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Dubái, entre las Torres de Viento y la Torre Jalifa

09/05/2014 Marta Pérez Cruzado
El casco antiguo de Dubái resurge como un símbolo en contrastre con la moderna y futurista ciudad: Photo © EFE Photo

Dubái no son solo los edificios prominentes y futuristas que integran su reciente entramado urbano, también tiene una historia. La zona de Al Fahidi, punto originario de la capital, resurge como símbolo de una ciudad que se ha empeñado en recuperar su casco antiguo.

A seis años de la celebración de la Exposición Universal de 2020, construcciones como la Torre Jalifa o el archipiélago artificial de Palm Jumeirah, en las que han participado los más afamados arquitectos, conviven con un centro histórico que alberga otro tipo de edificaciones insólitas: las Torres de Viento.

El distrito histórico aflora en la desembocadura del Creek, justo frente a Al Ras, la bulliciosa zona de los zocos donde a todas horas resuena con fuerza desde los alminares de los cientos de mezquitas la voz del almuecín.

Su reserva residencial es Al Bastakiya, donde las conocidas como Torres de Viento se elevan sobre un paisaje presidido por el Fuerte, el edificio más viejo de la ciudad.

En las calles de Al Bastakiya, que datan de finales del siglo XVII y son de color ocre, las casas están hechas con barro y presentan ventanas de madera y celosías árabes que muestran cómo era la arquitectura cuando la ciudad comenzó a tomar vida entre el desierto y las aguas cálidas del Golfo Arábigo.

Sus robustas paredes servían para proteger la privacidad de las familias ricas y se erigieron en el santo y seña de la ciudad.
A su lado se levantan las Torres de Viento, pasado remoto de los actuales aparatos de aire acondicionado, sin los que hoy resulta imposible vivir en Dubái.

Eran los edificios más representativos y cumplían con el objetivo de mantener bajas las temperaturas, fundamentalmente en almacenes y en los grandes espacios donde se acomodaban los trabajadores.

El mecanismo es muy sencillo: atrapan el viento a una determinada altura y lo canalizan hacia el interior del edificio para hacer frente a los cerca de 50 grados que en no pocas ocasiones se alcanzan en la ciudad.

Pasear por Al Bastakiya permite rememorar la época en la que los mercaderes persas establecieron allí sus negocios y surcaban el cauce del río en embarcaciones tradicionales, rodeados de una gran calma. Solo después llegó el descubrimiento del petróleo y el consecuente cambio demográfico para los distintos barrios.

La revolución urbanística comenzó a tomar forma, y también alcanzó a Al Bastakiya, que vio como parte de su fisonomía era víctima de las piquetas. Aún así, logró sobrevivir y rebrotar poco a poco entre un mar de rascacielos.

Al Bastakiya se ha transformado en los últimos años en el gran centro cultural e intelectual de la capital dubaití.

Las antiguas "majlis", casas donde se reunían los vecinos, han sido renovadas para dar cabida a lugares como el Hotel XVA, joya histórica de la ciudad y uno de los espacios líderes de Oriente Medio dedicados al arte contemporáneo del mundo árabe.

Su programa de exposiciones incluye obras de artistas emergentes con prometedoras trayectorias que dan forma a propuestas reflexivas y provocadoras, como la del grafitero español Rubén Sánchez, que ha plasmado en uno de los muros del barrio una vanguardista composición con su particular sello.

Las "majlis" también cumplen hoy con su función primigenia y son centro de reunión de ciudadanos locales que invitan a los extranjeros a aproximarse a su cultura de forma directa.

Entre arroces, pescados, tes, cafés y "shishas" uno de los miembros de la comunidad, Abdul Rahman Bastaki, cuenta que son "una pandilla de amigos" que se conocen desde que eran pequeños y que se reúnen en Al Bastakiya "desde siempre".

Los jueves por la noche celebran fiestas a las que llegan a acudir cientos de personas. "Es una manera especial de dar a conocer cómo es en realidad la gente tradicional de Dubái y de adentrarse en las costumbres y el pensamiento de nuestro pueblo; algo muy enriquecedor", puntualiza.

Todo en estas veladas es gratuito. Ni cobran ni piden dinero ya que estas actividades se encuentran financiadas directamente por el jeque de Dubái Mohamed bin Rashid Al Maktum.

Visitantes ilustres no les faltan: el antiguo presidente de EE.UU. George Bush y el ex primer ministro británico Tony Blair ya se han visto atrapados por las Torres de Viento.

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