especialidad local. A modo de reclamo, el establecimiento tiene a pie de carretera una pequeña noria de agua que recuerda los orígenes de la presa.

Superman debería volar más rápido

Queda claro que las Niágara de Montenegro poco tienen que ver con las originales, a 7.500 kilómetros de distancia. Su desnivel de 4 metros representa 25 veces menos que el de las cataratas norteamericanas (el Superman de la película debería volar más rápido para rescatar aquí a Lois Lane en su caída...). Su encanto reside, en cambio, en su tranquilidad y su entorno natural. Sin casinos, ni resorts, ni hoteles ni turistas en tropel.

En resumen: sí, las cataratas del Niágara también están en Europa. Aunque mejor no afirmarlo en ningún examen de geografía.

Tras la presa, las aguas discurren por una garganta llena de pequeñas cascadas © V.V. Tras la presa, las aguas discurren por una garganta llena de pequeñas cascadas
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