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Diez faros preciosos en España

El Viajero El Viajero 05/06/2016 Sergio C. Fanjul

Faro de Maspalomas, en Gran Canarias. © Guido Cozzi/Corbis Faro de Maspalomas, en Gran Canarias. En España hay 187 faros levantados para guiar a los barcos en la noche y en la mar. Son un pedazo de civilización en esa interfaz donde chocan las fuerzas de la naturaleza: el agua y la tierra, la brisa y las olas, el sol y la sal. Además de toda la nostálgica mitología alrededor de la profesión del farero, que ya no es lo que era (solo unos 60 faros están habitados y muchos se controlan a distancia, tecnología mediante), suelen estar empapados de historia, de curiosidades y de alrededores que muchas veces vale la pena visitar.

A finales de 2015 el Ministerio de Fomento anunció un plan para dar uso hotelero a los faros, denominado proyecto Faros de España. Aunque la iniciativa afirma que pretende respetar el valor patrimonial de estas construcciones, algunos colectivos se oponen a esta “privatización” de los faros. Más allá de esta polémica, escogemos diez enclaves diseminados por las cuatro puntas de la rosa de los vientos, imprescindibles para practicar turismo de faros.

Faro de Trafalgar (Cádiz)

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Faro de Trafalgar, en Cádiz. / Iigo Quintanilla/AGE

Trafalgar Square es una de las plazas más transitadas del centro de Londres, pero seguro que muchos de los londinenses que la frecuentan no saben que toma su nombre del cabo de Trafalgar, en Barbate (Cádiz). El municipio es conocido por sus playas, su atún, sus inspiradores aromas africanos y por ser frecuentado por el cómico universal Chiquito de la Calzada. Con su fuste troncocónico y sus 34 metros de altura, este faro se alza orgulloso frente a las peligrosas aguas donde tuvo lugar la Batalla de Trafalgar, de la que, por cierto, trata el primero de los Episodios Nacionales de Galdós.

En 1805, durante la Guerras Napoleónicas, la flota británica del almirante Nelson (que falleció en la batalla y tiene su estatua de homenaje en la citada plaza londinense) le impuso un severo correctivo a la escuadra franco-española de Villenueve y Gravina. Ahí delante, bajo las olas, todavía quedan restos de los violentos naufragios. Sobre el mar están las playas de Zahora y Los Caños de Meca, lugares de veraneo distendido, asilvestrado, alejado del mundanal ruido (apenas hay hoteles y establecimientos), con cierto ambiente hippie (dicen que llegaron atraídos por las cuevas en la playa de Los Caños y, precisamente, por los gratuitos caños de agua dulce) que los tiempos parecen ir disolviendo. Entre los mejores chiringuitos de esa costa se encuentran La Jaima Meccarola, el Sajorami Beach o el Good Karma. En la zona también se encuentran interesantes zonas de senderismo (ahí están los pinares del Parque Natural de la Breña) y alguna playa nudista. Este es uno de los primeros faros que podría convertirse en un hotel de solo tres habitaciones y un centro de interpretación.

Torre de Hércules (Galicia)

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La Torre de Hércules, en A Coruña. / Genaro Díaz/AGE

El mítico rey celta Breogán construyó la ciudad de Brigantia, donde ahora está A Coruña, y en Brigantia una alta torre desde la que decían que se podían ver hasta las costas de Irlanda, a más de 900 kilómetros. Sus hijos conquistaron la verde Erín con apenas mil hombres. Y hasta ahí la leyenda: lo que permanece hoy en A Coruña es la Torre de Hércules, que no tiene origen celta, sino romano. Este macizo faro, de 57 metros de altura y construido en el siglo I, tiene el privilegio de ser el único de origen romano que queda en el mundo, el más antiguo en funcionamiento y patrimonio mundial de la Unesco.

Otra leyenda cuenta que, en el lugar donde se emplaza el faro, el héroe Hércules enterró la cabeza del monstruoso gigante Gerión, que tenía tres cuerpos. En los alrededores se puede visitar un parque escultórico en donde que se encuentran, cómo no, estatuas dedicadas a Breogán o al combate entre Hércules y Gerión. Otras atracciones son los petroglifos prehistóricos o los antiguos baluartes defensivos que defendieron la plaza, en diferentes momentos históricos, de las invasiones normandas o de piratas como Francis Drake. A la espalda, la ciudad entera de A Coruña.

Faro del cabo de Gata (Almería)

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Faro del Cabo de Gata, en Almería. / Beniamino Pisati/Corbis

El punto donde la costa española pega un giro para mirar al Sur en vez de al Este es el cabo de Gata, una esquina peninsular que ha sido punto de referencia marítimo desde tiempos de los romanos y los fenicios. El faro, que solo mide 18 metros pero que se asoma a un acantilado de 50, se construyó en tiempos más recientes, en 1863, sobre las ruinas de un castillo defensivo, para alertar de la proximidad de la Laja del Cabo, un peligroso arrecife a 800 metros de la costa que ha causado numerosos naufragios a lo largo de la historia. En torno al faro se despliega el agreste Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, con su paisaje entre desértico y marciano (no en vano es uno de los lugares más áridos de Europa) poblado por 1.000 especies vegetales y 250 marinas.

