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Budapest, el hechizo renovado

07/04/2014 Belinda Guerrero
Imagen del Parlamento en Budapest.: Photo © GTRES Photo

Agua y humo, esto significan Buda y Pest, los dos asentamientos que conforman la capital húngara.

Entre sus laderas serpentean embajadas, casas señoriales y restaurantes de postín, como el Café Pierrot (Fortuna, 14). Por sus refinadas mesas han pasado Antonio Banderas o Jeremy Irons, seguramente para probar la exquisita receta de cerdo mangalitza (14 euros), mientras les acompañaba la música de un pianista.

La ciudad alta es una preciosidad, y siempre es un devenir de turistas ávidos de encontrar la fotografía perfecta. Pasea entre casitas pintorescas y monumentos imponentes como la Galería Nacional, la iglesia de Matías o el imprescindible Bastión de los Pescadores, desde donde obtendrás una de las mejores panorámicas de la urbe. Súbete en el Budavári Sikló, en la plaza de Adam Clark, donde hallarás también un escudo que marca el kilómetro 0, junto al puente de las Cadenas. Este funicular salva los 51 metros de desnivel entre Pest y el castillo de Buda, y sigue operativo desde 1870.

Mirada hacia otra época

En esta zona hay vestigios de otra etapa, la Segunda Guerra Mundial, con relatos impresionantes, como los que narran en la visita guiada al Sziklakórház Múzeum (Lovas, 4c), un auténtico laberinto de 10 km, que hizo las veces de búnker nuclear y hospital. Es sobrecogedor.

Los que gusten de la Historia deben acercarse a Memento Park, en la parte sur de Buda. Es un espacio ajardinado donde reposan al aire libre las estatuas del Ejército Rojo y monumentos alegóricos gigantescos del movimiento obrero, que proliferaron con el Telón de Acero elevado durante la etapa comunista.

Entre las nubes y el agua

La mejor forma de ver Budapest es abordando la colina Géllert, puedes hacerlo andando desde los baños homónimos, uno de los centros termales más bonitos de la ciudad por su estilo modernista. Una vez en la cima, te toparás con un mirador impresionante desde el que divisarás el barrio del Castillo y la orilla derecha del Danubio, ambas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Aún te queda bajar hasta la orilla del Danubio para abordar el barco Legenda. Durante una hora realizarás un recorrido (11 euros) desde el muelle 7, en Jane Haning, hasta la isla Margarita y descubrirás cada uno de los puentes y secretos arquitectónicos de la ciudad mediante una audioguía en español.

Galeristas y cafetines

La enorme densidad monumental de Buda exige algún que otro descanso. Te recomendamos hacer una parada en la pastelería Ruszwurm (Szentháromság, 7), un local antiguo donde aún elaboran un pastel de pétalos de rosa, que era el favorito de la emperatriz Sissi. Es también muy bonito el Café Miró (Uri, 30), ambientado según la impronta del artista español.

Además, entre las calles empedradas pasearás por un buen puñado de galerías de arte contemporáneo. Puedes comprar obras de artistas húngaros en la original Girls Next Door (Csónak, 7) o la exclusiva Mono Kortárs (Várfok,1).

De obligada visita son los edificios del Parlamento (Kossuth Lajos, 1-3) y de la Ópera (Andrássy, 22). El primero es un recorrido gratuito, pero tienes que llevar confirmación de tu reserva. Una vez aquí no dejes de visitar un mercadillo diario ecológico, que plantan justo frente al noble edificio.

Para ver la bombonera operística, lo mejor es que vivas desde dentro un espectáculo lírico. A pocos metros de este teatro se encuentra la iglesia Szent István, dedicada al fundador de Hungría. Los futboleros se quedarán epatados al saber que aquí descansan los huesos del madridista Ferenc Puskás.

Una buena manera de ver la ciudad es viajando en metro (1 euros) o siguiendo la ruta modernista. El arquitecto Ödön Lechner creó un nuevo estilo de art nouveau a la húngara, mezclando motivos castizos en edificios como el de la Casa Thonet (Váci, 11), te encantarán los azulejos de sus tejados, o el perfil del Instituto de Geología (Stefánia, 14).

Otro punto clave de la visita a la capital de los magiares es, sin duda, gozar de las bondades de sus aguas termales, que brotan de 118 fuentes, con temperaturas que oscilan desde los 21ºC hasta los 78ºC. La megaconstrucción de Széchenyi (Hösök Tere), te va a alucinar. Puedes pasar el día nadando en sus piscinas (desde 14 euros) y terminar la experiencia con un buen masaje (11 euros).

Justo al lado de los baños, se encuentra el Museo de Bellas Artes, no dejes pasar la oportunidad de ver esta estupenda colección de arte con más de 100.000 piezas.

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