Hasta aquí vino John Lennon a filmar una película, entre medias escribió Strawberry fields forever. En aquel viaje del malogrado beatle de las gafas redondas se inspiró David Trueba para rodar Vivir es fácil con los ojos cerrados, en la misma zona. Al lado del faro se encuentra el mirador de las Sirenas desde donde, además de otro arrecife, resto de una antigua chimenea volcánica, se avistaban mitológicas sirenas que, probablemente, eran focas monje ya desaparecidas del entorno. Cerca están la playa del Corralete y la Cala Rajá, de acceso complicado. A un buen trecho, pero aún dentro del parque natural, se encuentra un hito de la historia universal de la infamia ecológica: el hotel del Algarrobico, que duerme el sueño del tiempo sin terminar (también sin demoler) y convertido en uno de los mayores escándalos urbanísticos del país.

Faro de Chipiona (Cádiz)

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Faro de Chipiona, en Cádiz. / J.D. Dallet/AGE

Chipiona ha dado a España a “la más grande”, la fallecida coplera Rocío Jurado, y también al más grande, el faro más alto del país, con sus 64 metros señalando el cielo. Además, es el tercero más alto de Europa y el quinto del mundo. Construido en 1867 por el ingeniero catalán Josep Font, su función es señalar a los navegantes la entrada al estuario del Guadalquivir, a la sazón el único río navegable de España. Es decir, la puerta por la que se entra a Sevilla sin salir del mar. Además, es uno de los 20 faros aeromarítimos que hay en España: igual que guía a los barcos también es un punto de referencia para los aviones.

La ciudad le dedica una ruta turística a la Jurado, hay un Museo del Moscatel, dedicado a la historia y la cultura del vino, el centro de interpretación Cádiz y el Nuevo mundo, que ahonda en los tiempos del “descubrimiento” de América y su relación con la provincia gaditana. Otro aspecto interesante son los corrales de los pescadores, probablemente vestigio de la época árabe y consistentes recintos de piedra que los peces frecuentan con marea alta y en los que se quedan atrapados cuando baja la marea. En Chipiona hay varios con nombre propio: Canaleta del Diablo, La Longuera, Cabito, etc, que se distribuyen por las diferentes playas de la localidad: playa del Muelle, Canteras, Tres piedras, Cruz del mar, etc. Si uno tiene el valor de subir sus 322 escalones del faro, puede inscribirse en una visita guiada en la Oficina de Turismo de la localidad: a cambio se puede conocer la historia y aspectos técnicos del faro y dominar una impresionante vista del estuario.

Faro de Formentor (Mallorca)

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Faro de Formentor (Mallorca, Islas Baleares). / Hans-Peter Merten/Corbis

Con cierto aire a película de fantasía de capa y espada, en el extremo de la península del Formentor, se alza uno de los faros con entorno más prodigioso: un paisaje de grandes acantilados y violentas montañas rocosas que se adentran en el mar. El faro mide 56 metros, pero a su vez se aúpa en un promontorio (formentor viene de la palabra latina para promontorio) de 188 metros sobre la superficie del agua, lo que multiplica la panorámica.

El faro funciona desde 1863, después de un complicado proceso de construcción, dado lo dificultoso del terreno. A día de hoy todavía se llega tras recorrer un larga y serpenteante carretera, frecuentada por cabras salvajes, como si, en efecto, fuéramos al finis terrae. En la zona se pueden hacer diversas zonas de senderismo o visitar la cercana y popular playa de Formentor. Estas tierras están también vinculadas a la literatura desde hace tiempo: en 1959, Camilo José Cela comenzó a celebrar encuentros literarios en el cercano Hotel Formentor, por los que pasaron Blas de Otero, José Hierro, Carlos Fuentes, José Saramago, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, entre muchos otros. En la cercana Pollensa descansaban Winston Churchill, Agatha Christie o Peter Ustinov. Y mantienen una de las dos Cajas de Ahorros que quedan en España, Caixa Pollença.

Faro de Creus (Gerona)

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Faro de Creus, en Gerona. / Isabel Talleda Guerrero/Getty

En el Lejano Oriente español, donde los Pirineos se topan con el Mediterráneo, está el cabo de Creus, el punto más al este de la península. Allí permanece su solitario faro, construido en 1853 y eternamente azotado por la Tramontana. El hermoso paisaje geológico de aspecto lunar fue inspiración para artistas como Josep Pla o Salvador Dalí (no muy lejos está el pueblo pesquero de Cadaqués, refugio veraniego del surrealista y donde ahora se encuentra su Casa Museo). El cabo es Parque Natural desde 1998 y es, probablemente, la zona deshabitada más grande de la costa mediterránea española, azotada por la especulación urbanística. En la zona se rodó parte de la película La luz del fin del mundo, inspirada en la novela de Julio Verne, dirigida por Kevin Billington y protagonizada por Charlton Heston y Yul Brynner: se trataba de recrear un trasunto del peligroso Cabo de Hornos, en el extremo sur del continente americano, donde colisionan el Atlántico y el Pacífico.

Faro de Torre de la Higuera (Huelva)

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Faro de Torre de la Higuera, en la playa de Matalascañas (Huelva). / Allan Baxter/Getty

Construido en los años 90, este es quizás uno de los faros más raros: en vez de ser cilíndrico tiene forma de prisma triangular. Está en la playa de Matalascañas, dentro del Parque Nacional de Doñana, y toma su nombre de una torre de almenara construida en el siglo XVI, en tiempo de Felipe II, para la defensa de la costa (fue derrumbada por el tsunami causado por el terremoto de Lisboa en 1755). Con 23 metros de altura, la función del faro es iluminar el trecho que va de Huelva a la desembocadura del Guadalquivir. El senderismo costero (e incluso los paseos en dromedario) se puede hacer por al Parque Dunar de Doñana, en las 150 hectáreas de pino piñonero frecuentado por lagartijas, urracas, tejones, verdecillos o jilgueros. Cerca, el Mirador de Doñana, que da magníficas vistas a la playa y el propio parque. El Museo del Mundo Marino, que explicaba la vida marina y terrestre del Golfo de Cádiz, permanece cerrado.

Faro de Peñíscola (Castellón)

Peñíscola. © Proporcionado por Prisa Noticias Peñíscola. ampliar foto

El faro de Peñíscola, junto al Castillo del Papa Luna (Castellón). / Ivern Photo/Age

Peñíscola es uno de los pueblos más bonitos de España y tiene un bonito faro, aunque solo mida 11 metros de altura. Fue inaugurado en 1899, tiene planta octogonal, está adosado a otro edificio de dos plantas y aparece en la película Calabuch, que fue rodada por Berlanga íntegramente en esta población utilizando figurantes locales. Más recientemente, el rodaje de parte de Juego de Tronos revolucionó el pueblo, que también ha conocido otros ajetreos históricos. El faro está muy cerca del Castillo del Papa Luna (la celebérrima serie se rodó en sus jardines) que ocupa el peñón que domina la ciudad, a 64 metros sobre el nivel del mar. Este castillo fue edificado por los templarios sobre la anterior alcazaba árabe en torno al año 1300.

Del Papa Luna, Benedicto XIII, que se negó a dejar su pontificado ante sus adversarios durante un cisma (hoy es considerado un antipapa) viene la expresión “mantenerse en sus trece”. Otra curiosidad de este hermoso pueblo de trazado medieval, con su playa, con su puerto, con sus murallas, con su casco antiguo, es su bufador (fumarola, en castellano): una brecha entre las rocas, en plena ciudad, por el que el mar produce bufidos en incluso chorros violentos de agua marina los días de temporal. Alrededor hay terrazas donde uno puede tomarse algo si el bufador no bufa demasiado. 

Faro de Cabo Mayor (Cantabria)

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El faro de Cabo Mayor, en Cantabria. / Josep Curto/AGE

Dentro de este faro hay un centro de arte: el Centro de Arte Cabo Mayor, que recoge la colección de los artistas Eduardo Sanz e Isabel Villar, especializada en la temática marinera y una nutrida colección de curiosos objetos relacionados con el mundo de los faros y los fareros: carteles, calendarios, latas de conserva, sacapuntas, camisetas o recortables. El faro, de 30 metros de altura (sobre un promontorio que eleva la luz hasta los 91 sobre el mar), fue construido en 1839, presidiendo la bahía de Santander, para potenciar la actividad del este puerto. Es la luz más importante de la costa cántabra. El área del Cabo Mayor y el Cabo Menor, que cae a las afueras de Santander, ha acogido diferentes actividades: hipódromos, campings, parques públicos, campos de golf, etcétera.

Faro de Maspalomas (Gran Canaria)

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El faro de Maspalomas, en Gran Canarias. / Christoph Mohr/Getty

Construido en 1890 por el ingeniero Juan León y Castillo, mide 55 metros y tiene adosada una vivienda inspirada en la arquitectura del patio canario aunque acabada de forma más ecléctica. Se enclava en la Punta de Maspalomas, al final de la popular playa del mismo nombre, una de las zonas más turísticas de las islas Canarias (abunda el turismo LGTB y tiene sus propias jornadas del Orgullo Gay), donde también se encuentra la playa del Inglés. Cerca están la Charcha y las Dunas de Maspalomas, espacios naturales protegidos de donde se puede avistar numerosos ejemplares de lagarto gigante de Gran Canaria (sobre todo cerca de la zona húmeda conocida como el Oasis), además de muchas otras especies de aves como garzas, flamencos o estorninos.

En el mismo municipio, San Bartolomé de Tirajana, está el Centro Espacial de Canarias, un centro de seguimiento de satélites gestionado por el Instituto Nacional de Técnica Aeroespecial (INTA) que ha participado en importantes misiones espaciales como el programa Apollo o Skylab. Curiosamente, mutatis mutandis, no deja de ser algo así un faro, pero un faro para satélites espacio exterior.

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